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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
14 de noviembre de 2007

Narro, de delfín a rector

La sorpresa habría sido que la Junta de Gobierno designara a otro de los universitarios

A propósito de la designación en la UNAM, la pregunta es si las guerras de poder continuarán

Al final de cuentas, luego de un proceso que se desarrolló en un ambiente contaminado con todos los vicios que caracterizaron las batallas de poder al estilo del viejo PRI —cargadas, acarreos, guerra sucia, golpes bajos, encuestas trucadas y apoyos nada claros—, la Junta de Gobierno de la UNAM designó al doctor José Narro como el nuevo rector de esa casa de estudios.

La designación de Narro Robles, quien desde hace meses era el delfín de Juan Ramón de la Fuente —el rector saliente—, es la señal más clara del continuismo en la máxima casa de estudios, y deja claro que se trató de una sucesión pactada entre los grupos de poder dentro de la universidad pública más importante del país, y que desde hace ocho años hicieron posible no sólo el fin de los conflictos que de tanto en tanto paralizaron sus actividades, una relativa estabilidad, más artificial que real y, sobre todo, el surgimiento de una casta universitaria que poco se preocupa por la calidad educativa y la excelencia.

En realidad el arribo de José Narro Robles no es ninguna novedad, ya que desde que arrancó el proceso de sucesión fueron muchas las voces que señalaron que ante la ausencia de la mano oficial en las decisiones que competen sólo a los universitarios —una vez que el PRI desapareció como el poder real desde la casa presidencial—, esas prácticas se trasladaron a la nueva burocracia universitaria, que se valió del dedazo y la herencia del poder para mantener el control universitario. El nuevo rector era el tapado de Juan Ramón de la Fuente, y al final se convirtió en el heredero del poder en la UNAM.

La sorpresa, en todo caso, habría sido que la Junta de Gobierno designara a otro universitario —de los ocho candidatos que se inscribieron para buscar el cargo—, y con ello lograra derribar las insistentes versiones de que ante su inédita autonomía, la UNAM había convertido su proceso de sucesión en una réplica de la sucesión del poder presidencial en los tiempos del PRI. Pero no, la Junta de Gobierno confirmó lo que aquí se dijo desde que inició el proceso: que era y terminó siendo una instancia universitaria integrada a modo para favorecer la herencia del rector Juan Ramón de la Fuente.

Y es que de los 15 miembros de la Junta de Gobierno, por lo menos 13 de ellos —sin duda todos ellos respetables universitarios— fueron llevados al cargo por la influencia del rector saliente. Esa curiosa casualidad despertó la suspicacia de muchos, al grado de que algunos de los aspirantes a la Rectoría dudaron de entrar a la competencia ante las evidencias de que el proceso de sucesión parecía más una simulación que una competencia real. Aun así, y luego de que recibieron la promesa de que no habría “mano negra”, la pelea se abrió a todos, y muchos creyeron que sería real.

Y en efecto, habrá continuismo, pero también seguirán las batallas políticas que heredará el nuevo rector de su sucesor, sobre todo con poderes reales como la Presidencia de la República —por cierto, la designación de Narro confirma que desde Los Pinos no se metió la mano—, que vienen de lejos y en las que también participó José Narro Robles.

Resulta que en los últimos años del siglo pasado —entre 1985 y 1999— se produjo una poco conocida batalla política entre un gobernador de oposición y el entonces secretario de Salud. El gobernador se llamaba Vicente Fox, despachaba en Guanajuato y se movía como precandidato presidencial, en tanto que el encargado de la salud a nivel federal se llamaba Juan Ramón de la Fuente. Desde que llegó al poder en Guanajuato, el señor Fox se propuso hacer un sistema de salud integral en su entidad —con evidentes fines electorales—, y presionó por todos los medios al responsable de la Ssa, al señor De la Fuente.

No se sabe si por instrucciones del presidente Zedillo o por una decisión personal, el señor De la Fuente le dio con la puerta en la cara al señor Fox, lo que desencadenó una feroz batalla entre el gobernador y el secretario de Estado. Pasó el tiempo y Juan Ramón de la Fuente fue llevado por Ernesto Zedillo a la Rectoría de la UNAM, al tiempo que Vicente Fox dejó el gobierno para buscar la Presidencia de la República. El pleito parecía olvidado, si acaso se dieron escaramuzas entre la UNAM y el candidato del PAN. Pero cuando Vicente Fox llegó a Los Pinos, y cuando debió enviar al Congreso el primer Presupuesto de Egresos, “rasuró” la partida presupuestal destinada a la UNAM.

Hubo gritos y sombrerazos en la UNAM. Fox fue acusado de ignorante y antiuniversitario —más allá de que sí detestaba la educación pública—, pero De la Fuente nunca lo buscó para reclamar más presupuesto. Ya el PRI no estaba en el poder para defender a uno de los suyos, al rector de la UNAM, y en respuesta a una posible embestida del gobierno de Fox, “de la derecha que pretendía destruir la UNAM”, el señor De la Fuente decidió aliarse con grupos de izquierda, sobre todo con los vinculados a Andrés Manuel López Obrador.

Al mismo tiempo acudió al Congreso, a la Cámara de Diputados, para cabildear el presupuesto y recuperar parte de lo perdido. Pero en ese centro de poder real que es el Congreso, el señor De la Fuente tampoco la tuvo fácil. En la primera Legislatura de San Lázaro en el gobierno de Vicente Fox, entre 2000 y 2003, el rector se enfrentó a otro problema. En los encuentros con los diputados —reuniones a las que asistían, entre otros, Martí Batres, por el PRD; Óscar Levín, del PRI; Jorge Emilio González, el niño verde, del PVEM, y José Narro Céspedes, del PT, quien por cierto, según se dice, es pariente del doctor José Narro —quien también participó en esos encuentros— era frecuente el choque con un joven legislador del PAN, que no era bien visto por la Rectoría; legislador al que tampoco simpatizaba el señor De la Fuente.

Ese diputado se llamaba Felipe Calderón Hinojosa, quien se mostraba en ese tiempo como leal al presidente Fox y que en respuesta a los golpes salidos del Pedregal se empeñaba en poner obstáculos al grupo compacto del rector. Desde esos años se produjo una abierta rivalidad y escaramuzas políticas entre la Rectoría y un sector bien identificado del PAN, precisamente el que encabezaba Felipe Calderón. El resto de la historia todos la saben. Una buena parte de la estructura de gobierno de la UNAM jugó abiertamente en favor del candidato presidencial de la izquierda y contra el de la derecha.

Y a propósito de la designación del nuevo rector de la UNAM, la pregunta es si esas guerras de poder continuarán. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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