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La disputa por la tragedia: todas las variables de la rapiña
Dilema: frente pluripartidista o modelo Camacho-Bejarano de control para reconstrucción Hacia un plan para reponer la infraestructura en las zonas más vulnerables al cambio climático No cesará la disputa por la tragedia. La competencia por explotar la desgracia en todas las escalas y en todos los campos apenas empieza. Desde el lanchero miserable que medra con la miseria extrema del urgido de desplazarse por la ciudad anegada, hasta el político mezquino que le pone precio electoral a las despensas con productos de primera necesidad o le pretende cargar al oponente el costo de la devastación. Todas las posibilidades y variables de la rapiña han estado, están y estarán presentes: de las imprevisiones y desvíos de fondos por políticos y funcionarios, a la ambición de los contratistas, al atavismo de saqueadores de a pie cargando artículos electrónicos para los que no encontrará un enchufe seco, a la explotación irresponsable del resentimiento de los desolados para ajustar cuentas con enemigos propios convertidos en enemigos públicos, a la infame búsqueda de un desbordamiento social que abra resquicios para renovados planes de asalto al poder. Es cierto que las expresiones de rapacidad de estas especies se han visto hasta ahora razonablemente aisladas o marginadas de la agenda del debate público, gracias al alto volumen que mantienen las voces y las acciones de solidaridad nacional e internacional. Y, hay que decirlo, gracias también a un virtual frente pluripartidista o, si se quiere, a una coalición pluripartidista en gestación, sugerida en los buenos reflejos del presidente panista Felipe Calderón y las respuestas maduras de un gobernador priísta, el de Tabasco, Andrés Granier; y de un gobernador perredista, el de Chiapas, Juan Sabines. Estos factores están permitiendo ya hacerle frente a la desgracia y están llamados a propiciar mejores condiciones para la reconstrucción de pueblos, ciudades y viviendas, así como para la restauración de la infraestructura para la vida y la producción en las regiones asoladas. Pero el funcionamiento en la práctica de una coalición pluripartidista para atender las urgencias puede también estar llamado a la construcción de expectativas más sólidas para la gobernabilidad del país y para alcanzar los acuerdos inaplazables que se requieren a fin de hacer frente a los estragos acumulados —desde antes del cambio climático— en sectores vitales de la vida nacional. La industria petrolera es un ejemplo vivo, entre varios, de estos territorios damnificados, al lado de las garantías mínimas del estado de derecho, un eje —ahora roto— para echar a andar una transformación en verdad trascendente y ascendente de la nación. Candidatos a la cruz del edén Es este último —el del estado de derecho— el que ya se perfila una vez más como el valor a comerciar en los primeros reflejos de algunos actores que ya se aprestan a ponerle precio a los nuevos acuerdos, al tipo de cambio de cabezas de enemigos a rodar, como ocurrió con las cabezas de los consejeros del IFE para darle curso a los acuerdos previos. En este caso —cito al politólogo Aurelio Nuño en un mensaje desde Oxford— entre los principales candidatos a cargar con la “cruz del edén” aparecen, sin duda, Roberto Madrazo y —otra vez, como en la tragedia de la Sonda de Campeche— Vicente Fox. O sea, también otra vez, el PRI y el PAN como opciones únicas para integrar la nómina de los culpables “de todos los males tropicales del país”. No existen demasiadas razones para derramar una lágrima por la suerte de esos actores o por el descalabro de esos partidos en una amplia gama de la sociedad. Pero los rituales mexicanos de construcción de pánicos morales no sólo no suelen ser actos de justicia —conmutativa o política— sino que con frecuencia devienen coartadas para la elusión de otras responsabilidades y para nuevos aplazamientos de las soluciones reales. En la coyuntura actual, además, cualquier mal paso en este sentido puede repercutir en la integridad de la frágil alianza entre PRI y PAN y así poner los proyectos reformistas en curso en riesgo de pasar a la lista de desaparecidos bajo las aguas del edén perdido. Independientemente de los saldos de estas promociones de lucro político con la tragedia, pudieran sobrevivir —sin embargo— algunas de las condiciones ya apuntadas para que el gobierno nacional de Calderón, sustentado en gobiernos estatales maduros y en una coalición pluripartidista en el Congreso, integren una agenda que incluya como primer punto la reconstrucción de Tabasco y Chiapas, para enseguida incorporar el punto de un plan nacional para reponer la infraestructura de los estados más vulnerables a las tragedias naturales, ahora más previsibles por el fenómeno del cambio climático. Aquí la prioridad tendría que radicar en llevar recursos masivos al sureste y a las zonas más pobres y desprotegidas. Caldo de bejaranos y padiernas Al continuar en las últimas horas la disputa por la tragedia, las tensiones provocadas con el Ejército a raíz de la insistencia del gobierno perredista del DF por controlar la distribución de las toneladas de despensas que ha llevado a Tabasco, etiquetadas para los municipios gobernados por el PRD: Macuspana, Cárdenas, Xalpa de Méndez y Nacajuca, además de la capital, permiten vislumbrar el panorama a partir del momento en que bajen las aguas. No sólo habrá riesgos sanitarios serios y graves que atender, como advierte Calderón. Lo que sigue, y es preciso igualmente prevenir, es la movilización por el control de los recursos de la reconstrucción por los grupos más activos y experimentados en el manejo de clientelas políticas, como ocurrió tras el terremoto de la ciudad de México en 1985. Se trata de movilizaciones que se convierten en movimientos políticos permanentes dirigidos por líderes también permanentes para el lucro, asimismo permanente, con las clientelas generadas en el proceso, así como para el control de amplios contingentes sociales que permiten la conquista del poder político y su conservación por tiempo indefinido, como también ocurrió en la ciudad de México. Y a ver qué pasa en un país gobernado con estos métodos ya no sólo en la capital de la República sino también en las entidades estratégicas en que se concentra la producción petrolera. A nadie se le debería de olvidar de dónde salieron Bejarano y Padierna, observa también en este punto el mensaje de Nuño. Una reacción, primero lenta y torpe del gobierno federal en 1985, y a partir del año siguiente, corrupta y clientelar encabezada por Manuel Camacho en la reconstrucción tras los sismos del DF, es la experiencia de éxito que sustenta hoy este flanco de la disputa por la tragedia del sureste, con todas las nuevas posibilidades que se abren para la rapiña política y las demás. El dilema parece reducido a avanzar en la gestación del frente pluripartidista encabezado por el gobierno nacional o la restauración en el sureste del modelo Camacho-Bejarano seguido en la reconstrucción tras los sismos del DF. jose.carreno@uia.mx
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