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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
07 de noviembre de 2007

PRD: ¿realidad o ficción?

Que en el partido el rompimiento está latente es una realidad que estallará tarde o temprano

Michoacán es sólo una pequeña escala en el largo viaje rumbo a 2009 y luego a 2012

Pasada la tormenta de temporal en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), las aguas parecen regresar a su cauce, más por ambición que por convicción. Y es que al parecer alguna voz sensata les hizo ver a los grupos en disputa que a pocos días de la estratégica elección de Michoacán, las peleas internas ame-nazan con el naufragio del bastión histórico. Por eso todos decidieron guardar los misiles, sólo de manera momentánea, porque seguramente aparecerán el 18 de noviembre.

Y en ese impasse entre los amarillos apareció la voz de la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta —EL UNIVERSAL, 3 de noviembre—, quien a su estilo directo puso el dedo en la llaga: “Hay un rompimiento en el PRD por la manera de hacer política... y si no llegamos a un acuerdo, será difícil mantener la cohesión en el mediano plazo”. Pero no se quedó en el efecto, sino que explicó la causa: “Tenemos que aceptar la realidad; que no estamos en la Presidencia y que tenemos que construir nuestras posibilidades para 2012... no pido que olvidemos, pero tampoco que nos quedemos en el pasado”.

Es decir, que en el PRD el rompimiento está latente es una realidad que estallará tarde o temprano. Por eso tienen razón aquellos que señalan que el futuro de los amarillos dependerá del grupo que resulte ganador en la contienda por la dirigencia nacional —prevista para marzo de 2008—, entre radicales y moderados. Esas son, en el fondo, causa y efecto del conflicto que vive el PRD; dilema que enfrenta a la realidad de un gobierno legal como el de Felipe Calderón, con el que se acuerda y pacta, y a la ficción del “gobierno legítimo” de Andrés Manuel López Obrador, que propone cero diálogo y negociación con el “gobierno espurio” del propio Calderón.

Posturas las dos que parecen irreconciliables y que llevarán al partido —con cualquiera de los dos grupos que logre el control de su estructura— por caminos radicalmente opuestos. El primero propone el camino de la reconciliación con el sector polarizado que en julio de 2006 rechazó a López Obrador en la misma proporción de quienes lo apoyaron, además de la reconstrucción de las instituciones y las reglas del juego que fallaron en esa misma elección —y que sólo se podrán remendar mediante el ejercicio de la política, a través del Congreso y de los gobiernos en manos del PRD—, en tanto que el segundo sigue el camino de la confrontación, de mantener viva la polarización y apostarle al fracaso del gobierno de Calderón. ¿Cuál de las dos maneras de hacer política prevalecerá?

Ese es el corazón de la disputa. Por lo pronto, en la escala inmediata que tiene enfrente el PRD está la elección de Michoacán —que se llevará a cabo el domingo venidero—, en la que un sector de los amarillos parece obligado a transitar por el primero de los caminos: el de la reconciliación social —al reconocer la legalidad del gobierno de Calderón— y de los acuerdos políticos precisamente frente a la disputa de Michoacán. Ese grupo es el que integran Los Chuchos y la dinastía fundacional de los Cárdenas. Así, por una razón que sólo se explica por la vía de los acuerdos políticos, las de Michoacán son las primeras elecciones locales en las que por muchos años no existen acusaciones mutuas de fraude, de elección de Estado, a pesar de fallas técnicas en el proceso.

De esa manera, frente al pragmatismo mostrado por Los Chuchos y la dinastía Cárdenas en torno a las elecciones de Michoacán —que renovará el gobierno y el Congreso estatales y los ayuntamientos—, y ante la urgencia de que el PRD designe a los árbitros de la elección en la que renovará su dirigencia nacional, el señor López Obrador reaccionó con un doble golpe de espectacularidad. Primero lanzó a sus “fieras” contra los perredistas que apelaron a aceptar la legalidad del gobierno de Calderón —como fue el caso de los insultos de Gerardo Fernández Noroña contra la diputada Ruth Zavaleta—, y luego mandó propalar la especie de que rompería con el PRD. El golpe y el chantaje.

En los dos casos se trató de estratagemas de fuerza, presión y amenaza, pero también en los dos casos se le pasó la mano. Primero, la patanería de Fernández Noroña mereció una censura casi generalizada y ese repudio se trasminó a todo el grupo de AMLO —líder que nunca se deslindó de sus “fieras”—, mientras que la amenaza de rompimiento con el partido solidificó a distintos grupos del PRD, pero en contra de López Obrador, ya que hizo tambalear a su otrora candidato a Michoacán, Leonel Godoy. A pesar de todo, AMLO consiguió una ganancia marginal: retrasar la designación de los árbitros para la contienda interna para renovar la dirigencia del PRD. Y es que la propuesta de AMLO era inaceptable —aun para los priístas, que nada tienen que ver en el asunto—, ya que el tabasqueño llegó a proponer que el árbitro fuera su paisano Arturo Núñez, el conocido alquimista del salinismo.

Al final de cuentas, López Obrador corrigió el rumbo de manera temporal. Y como para terminar la escaramuza mandó decir que no, que no pensaba romper con el PRD, al tiempo que metió al orden a su jauría. ¿Por qué ese recule estratégico? Porque las peleas públicas estaban repercutiendo en los electores de Michoacán, y una derrota en esa entidad sería desastrosa para todos en el partido amarillo, incluido López Obrador, quien primero se empeñó en imponer como candidato a Leonel Godoy y luego pareció pretender destruirlo. Y es que con el pragmatismo como bandera, Godoy le dio la espalda a Obrador y regresó a los brazos amorosos de su padre político, Cuauhtémoc Cárdenas.

Pero Michoacán es sólo una pequeña escala en el largo viaje que ha emprendido el PRD rumbo a 2009 y luego a 2012. La siguiente parada será en marzo venidero, en la renovación de la dirigencia nacional de los amarillos, y muy pronto aparecerán nuevas disputas, ya que López Obrador pretende mantener el control del partido para garantizar su proyecto presidencial, mientras que el perredismo moderado no está dispuesto a seguir por la ruta de la confrontación que, según dicen, no es más que la destrucción del partido. Pero existe un tercero en discordia: el PRI. ¿Y qué tiene que ver el PRI? Casi nada, que si el PRD se retira de la negociación política y se radicaliza, deja el camino libre para el regreso del PRI al poder en 2012. Y en el PRD muchos se preguntan si no es que se trabaja para eso, para el regreso del PRI al poder. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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