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Las excusas sobre el sistema de salud
Estados Unidos gasta mucho más en servicios de salud por persona que cualquier otra nación. Sin embargo, tenemos una expectativa de vida más baja que la mayoría de los demás países ricos Además, los países avanzados proporcionan seguro médico a todos sus ciudadanos; sólo en Estados Unidos un importante segmento de la población no cuenta con seguro, o el que tiene es insuficiente. Se podría pensar que estos hechos convencerían a cualquiera de que una reforma integral del sistema de salud estadounidense —que implicaría, entre otras cosas, aprender de la experiencia de otros países— es indispensable. No obstante, en lugar de eso los apologistas del status quo ofrecen un aluvión de excusas para el miserable desempeño de nuestro sistema. Por lo tanto, pensé que sería útil ofrecer un catálogo de las excusas más comúnmente escuchadas sobre el sistema de salud estadounidense, y las razones por las que no convencen. Excusa número 1: no tiene seguro; no hay problema. “Quiero decir, la gente tiene acceso a los servicios de salud en Estados Unidos”, dijo el presidente Bush hace unos meses. “Después de todo, sólo vas a una sala de emergencias”. Su ingenuidad fue objeto de burlas en muchos sectores, pero muchos apologistas del sistema de salud de Estados Unidos parecen ser casi igual de ingenuos. Nos dicen, por ejemplo, que en realidad son pocos los estadounidenses que no cuentan con seguro médico, porque algunos de ellos son inmigrantes ilegales y parte del resto tiene derecho al seguro Medicaid. Esto pasa por alto el hecho de que los 47 millones de habitantes que no cuentan con seguro médico en este país son un grupo en constante cambio, de tal forma que la experiencia de no tener seguro se extiende a un grupo mucho más amplio: de hecho, más de una de cada tres personas menores de 65 años en Estados Unidos carecieron de seguro en algún momento en 2006 o 2007. Ah, y averiguar que se está cubierto por Medicaid al acudir a una sala de emergencias no es en absoluto lo mismo que recibir servicios de salud regulares. Más allá de eso, una importante fracción de la población —aproximadamente uno de cada cuatro adultos no mayores estadounidenses, de acuerdo con una encuesta de la revista del consumidor, Consumer Reports— está insuficientemente asegurada, “con una cobertura tan exigua que a menudo pospone los cuidados médicos en razón de los costos”. Por lo tanto, la falta de seguro es de hecho un gran problema, un problema que afecta profundamente a la clase media. Excusa número 2: son las hamburguesas. Los estadounidenses no tienen un sistema de salud malo, dicen los apologistas, simplemente tienen malos hábitos. Comer en exceso y tener sexo desde la adolescencia, no el enorme gasto general de las aseguradoras médicas privadas de Estados Unidos —que gasta casi seis veces más en la administración de los servicios de salud que otros países avanzados— son la fuente de nuestros problemas. Hay algo de verdad en esta afirmación: los malos hábitos podrían explicar en parte la baja expectativa de vida de los estadounidenses. Pero la gran interrogante no es por qué tenemos una expectativa de vida menor a la de Gran Bretaña, Canadá o Francia, sino por qué gastamos mucho más en servicios de salud sin obtener mejores resultados. Y nuestro estilo de vida no es la explicación: los estudios más definitivos, como los del Instituto Global McKinsey, indican que las enfermedades asociadas con la obesidad y otros problemas relacionados con el estilo de vida juegan, cuando mucho, un papel secundario en los altos costos de los servicios de salud de Estados Unidos. Excusa número 3: 2007 es mejor que 1950. Este es un argumento que me desconcierta, pero se escucha todo el tiempo. Cuando se subraya que Estados Unidos gasta mucho más en servicios de salud que otros países pero obtiene peores resultados, los apologistas responden: “Seguro, gastamos una gran cantidad de dinero en servicios de salud, pero los cuidados médicos son mucho mejores que en 1950, así que es dinero bien gastado”. ¿Perdón? Es como si fuera a una tienda a comprar un reproductor de DVD y el vendedor le dijera que no se fije en el hecho de que sus precios son el doble de los de sus competidores, pues, después de todo, los aparatos de su tienda son mucho mejores que los de hace cinco años. Es, en otras palabras, un argumento sin ninguna lógica, y a pesar de ello economistas respetables lo dicen con toda seriedad. Excusa número 4: ¡medicina socializada! ¡Medicina socializada! Las cifras falsas sobre cáncer de próstata divulgadas por Rudy Giuliani —quien, por cierto, sigue negándose a admitir que estaban equivocadas— fueron la más reciente muestra de una larga y deshonrosa tradición de difundir historias de miedo sobre los supuestos perjuicios de los servicios de salud “manejados por el gobierno”. La realidad es que los mejores sistemas de salud extranjeros, especialmente los de Francia y Alemania, son igual de buenos o incluso mejores que el de Estados Unidos en todos los sentidos, al tiempo que cuestan mucho menos dinero. No obstante, la mejor manera de contrarrestar las campañas de miedo contra la medicina socializada, además de acabar con las falsedades (¿podrían los periodistas, por favor, dejar de decir que las afirmaciones de Rudy, que son incorrectas, son “cuestionables”?), quizá sería destacar que todo estadounidense de 65 años o más está cubierto por un programa gubernamental de seguro médico llamado Medicare. Y a los estadounidenses les gusta mucho ese programa, gracias. Ahora ya saben cómo responder a las falacias que escucharán sobre los servicios de salud. Y créanme, las escucharán una y otra y otra vez.
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