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Jacobo Zabludovsky
05 de noviembre de 2007

Y volver, volver, volver

La semana vertiginosa de acontecimientos históricos en España deja a México algunas enseñanzas útiles, sobre todo en ese ejemplo de voluntad política continua a pesar de los cambios de autoridades, que ha dado lugar al nuevo Museo del Prado.

Representantes de los dos partidos políticos más importantes de España, el PP y el PSOE, se reunieron en 1994 en una cafetería madrileña para pactar la indispensable ampliación del Museo del Prado, único pacto bipartidista que hoy, 13 años después, subsiste y da los frutos de aquella siembra.

José María Aznar estaba en el gobierno. Ahora lo encabeza José Luis Rodríguez Zapatero. Cambiaron los grupos del poder, los partidos, los funcionarios, los empleados medios e inferiores, pero el proyecto se mantuvo y cumplió hasta el final. ¿Qué hubiera pasado en México? Tropieza uno con las respuestas: están en todas partes, a medias en cada esquina, truncas, inacabadas, presentes más como señales del capricho que del servicio al público.

Casos sin orden cronológico en la memoria de cualquiera, Gustavo Díaz Ordaz inicia, con Alfonso Corona del Rosal en el gobierno del DF, las obras del Metro. Llega Luis Echeverría a la Presidencia y las suspende seis años, su sexenio, sin explicar la cancelación y, sobre todo, sin prohibir que nacieran o llegaran de todas partes más habitantes a la ciudad de México.

Manuel López Obrador coloca segundo piso a parte del Periférico. Su sucesor Marcelo Ebrard decide que ni un metro más de eso y el proyecto queda inconcluso. Benito Coquet, al frente del Seguro Social, impulsa el teatro construyendo uno en cada centro hospitalario. Alguien, no recuerdo quién, lo sustituye y los teatros se abandonan, mueren y se olvidan. Con la agravante de no haber en la mayoría de los ejemplos cambio de partido político, sólo cambio de personajes cuyos chicharrones son los únicos que truenan mientras truenan.

El ejemplo del Prado obliga a buscar las razones de la continuidad de las obras públicas en España. Y de las tantas que se dejan inconclusas en México. Desde luego, debe evitarse o limitarse el poder de las decisiones personales, poniendo frenos y contrapesos tanto a la aprobación de una obra como a su interrupción o cambio.

En el caso de España la monarquía puede ser un factor favorable para el traslado de compromisos políticos o sociales de un gobierno a otro. No estoy sugiriendo establecer en México un sistema monárquico aunque seguramente habrá parejas deseosas de ponerse las coronas. No es el caso. Hablamos de España donde la estructura del Estado ha dado resultados positivos evidentes: más de tres décadas de prosperidad y tranquilidad han elevado la calidad de vida de los españoles. Y actos populares como la apertura de un museo se convierten en homenajes espontáneos a los reyes. Al mismo tiempo, paradójicamente, se registran las primeras protestas agresivas contra ellos: quema de retratos, gritos ofensivos, caricaturas pornográficas de miembros de la familia, rumores de disgustos fraternales, análisis del costo de la realeza y dudas sobre su utilidad y su futuro.

El sistema ha funcionado porque coinciden la estructura constitucional acertada y la personalidad de los reyes, cálida, prudente, cercana a sus súbditos tratados como vecinos a quienes se acompaña en sus duelos y se escucha en sus lamentos. La reina, más que nadie, es una mujer inteligente, con fino y constante sentido del humor, madre y abuela en la que se ven millones de madres y abuelas de España. Nos recibió el martes a los Patronos Internacionales de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Recordó que yo era periodista de la televisión y, con mi esposa de abuela a abuela, habló de su Leonor, que ese día celebraba su segundo cumpleaños, con la humildad de quien reconoce que ella no manda en sus nietas. “Si yo mandara las tendría aquí en la Zarzuela todo el día”. Alguien la definió: “Es una profesional”. Hay algo más que eso, porque tal vez sea la única de la real familia que no provoca comentario crítico de ninguna especie.

En fin. Con este deshilvanado comentario, escrito al pie del avión de regreso a México, a tiempo de ser recibido en EL UNIVERSAL, terminó una semana en que el sentimiento de los españoles fue de la alegría del Prado al recuerdo de la tragedia de la Guerra Civil y a la sentencia de los terroristas del 11 de marzo en Atocha. No hubo conspiración de ETA y 22 culpables son enviados a prisión. Caso cerrado. El de la memoria que parte de 1936, es otra historia. Siete décadas. Caso abierto.

Destaca en mi emoción la fiesta del Museo del Prado. La oportunidad excepcional de volver al asombro de la obra de Velázquez, de Goya, del Greco, de Picasso y Dalí, ya conocidos, y de otros 90 hasta hoy ignorados, cuya obra, guardada en bodegas, cuelga ya en los muros de esta ampliación de una elegancia discreta de Rafael Moneo, arquitecto sin pretensiones de protagonismo. Con él recorrimos su obra, con él y con el joven director de museo, el cuarentón Miguel Zugaza, la alegre y guapa escultora de las puertas, Cristina Iglesias, concebidas para abrirse de modo diferente cada dos horas para integrarse a los espacios, con el tampiqueño Plácido Arango, espléndido presidente del Patronato; del doctor Carlos Zurita, duque de Soria, presidente de la Fundación de Amigos del Museo. Treinta mil personas visitaron el Prado el jueves, una afluencia sin precedentes en cualquier museo de arte en el mundo. Las colas continuaron hasta ayer domingo, último día de entrada gratuita. A partir de hoy se pagará por entrar. Nadie cree que disminuirá la concurrencia.

Se fueron siete días como siete segundos, siete jornadas en que los españoles, entre imágenes divinas y tribunales de asesinos y verdugos, fueron llevados a visitar los infiernos y los cielos.

Nosotros regresamos a la tierra.

 
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PERFIL
 
Periodista y licenciado en Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de México. Inició sus actividades periodísticas en 1946 en Cadena Radio Continental como ayudante de redactor de noticieros. En 1950, al empezar la televisión en México, inició la producción y dirección del primer noticiero profesional de la televisión mexicana y desde entonces, ininterrumpidamente, dirigió y presentó tele noticieros hasta el 30 de marzo de 2000. Fue catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante 27 años dirigió y presentó el programa periodístico de televisión “24 HORAS” transmitido en red nacional por Televisa en la República Mexicana. Del 1º de septiembre de 2001 a la fecha conduce el programa "De una a tres” de Radio Red y "La 69" de Radio Centro.
 
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