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Bauman: derretimiento existencial
El famoso calentamiento global ha traído repercusiones terribles, de proporciones catastróficas. Hay, por fortuna, una buena cantidad de teóricos, científicos y hasta grupos promovidos por organismos internacionales que nos alertan del asunto y hacen esfuerzos por evitar que siga adelante el deterioro de la naturaleza. Pero sólo algunos nos dicen que esa destrucción ocurre en las relaciones personales. Uno de ellos, el más enfático, es Zygmunt Bauman, quien ha realizado varios trabajos al respecto. Anteriormente (2006) comentamos Amor líquido (FCE). Hoy tenemos dos obras imprescindibles para darnos cuenta de lo efímero de la condición humana. Ellas son: Vida líquida y Miedo líquido (ambas en Paidós). En esta ocasión abordaremos el primero, esperando el momento para escribir acerca del segundo, pues si bien ambos se conjugan no obstante las diferentes perspectivas, los dos son de tal riqueza que vale la pena dedicarles espacio y tiempo a cada uno. “La vida líquida —se dice— es una vida devoradora. Asigna al mundo, a las personas y a todos los demás fragmentos animados e inanimados, el papel de objetos de consumo, es decir, de objetos que pierden su utilidad (y, por consiguiente, su lustre, atracción, poder seductivo y valor) en el transcurso mismo del acto de ser usados”. Grave situación, pues lo transitorio es la constante, lo perdurable casi ha desaparecido, el cambio, muchas veces sin sentido, es lo que prevalece; la eternidad es metáfora en canciones, la obra es un objeto de intercambio o de simple mercancía que se encarece para embodegarse. Anota el teórico: “La sociedad de consumo no puede ser más que una sociedad de exceso y derroche (y, por tanto, llena de superficialidad y pródiga en gasto)”. Hay, necesariamente, que erogar cuanto se pueda, lo más rápido posible, ya que nada tendrá sentido y futuro. Esto lo sabemos en los casos individuales. Pero incluso en los grandes conglomerados la situación no es de jauja en largos periodos. Las fusiones y bancarrotas de las empresas automotrices, de la informática e incluso las crediticias muestran que el lugar de muchas no será duradero, más bien están en la zozobra constante. Lo más grave de esta licuefacción de todo es para los jóvenes. Su inserción en el mercado de trabajo se da de la forma más desventajosa (sin prestaciones, temporalmente, en competencia peor que en una lucha sin cuartel y frecuentemente al llegar a cierta posición, el crack —seguramente por eso se llama así una de las drogas más perniciosas de la actualidad— económico los llevará a quedarse sin nada. Zygmunt, en el capítulo quinto, “Consumidores…” nos plantea: “La yihad (vitalicia e imposible de ganar) por la forma física corporal reformula el mundo exterior al cuerpo concibiéndolo como escenario de peligros formidables y aterradores, indescriptibles y, básicamente, incognoscibles”. Pero tal vez, creo, desgraciadamente, atractiva por la purificación aparente. Hay innumerables ejemplos de cómo en cine y arte se muestra esa vida líquida. Entre ellos está uno de Bernard Shaw, quien recomendaba a los creadores ser como los bacalaos, producir miles de huevos (obras) para que acaso uno sobreviviera (pag. 82). Difíciles, complicados tiempos que sólo yendo a fondo en su análisis se podrán superar. Algo que aproxima Bauman. jamelendez@prodigy.net.mx jamelendez44@gmail.com
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