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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
08 de noviembre de 2007

Michoacán: todos ganan

En lo electoral habrá un solo ganador y muchos perdedores. Pero políticamente todos podrían salir gananciosos

La estrategia de la negociación pragmática ya fue utilizada por Calderón en las pasadas elecciones de Yucatán

Un primer inédito que se ha visto en los previos al proceso electoral de Michoacán —que se llevará a cabo el domingo venidero— es la civilidad mostrada por las tres fuerzas políticas en contienda: PRD, PAN y PRI, cuyos candidatos a todos los puestos de elección popular en disputa —gubernatura, Congreso y alcaldías— no han recurrido a la tradicional gritería de “fraude” o “elección de Estado”, sea contra el gobierno estatal o el federal. Las de Michoacán parecen elecciones de primer mundo.

Pero el inédito más sorprendente se podría dar a partir del domingo próximo, una vez concluido el proceso de votación, ya que de confirmarse la hipótesis aquí planteada —la de un apretado triunfo del PRD—, en realidad ninguno de los tres grandes partidos habrá resultado derrotado en el terreno político. Está claro que en la vertiente electoral habrá un solo ganador y muchos perdedores. Pero políticamente todos podrían salir gananciosos. ¿Por qué?

Porque más que unas elecciones clásicas, en la que se disputan los poderes municipal, estatal y del Congreso, en Michoacán se juegan otras cartas: el reacomodo interno de los tres grandes partidos, por un lado, y la gobernabilidad en el plano federal, por el otro. Por eso las michoacanas son elecciones exentas de las clásicas acusaciones de “fraude” o de “elección de Estado”, y por eso todos podrían resultar gananciosos. ¿Qué quiere decir eso?

En primer lugar se debe reconocer que el domingo en Michoacán veremos una elección de tres tercios. Es decir, las preferencias del electorado se repartirán en variantes de 30% para cada partido. Lo curioso del caso es que contra lo ocurrido apenas en las elecciones federales de 2006 —en las que el PRD ganó por mucho la mayoría de los votos, seguido de cerca por el PAN, en tanto que el PRI fue arrojado a un lejano tercer lugar—, en esta ocasión el partido amarillo se desplomó al grado de estar frente a la posibilidad de resultar derrotado; el partido azul mantuvo su nivel de preferencias, con lo que se coloca como potencial ganador, y el PRI mostró una notable recuperación, que lo aproxima a 30% de las preferencias, sin muchas posibilidades al gobierno estatal, pero muy cerca del triunfo en el municipio de la capital, Morelia.

Pero más allá de ese peculiar ajuste en las preferencias del electorado estatal de cada partido, lo más interesante es el reacomodo de los grupos y los intereses intramuros de cada partido. En Michoacán el PRD es el partido en el poder —y la fuerza a vencer—, pero al mismo tiempo es un emblema político para los amarillos. La dinastía Cárdenas mantiene el poder a través del gobernador Cárdenas Batel, potencial candidato presidencial para 2012. Por eso el interés de esa dinastía por preservar para su grupo el control del estado.

En Michoacán, sin embargo, se reprodujo la batalla que surgió en la elección presidencial de 2006, entre Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. Por eso, y como parte de un movimiento estratégico para controlar el bastión fundacional del PRD y para anular la potencial candidatura presidencial de Cárdenas Batel para 2012, López Obrador pretendió arrebatarle el control del estado a los Cárdenas. Por eso impulsó como su candidato en Michoacán a Leonel Godoy, un político nacido en el “establo” de los Cárdenas, pero converso al lopezobradorismo.

Cuando ya estaban en marcha las candidaturas, Godoy entendió que distanciado de Cárdenas y apoyado por AMLO tenía pocas posibilidades de triunfo. Así, en una nueva traición regresó a los brazos de Cárdenas y caminó por la ruta del reconocimiento del gobierno de Felipe Calderón. ¿Por qué dar ese salto mortal? Porque si Godoy seguía el discurso dictado por AMLO —de desconocer al gobierno de Calderón—, una buena porción del electorado michoacano —cuyas simpatías pudieran estar a favor del PRD o hasta del PRI— preferiría votar por el partido de su paisano, el presidente Calderón.

Así, cuando Godoy reconoció la legalidad del gobierno de Calderón —y con ello desató la más reciente crisis en el PRD—, en realidad envió un claro mensaje al PAN y a la casa presidencial: el mensaje de que en Michoacán, el centro fundador del PRD, Calderón tendría un aliado que, además, le daría una importante porción de la legitimidad que le ha escatimado un sector de la izquierda. No hay duda que al PAN y al gobierno de Calderón les interesa ganar Michoacán, pero un triunfo en esa entidad, por muy significativo que fuera, no resultaría tan benéfico como contar con el reconocimiento de un importante sector del PRD, michoacano y nacional. Es decir, el PAN y el presidente Calderón ganarían más —sobre todo márgenes de gobernabilidad frente a su más fuerte adversario— con una derrota en Michoacán que con una victoria. En Michoacán Calderón gana si pierde su candidato, Salvador López Orduña.

Pero además, el PRD, el cardenismo y su aliado temporal, Los Chuchos, le habrían ganado una importante batalla a su adversario también temporal, López Obrador. La estrategia de la negociación pragmática, al estilo de los códigos de Carlos Castillo Peraza, ya fue utilizada por Calderón en las pasadas elecciones de Yucatán, en donde el Presidente sacrificó el gobierno de la península a cambio de una alianza con el PRI, acuerdo que le resultó positivo a Felipe Calderón porque consiguió el apoyo del tricolor para sus reformas en el Congreso. Hasta aquí, un eventual triunfo de Leonel Godoy del PRD, frente a Salvador López Orduña del PAN, reportaría beneficios para ambos partidos. ¿Y dónde queda el PRI?

La ganancia para el PRI se podría dar en dos centros reales de poder. Uno, el Congreso local, en donde a partir de sus triunfos se podría convertir en el “fiel de la balanza”. Y dos, porque son muchas las posibilidades de que consiga la victoria en la alcaldía de Morelia, la capital de Michoacán. En esta hipótesis, los tres grandes partidos resultarían gananciosos en una elección de inéditos. Y de última hora, en una jugada que parece de candado —para asegurar la victoria—, Leonel Godoy consiguió el apoyo del siempre congruente Partido Verde —lo que se interpreta como una concesión del PRI—, votos con los que podría garantizar el triunfo. Lo único cierto es que la elección será muy cerrada, y que ante un triunfo de los amarillos, nadie saldrá gritando “fraude, fraude”. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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