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G-3 y G-5: guerra sucia
En la reforma constitucional y en la del Cofipe, los partidos pequeños verán reducidas sus ganancias políticas PAN, PRD y PRI quieren dejar de ser rehenes de los chicos, que les cuestan dinero y posiciones en el Congreso En el discurso público, ante cámaras y micrófonos, en la tribuna legislativa, diputados y senadores de todos los partidos se dicen defensores de las libertades básicas y de la democracia; que su “alta responsabilidad” está al servicio de los intereses y demandas de los mandantes, los electores, a quienes no sólo deben el cargo sino que pagan sus jugosos salarios y hasta sus caprichos, como las viandas de carne de búfalo. Así, cuando se trata de temas como el de las reformas al Cofipe —ley reglamentaria del articulado constitucional en materia electoral—, diputados como los que se agrupan en el G-5 —bloque legislativo que reúne a PVEM, PT, Convergencia, Alternativa y Panal— argumentan derechos y libertades, principios democráticos y hasta una maniobra “perversa” de su contraparte, el poderoso G-3 —que agrupa a PAN, PRD y PRI—, que de plano ha ignorado a los llamados “partidos emergentes”, a la “chiquillería”. Y si nos atenemos a la peculiar guerra discursiva que aparece en los medios a partir del choque entre el G-3 y el G-5, pareciera que en efecto se libran titánicas batallas por la democracia, por la defensa de libertades y derechos básicos, cuando en el fondo la realidad es muy distinta. Y es que más allá de los discursos públicos grandilocuentes y con envoltura para regalo, lo cierto es que se vive una feroz “guerra sucia” en la que los peces gordos del G-3 se quieren tragar a los charalitos del G-5. ¿Qué desató el choque entre los tres grandes y la chiquillería? Se trata de un conjunto de decisiones políticas que desde la reforma constitucional en materia electoral y en la discusión de las reformas al Cofipe han aprobado y pretenden aprobar los integrantes del G-3, para reducir el margen de acción política, el monto de las prerrogativas y la presencia de los partidos pequeños, con el argumento real, pero tramposo, de que son rémoras del sistema de partidos, que viven de los partidos grandes y que se han convertido en groseras empresas familiares que devienen en grandes fortunas familiares. La argumentación es real, pero se expresa de manera tramposa, porque sólo corresponde a los electores dejarlos fuera, mantenerlos con el registro o, incluso, hacerlos crecer. En términos generales, tanto en la reforma constitucional como en la del Cofipe, los partidos pequeños verán reducidas sus ganancias políticas en el acceso a medios de comunicación, en su participación para elegir al nuevo Consejo General del IFE, en prerrogativas y, la gota que derramó el vaso, en sus prebendas en el régimen de competencia. Es decir, en la posibilidad de acordar coaliciones como las que se han llevado a cabo en las recientes elecciones y que dieron lugar, por ejemplo, al Frente Amplio Progresista. Los integrantes del G-5 “saltaron” y pusieron el grito en el cielo cuando confirmaron que en el Cofipe, PAN, PRD y PRI pretenden acabar con las coaliciones y regresar al régimen de candidaturas comunes. ¿Qué quiere decir eso? Que de aprobarse esa reforma en el Código Federal, ya no podrán aparecer coaliciones como las que impulsaron las candidaturas de AMLO y de Roberto Madrazo en 2006 —la primera integrada por PRD, PT y Convergencia, y la segunda por PRI y PVEM—, sino que un mismo candidato aparecería en el logotipo de tantos partidos como lo impulsen a un cargo de elección popular. ¿Y qué se gana o se pierde con eso? La ganancia para los partidos grandes sería sustancial, en tanto que la pérdida para los pequeños podría ser el desastre. Un ejemplo. Con la ley vigente, cuando se establece una coalición para una elección federal o de gobierno estatal, el partido mayoritario firma un convenio en el cual tasa un porcentaje de votos y, por consecuencia, en diputados, a favor del partido pequeño con el que se coliga —porcentaje y lugares en el Congreso que determinan las prerrogativas para el partido pequeño—, todo esto de manera independiente a los votos reales que obtenga el partido chico, y a los diputados que por esa votación se hiciera acreedor. Con la propuesta de nueva ley, a los partidos chicos sólo se les reconocerá su votación real, para efectos de prerrogativas y para alcanzar diputados plurinominales. Es decir, pierden el sobreprecio en que suelen tasar sus alianzas, en tanto que los partidos grandes consiguen más votos, más diputados y más dinero. La anterior es la parte técnica, porque también existe un trasfondo político. Resulta que el G-3 tiene la intención de consolidar el tripartidismo existente, dejar de ser rehén de los partidos chicos, que le cuestan dinero y posiciones en el Congreso. Para ello requiere eliminar la figura de coaliciones y regresar a la de candidaturas comunes. Pero en lo más profundo del asunto existe una maniobra de mayor calado y que tiene un destinatario bien identificado por todos a partir de la elección presidencial de julio de 2006. En efecto, ese destinatario se llama Andrés Manuel López Obrador. A nadie debe extrañar que PAN y PRI estén preocupados por el tabasqueño. La pregunta es otra: ¿también un sector del PRD quiere acabar con la figura del Frente Amplio Progresista? Al amparo de la ley vigente, los partidos pueden trabajar juntos en figuras como el FAP y mantenerla en tiempos electorales. Con la reforma, de aprobarse, en tiempos electorales no podrían hacer una coalición, lo que le resta a esa figura toda su eficacia. La otra pregunta no es menor: ¿Por qué el PRD quiere acabar con la posibilidad de una coalición con el PT y Convergencia en tiempos electorales? La respuesta que parece abarcar a los tres, PAN, PRD y PRI, es que ese bloque que conocemos como G-3 no quiere repetir la experiencia de 2006. Con todo lo que eso significa. Y tiene razón la chiquillería. Se está violando la Ley para la Reforma del Estado, las reformas al Cofipe llevan una fuerte dosis de perversión, no sólo contra el G-5 sino en general contra los ciudadanos, pero también es cierto que los partidos pequeños sólo ven su supervivencia. Lo demás no es más que eso, demagogia para alimento mediático. aleman2@prodigy.net.mx
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