Buscar en:
  
   
    Sexualidad
Patricia Kelly
11 de noviembre de 2007

Un maestro me dijo que al hombre primitivo, el miedo le servía o para correr o para atacar. Pero el hombre contemporáneo corre, ataca y se paraliza.

Los conflictos no resueltos aparecen con frecuencia en nuestra vida, la inseguridad y la baja autoestima, también. Me da mucho gusto que los lectores que hoy participan en nuestra sección ni corrieron, ni atacaron, ni se paralizaron, al contrario, se atrevieron a pedir ayuda.

“Mucha dinamita, poca mecha”

“Antes que nada, deseo expresarle mi gratitud, ¿la razón?: hace algunos años, cuando yo tenía cerca de 15, la escuché por primera vez en la radio y fue para mí sumamente liberador saber que, por ejemplo, la masturbación es un ejercicio, una práctica saludable que puede realizarse sin que exista culpa de por medio. Ésto a los 15 años me atormentaba y me hacía sentir miserable por experimentar deseo sexual a esa edad. Por ello, mil gracias.

Ahora mi problema es distinto. Me he percatado de que desde hace algún tiempo, empecé a sentir angustia generada por la idea de que para que una mujer experimente placer, se requiere de un pene grande. Sé que el adjetivo “gran-de” es muy subjetivo, pero me siento mal porque a veces creo que el mío es pequeño y que quizá no sea del agrado de algunas mujeres. A veces, cuando veo alguna pelícu-la o fotografía en la red, y veo algunos penes, el tamaño es mayor al mío, y eso me hace sentir muy mal. Hace poco escuché a una mujer decir que se moría de ganas por tener sexo con un hombre, y cuando finalmente lo hizo se sin-tió decepcionada porque si bien, había en él “mucha dinamita, te-nía muy poca mecha”.

La verdad es que este asunto comenzó a llamar más mi atención a partir del momento en que aunque cuando sentí excitación, no tenía erección, lo cual exacerbó mi preocupación y angustia, ya no sólo no es grande sino que ahora ni se levanta. Estoy preocupado, no sé qué hacer. Gerardo.

Te agradezco que traigas nuevamente a este espacio un tema que sigue atormentando a jóvenes y no tan jóvenes. El tamaño del pene sigue siendo motivo de preocupación de casi todos los varones en alguna etapa de su vida. Esto tiene que ver, entre muchas otras razones, porque por lo general los hombres centran mucho más su desarrollo sexual en su zona genital olvidándose del resto del cuerpo. Podría hacerte una lista de observaciones como aquella que dice que un pene realmente pequeño es el que en erección mide menos de cinco centímetros; o podría insistir en un dato que todos deberían conocer, la vagina es mucho más sensible en su primer tercio; que el clítoris y su correcta estimulación puede llevar fácilmente a las mujeres al orgasmo, o los orgasmos, según. ¡Ah! y también que muchas de las películas pornográficas son juegos fantásticos y usan muchos trucos. Pero no, prefiero invitarte a que leas algunos textos que te pueden ayudar a mejorar tu desempeño sexual.

Hace unas semanas que está en las principales librerías un texto de Anna Costa que se llama Sexo Irresistible editado por Océano/Ámbar. La autora es sicóloga, con entrenamiento en terapia sexual y con este título busca dar a los (as) lectores (as) herramientas para mejorar su vida erótica. Tiene un capítulo que se llama ‘El arte de acariciar’, que es sin lugar a dudas una de las mejores estrategias para excitar a una mujer. Qué le gusta, dónde, cómo convertirlo en un arte. Otro capítulo se identifica como ‘Trabajos manuales’ en donde nos da detalles para compartir en soledad y compañía la autoestimulación, conocida popularmente como masturbación. ‘Cunnilingus irresistible’ es otro tema que no puedes perderte, es una gama de sugerencias para hacer el sexo oral, uno de los máximos placeres femeninos. Sin olvidar su correspondiente parte masculina. Y fíjate que en ninguno de sus temas dice que el tamaño del pene es fundamental, y esa inseguridad sobre tu cuerpo y su desempeño, puede estar contribuyendo a la presencia de la disfunción eréctil.

