|
Los chichimecas temían pasar por el mítico Cerro de las Campanas, ya que de noche escuchaban extraños ruidos que les despertaban la imaginación y creían que estaba habitado por espíritus malignos y brujas que bebían la sangre de inocentes criaturas. La ciencia ha descifrado el origen de esos ruidos: se trata de raras piedras que por la mezcla de diferentes metales reproducen sonidos similares al de las campanas que los frailes españoles colocaron en los primeros templos que levantaron en estas benditas y fértiles tierras de la Nueva España. Y aunque para muchos no quedó muy claro quienes fueron los espíritus malignos y las brujas, y quienes las inocentes criaturas de entre los liberales y los conservadores, la discordia llegó hasta la primera década del siglo XIX con otra guerra civil para derrocar al dictador príncipe austriaco y exiliarlo a París hasta finalmente construir un nuevo marco legal en el Teatro de la República en 1917. Enclavado en la parte alta de este hermoso Parque Nacional se encuentra el Museo La Magia del Pasado, en el que los visitantes encuentran toda suerte de aventuras imaginarias en el tiempo y el espacio a través de un recorrido virtual por la historia de la ciudad Santiago de Querétaro. Historia que forma parte de la Historia Nacional por hechos tan contundentes como el inicio de la conspiración en contra de la Corona Española, el fin del segundo Imperio con la ejecución de Maximiliano I de México, la firma de los tratados de paz de EU y la firma también de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en 1917, siendo Querétaro capital de la República en ambas ocasiones. Es un museo de los llamados de generación que mediante interactivos, como juegos de destreza en las computadoras, maquetas, audiovisuales, mamparas profusamente ilustradas, nos divierte y a la vez aprendemos la riqueza histórica de esta joya virreinal que es Querétaro, ciudad patrimonio cultural de la humanidad. Aún hoy en día parece mentira, pero no faltan los turistas que con marcada preferencia hacen una defensa a ultranza de los conservadores y del imperio fustigando a los liberales y masones y llegando incluso al paroxismo de la fe al dejar ramos de flores veladoras, no sin antes santiguarse, en el vestíbulo de la Capilla Expiatoria de Nuestra Señora de la Piedad para que sean colocadas en los fatídicos lugares. Y no falta tampoco, por supuesto, los trasnochados paladines de la República y su restauración que ven en el monumento de Benito Juárez al indígena héroe que, con su valor, no sólo contuvo a los reaccionarios y traidores, sino a la invasión napoleónica-francesa y los sueños guajiros de un efímero emperador y de su ambiciosa esposa. Es inaudito que todavía en las postrimerías del tercer milenio, los ciudadanos se sigan apasionando con estos temas del siglo XIX y tomen partido por una de las dos facciones que originaron una guerra civil de graves consecuencias para nuestro país por la cantidad de muertes y pérdidas materiales que se produjeron. Lo cierto es que aún pervive entre muchos mexicanos ese terrible dualismo de política o religión, mexicano o español, liberal o conservador y que no es más que el reflejo de los sentimientos encontrados de un corazón inquieto que no encuentra cabida, ni una propia identidad. No dejen de visitar el museo La Magia del Pasado, porque éste nos enseña los aciertos y errores de nuestra —a veces trágica a veces cómica— historia, para ya no regresar más al pasado sino con la única condición de que sólo sea de paseo y diversión.
|