|
La palabra feminicidio es relativamente nueva en nuestro vocabulario. Han tenido que pasar años antes de emplearla con su verdadero significado. Es hasta ahora que se reconoce al término como el asesinato de mujeres, por hombres, por el simple hecho de ser mujeres. Hoy que se conmemora el Día Internacional de Lucha Contra la Violencia hacia las Mujeres, es necesario recordar que precisamente por eso, por su condición de mujeres, sufren una serie de limitaciones laborales, económicas, hasta llegar a la muerte. Hoy se habla de al feminización de la pobreza, de la feminización de la pandemia del VIH y lamentablemente de todas las muertes de mujeres a manos de sus cónyuges o parejas sentimentales, y también por aquellos que las ven como objetos de uso y que valoran muy poco sus vidas. Aquí en nuestro país, la palabra feminicidios se empezó a utilizar con la aparición de los dolorosos crímenes contra las mujeres de Ciudad Juárez. Estos llamaron la atención del mundo entero por el elevado número de homicidios, por la violencia con que algunos fueron perpetrados, pero sobre todo, por su impunidad. En febrero de este año, el editorial de EL UNIVERSAL hablaba de que “la Fiscalía Especial para la atención de delitos relacionados con los feminicidios en Ciudad Juárez costó 32 millones de pesos durante su operación y no logró consignar a un solo responsable”. “Clasificó casos, dice, detectó constantes, e identificó hasta funcionarios responsables de negligencia, pero no pudo hacer que ningún culpable pagara su crimen”. Se van a cumplir casi 15 años de la violencia ejercida de manera constante contra las mujeres en esta zona fronteriza del país y no se puede hablar de justicia. Se ha empleado una serie de términos y clasificaciones para justificar la impunidad: que si fueron “crímenes pasionales”, como si en nombre del amor te pudieran matar; que si “eran chicas que se lo buscaron”, nadie va en busca de la muerte cuando sale a bailar o a divertirse después de largas jornadas en una maquiladora; “que si eran chicas provocadoras”, que si… que si. Con muchos pretextos se ha querido ocultar la incapacidad de gobernadores y otras autoridades para hacer justicia en Ciudad Juárez. Publicaciones especializadas El año pasado, la Cámara de Diputados, la Comisión especial para conocer y dar seguimiento a las investigaciones relacionadas con los feminicidios en la República Mexicana y a la procuración de justicia vinculada, y el Centro de investigaciones interdisciplinarias en ciencia y humanidades de la UNAM, publicaron un par de libros interesantes: Feminicidio: una perspectiva global y Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres. El primero es de Diana E. Russell y Roberta A. Harmes y el segundo de Diana E. Russel y Hill Radford. En ambos títulos, el tema son las mujeres y la violencia mortal que las ha acechado desde hace cientos de años. Diana E. Russel en uno de sus artículos señala: “El feminicidio se encuentra en un continuo de aterrorizamiento sexista a mujeres y jovencitas. Violación, tortura, mutilación, esclavitud sexual, abuso sexual infantil incestuoso y extrafamiliar, maltrato físico y emocional, y casos serios de acoso sexual se encuentran también en este rango. Siempre que estas formas de terrorismo sexual desembocan en la muerte, se convierte en feminicidios”. Russel está especialmente interesada en señalar que estas muertes son realizadas por hombres que matan a las mujeres por eso, por ser mujeres. Que llevan a un extremo su desprecio y odio hacia ellas, que las violentan y torturan cometiendo incluso actos masivos como los de Bosnia Herzegovina, o como en el caso del Asesino de Green River en Seattle, Washington que lo llevó a matar a poco más de 50 mujeres. Si hacemos un poco de historia, los asesinatos seriales y muchos crímenes de guerra basan su violencia en el desprecio hacia las mujeres, de allí que se inscriban también en el término, crímenes de odio. Allí aparecen otros delitos: los homofóbicos, cuando matan por el rechazo a la orientación sexual; o los raciales, por no aceptar el origen étnico o racial de las personas. En el primero libro antes mencionado, la doctora en antropología, Marcela Lagarde, explica por qué tradujo el término inglés femicide como feminicidio. “En español, feminicidio puede ser sólo interpretado como el término femenino de homicidio; es decir, como un concepto que especifica el sexo de las víctimas. Mi intención fue aclarar, desde el término mismo, que no se trata sólo de la descripción de crímenes que cometen homicidas contra niñas y mujeres, sino de la construcción social de estos crímenes de odio, culminación de la violencia de género contra las mujeres, así como de la impunidad que los configura”. Si bien el término feminicidio se usa desde hace dos siglos, no es sino hasta ahora que cobra una fuerza y un significado más preciso. Hoy la gran mayoría de las personas sabe, o empieza a entender, que la palabra identifica a quienes son asesinadas por ser mujeres. Y con este enfoque es que desde hace unos meses se hizo una propuesta en Chihuahua para tipificar como delito al feminicidio. Resulta paradójico, pero en ese estado que ha perdido a muchas de sus mujeres por violencia, no existe el delito de feminicidio. Sería un gran avance esta propuesta planteada por la diputada panista Victoria Chavira Rodríguez, pero planteada previamente por la organización civil Justicia para Nuestra Hijas, que reúne a varias familias sobrevivientes de los crímenes en Juárez. El término acoso sexual, recuerda usted, no se usaba de manera cotidiana, hasta que el movimiento de mujeres empezó a darle forma legal. Hoy puede hablarse de ese delito y no fue precisamente porque el término surgiera de manera espontánea, fueron necesarios muchos años para que hoy formara parte de los delitos contra las mujeres. Algo semejante sucede con el feminicidio, hay que identificarlo, hacerlo visible y manifiesto con todas sus características, hay que nombrarlo y finalmente llevarlo hasta nuestras leyes. Cerraré esta colaboración con un par de frases célebres planteadas por hombres que mataron a mujeres. “Las mujeres que maté eran sucias prostitutas bastardas que estaban ensuciando las calles. Sólo estaba limpiando el lugar un poco”, Peter Sutcliffe, El Destripador de Yorkshire. “Nosotros los sadistas no consideramos que nuestras víctimas sean auténticamente humanas. Ted nunca pensó en las mujeres que mató como personas, sino sólo como objetos. Yo hice lo mismo y encontré una excelente forma de evitar cualquier sentimiento humano por ellas”. Gerard John Shaefer. patricia.kelly@eluniversal.com.mx
|