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Ricardo Rocha
22 de noviembre de 2007

Nuestra UNAM

Apenas este 20 de noviembre se dio el anunciado relevo en la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México: entre doctores, Juan Ramón de la Fuente ha sido relevado por José Narro Robles. Una ceremonia en la que el entrante y la comunidad universitaria en su conjunto prodigaron un efusivo reconocimiento al saliente.

Y es que el rectorado De la Fuente arribó a la Universidad en uno de sus momentos más críticos, y la entrega con un bien ganado prestigio nacional e internacional. Sus logros académicos, de investigación y difusión de la cultura son motivo de orgullo y la ubican ya entre las mejores del mundo y la primera en Iberoamérica.

Sin embargo, la tarea pendiente es todavía gigantesca. Para empezar, la nación que somos no se explica sin ella. Por eso es tan entrañablemente nuestra UNAM. Bastaría un listado de los hombres y mujeres que han emanado de su vientre común y que han influido decisoriamente en este país lo mismo en la política que en las letras, la música, la pintura, la poesía, la novela, la ciencia y la salud; igual en el cine, el teatro, la ingeniería, la arquitectura, el derecho, la administración y la comunicación.

Pero además, la UNAM ha sido escenario y protagonista de páginas imborrables de nuestra historia. Una muy cercana en ese 68 que marcó un antes y un después del México contemporáneo. Más aún, en un Estado tan disparejo e injusto como el que hemos padecido por siglos, nuestra UNAM ha sido el único espacio de encuentro posible: ahí han coincidido pobres y ricos; en sus aulas han convivido todas las ideologías; en su fundación y Rectoría han estado figuras tan notables y contrastantes como Justo Sierra, José Vasconcelos, Manuel Gómez Morín y Javier Barros Sierra. Y por si fuera poco, para millones de mexicanos nuestra UNAM ha sido la única vía de ascenso en una sociedad todavía clasista, discriminatoria y polarizada.

Por ello es sustancial la reafirmación de sus múltiples vocaciones: como “una universidad del siglo XXI, autónoma, pública, plural, laica y abierta a todos los mexicanos”, tal cual estableció José Narro Robles en su primer mensaje como rector.

Así, es indispensable que nuestra UNAM marche con trabajo e imaginación en una doble vía: al interior, con el mejoramiento incesante de sus niveles académicos desde la preparatoria hasta los doctorados en esta era del conocimiento. El énfasis mayor tiene que acentuarse en niveles académicos de excelencia de todos y cada uno de sus estudiantes. Pero todavía más, nuestra UNAM es la única posibilidad de promover e impulsar las dos grandes asignaturas pendientes en esta nación: el combate estructural a la pobreza y una gran revolución educativa.

A pesar de los avances alegados por el neoliberalismo a ultranza, vivimos en uno de los países más injustos del planeta. Cada vez menos que tienen más y cada vez más que tienen menos. Seguimos sin entender que la pobreza no es un asunto de conmiseración y subsidios, sino un pendiente de moral pública, pero también de mercado y desarrollo.

A nadie conviene que haya cada vez más pobres. Urge elevar los niveles de ingreso de las mayorías depauperadas para incorporarlas a las cadenas productivas. Urge pues la elaboración de un modelo económico a la mexicana que no sea más banquista que el Banco y más fondista que el Fondo. Que sea no sólo más justo, sino también más inteligente y verdaderamente moderno.

Y no hay instrumento, palanca o motor más poderoso del crecimiento que la educación. Por la que todavía no nos hemos atrevido a hacer la gran apuesta. Ojalá que la fecha de toma de posesión de José Narro Robles fuera premonitoria y con sus dotes de sensibilidad y liderazgo se emprendiera la gran revolución educativa que requiere nuestra historia.

Por lo pronto, compartimos su mensaje: “Mi único compromiso será con la Universidad... A la nación debemos entregar los resultados de la tarea. De una tarea en la que la convocatoria y la articulación de esfuerzos tocan al rector, pero en la que las acciones dependen mayormente del compromiso de la comunidad. Acudo a la generosidad de los universitarios... a su creatividad e inteligencia... para hacer más y hacerlo mejor en beneficio de nuestra sociedad”.

Sí, rector, también por mi raza hablará el espíritu.

ddn_rocha@hotmail.com

 
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PERFIL
 
Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas. En 1977 cubrió por dos meses la Revolución Sandinista en Nicaragua, lo que le valió el premio nacional de periodismo. Diseñó y condujo los programas "Para Gente Grande" y "En Vivo". Es co-autor de "Yo Corresponsal de Guerra" y autor de "Conversaciones para Gente Grande". En el 97 creó el concepto "Detrás de la Noticia" y en 1999, al separarse de Televisa, lo consolidó con la agencia informativa.
 
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