No puedo negar que hay mujeres que gustan de penes, como tu los llamas “grandes”, pero no es una generalidad. Todo va en gustos. Ahora, lo que sí te puedo garantizar es que nos excitamos y tenemos mucho placer en zonas y con situaciones que muchos hombres olvidan. Disfrutamos de una penetración espectacular, pero también podemos tener orgasmos sin ella; nos encantan los juegos imaginativos, las caricias nuevas; anímate a descu-brir el poder de un beso suave en una “zona desconocida”. La fuerza y el valor de los hombres no se limita a su pene, date la oportunidad de explorar con el órgano sexual más extenso, que es la piel; y con el más grande que se llama cerebro. Gracias por tu confianza.

¿Qué ganamos con fingir?

“Soy un caballero de 53 años y mi esposa de 52. Ella es guapa y conservada, me agrada mucho y no tenemos ningún problema de pareja. Yo no tengo ninguna queja. Como esposa, como ama de casa, como guía de mis hijos, como profesionista ella es excelente. Además, sexualmente me complace, es decir, hemos enriquecido nuestra vida erótica. Ahora sí que mi esposa tiene “10” en la cama y fuera de ella.

Sin embargo te confieso que hace 22 años cuando éramos novios y varios meses antes de casarnos, ella me engañó y andaba con otro hombre. En su momento aceptó que me engañaba y que tenía al mismo tiempo otro amante. Superamos este episodio y un año después nos casamos. En los últimos meses mi mente ha reproducido con toda realidad y crudeza aquella situación de hace más de 20 años. Ha renacido en mi el resentimiento, el remordimiento, la cólera, el rencor y mucha rabia contra mi esposa. No lo he externado con violencia ni reclamos, lo hago con mi silencio. Procuro estar con ella lo menos posible, llego tarde, me voy temprano y todo marcha como si no sucediera nada. Tengo deseos de salirme a trabajar a otra ciudad. ¿Qué me sucede?, el cerebro que es una computadora ¿no borró el disco duro?, ¿no he podido superar aquella situación de engaño?. Conrado.

Temo que ese silencio, ese ‘como si no sucediera nada’, se parezca a la tensa calma que precede a un ataque en la guerra. Por supuesto que algo pasa y su esposa también lo comparte, aunque tampoco lo demuestre. En muy probable que el evento no haya sido superado y que sólo se enmascaró. El resentimiento, la cólera y el rencor aparecen con los respectivos incrementos de los años transcurridos. No se borraron, al parecer, crecieron. No deje pasar más tiempo, solicite ayuda profesional de pareja o individual, no tema manifestar en terapia su gran rabia acumulada, no deje que ese dolor lo dañe más. Es tiempo de valorar y revalorar sus propios intereses, sus nuevas metas y la posibilidad de enfrentar esa infidelidad. Cuando lo hacemos, tenemos dos opciones inmediatas, o dejamos fracturada la relación, o le damos una rehabilitación para que nos acerque más como pareja. El vivir haciendo como que no pasa nada es otra gran mentira, pero con los años, el daño es muy superior al hecho original.

patricia.kelly@eluniversal.com.mx

 
BÚSQUEDA
Autor:  
Columna:
 

PERFIL
 
Periodista egresada de la UNAM con 30 años de carrera profesional en la radio mexicana. Es pionera de los programas de radio dedicados a la educación y salud sexuales: Prohibido Tocar, Estrenando Cuerpo, Intimo y Séptimo Sentido. Su experiencia en esas áreas la integra hoy a EL UNIVERSAL.
 
Columnas anteriores
 
Es tiempo de actuar contra el abuso sexual de niños y niñas en las escuelas 2007-11-04
 
Ser claro y directo, lo mejor al hablar de sexo 2007-10-28
 
Los mitos en torno a la sexualidad masculina 2007-10-21
 
¡Cuidemos a nuestros niños de la explotación! 2007-10-14
 
Violencia e injusticia contra un menor 2007-10-07
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL