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Reversa de Calderón en privatización de Pemex
Un mes después de lanzar un globo sonda al Congreso sobre la privatización de varias áreas estratégicas de Petróleos Mexicanos, el presidente Felipe Calderón parece recular en su intención. La iniciativa que tenían en Los Pinos nunca se presentó formalmente al Senado, y los panistas han dicho con toda claridad en el interior de la Comisión de Energía que ellos no presentarán ningún proyecto de ley o de reforma que modifique el estatus constitucional de la principal empresa paraestatal del país.
Dos razones hay detrás de la decisión presidencial de dar marcha atrás, por el momento, a un tema que de inmediato levantó ámpula y generó reacciones. La primera es que Calderón no encontró eco a su propuesta privatizadora ni en su propio partido, y tampoco en su principal aliado en el Congreso: el PRI. Los priístas no sólo están hechos bolas con un tema que los divide y que está contenido en sus documentos básicos, sino que su fracción en el Senado ni siquiera ha logrado ponerse de acuerdo y no tienen posición definida sobre el tema.
La segunda razón que hizo que el presidente y el PAN optaran por “posponer” el lanzamiento de su osada propuesta de privatizar áreas de Pemex se llama Andrés Manuel López Obrador. La rapidez con que el tabasqueño levantó la bandera “por la defensa del sector energético” y las posibilidades de resurgimiento y reposicionamiento que el tema le daría a AMLO con miras al 2012, fue el principal cálculo en Los Pinos para que el Presidente retrocediera en un camino que sí había empezado a andar.
Porque aunque no se conoce ninguna iniciativa formal, la intención de Calderón de abrir la inversión privada en áreas como la exploración, extracción y refinación de Petróleo y sus derivados era tan real como la plática que el titular del Ejecutivo tuvo a mediados de octubre con el senador Francisco Labastida Ochoa.
En la primera quincena de octubre, confirman fuentes de la casa presidencial, Labastida fue recibido por el presidente. Originalmente Calderón buscó a Manlio Fabio Beltrones, pero el astuto sonorense, enterado del tema espinoso que Calderón quería tratar, le cedió el balón a Labastida y éste acudió presto a la audiencia en la que, abiertamente y sin tapujos, el presidente habló de sus intenciones de promover la apertura al capital privado en áreas que hoy están reservadas al Estado.
Hubo en aquella conversación una pregunta abierta del Presidente sobre cómo vería el PRI una propuesta de reforma constitucional en el sector petrolero y energético. La respuesta del senador Labastida fue que no estaba seguro de que los priístas apoyaran algo así, aunque ofreció consultarlo. Sin embargo, lo que sí planteó el ex candidato presidencial a Calderón fue una interrogante que dejó pensando al inquilino de Los Pinos: ¿Han calculado el efecto que tendría lanzar una propuesta así y si no sería regalarle una bandera a Andrés Manuel López Obrador, con la que después no podrían pararlo camino al 2012?
El efecto de aquella interrogante se reflejó unas semanas después. En la última reunión de la Comisión de Energía del Senado, los integrantes del PAN fijaron su posición definitiva sobre el tema: “Nosotros no vamos a presentar ninguna iniciativa sobre Pemex. Si quieren, seguimos hablando el tema y si otro partido tiene algún proyecto, que lo presente y lo discutimos, pero nosotros no tenemos nada”, dijo un senador del blanquiazul.
A partir de esa definición del PAN el tema se despresurizó. Labastida hizo consultas en el interior de la bancada del PRI, pero el panorama que encontró fue desolador: en una reunión a la que se convocó a todos los senadores priístas, el 7 de noviembre pasado, apenas asistió la mitad de legisladores. Se les avisó que la intención era discutir el tema de Petróleos Mexicanos y avanzar en una posición de su partido ante una eventual propuesta de Calderón. O no hubo interés o los priístas andaban ocupados en otros asuntos, pero desairaron la reunión.
Los únicos que se movilizaron en el PRI fueron los sectores más duros sobre el tema. El ex senador Manuel Bartlett y un foro de ex legisladores priístas se reunieron varias veces y trazaron una estrategia de “defensa del sector energético” —parecida por cierto a la de López Obrador— y en aquellas reuniones se llegó a acusar a los senadores Labastida y Beltrones de estar “pactando y coqueteando” con la propuesta privatizadora de Calderón.
Más allá de eso, el tema tampoco ha sido resuelto por el PRI. Los perredistas, en cambio, armaron rápidamente su respuesta al intento calderonista. Con López Obrador a la cabeza, los senadores del PRD diseñaron un esquema que, según dicen, permitiría resolver el problema de la construcción de al menos dos nuevas plantas refinadoras de petróleo que, en el corto plazo, harían que el país dejara de gastar los más de 6 mil millones de pesos en la importación de gasolina que, según el reporte Estadísticas operativas, desembolsó Pemex de enero a septiembre del presente año.
El uso etiquetado de los excedentes petroleros que el gobierno recibirá en el 2008 por los elevados precios del crudo y su total reinversión en Pemex es la parte central del planteamiento perredista que encabezó López Obrador y que lanzó en el mitin del domingo 18 de noviembre, donde sus seguidores más radicales, con su irrupción violenta en la Catedral, le mataron totalmente la nota y le robaron los reflectores.
Aunque oficialmente no lo dirán, la decisión de Los Pinos de posponer el debate y la presentación de una iniciativa de privatización de áreas de Pemex es clara: se percataron del “enorme caramelo” que le darían a López Obrador y de lo listo que estaba para saborearlo, y decidieron enfriar el tema.
En el Senado el acuerdo ahora es ir revisando “pequeños temas” sobre una eventual reforma energética y buscar acuerdos sobre las coincidencias que tienen las distintas bancadas, sin entrar al esquema privatizador que sí tuvo contemplado unas semanas atrás el presidente. Parece que Calderón atendió el consejo priísta.
NOTAS INDISCRETAS... Tal vez a Francisco Ramírez Acuña no se le vea mucho operando políticamente en el Congreso, donde algunos partidos no quieren hablar con él; pero donde sí opera el secretario de Gobernación es en su natal Jalisco. Cuentan por allá que el gobernador Emilio González Márquez está que trina porque en el Congreso local el líder de la mayoría panista, Jorge Salinas, le pone piedras en el camino y aun siendo de su propio partido le ha frenado varias propuestas legislativas. A este Salinas, dicen en el despacho del gobernador, lo mueve Ramírez Acuña, y eso le da al asunto cariz de un enfrentamiento y división en los dos grupos que se disputan al PAN jalisciense... Los dados mandaron Escalera. Bien inicia la semana.
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