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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
05 de noviembre de 2007

Tabasco: el día después

En la reconstrucción se demostrará de qué están hechos los gobiernos de Granier, Sabines y Calderón

Tabasco y Chiapas enviaron un claro mensaje al Distrito Federal. ¿Será escuchado?

No hay duda de que aún faltan muchos días, esfuerzo institucional y solidaridad social para que el pueblo de Tabasco supere la emergencia de las mayores inundaciones de su historia; es probable que al retroceder las aguas se descubra que la tragedia cobró una lamentable cuota de vidas humanas y que las pérdidas materiales resulten de una magnitud nunca conocida en el sureste y el trópico mexicanos.

Y es que si hoy presenciamos la dolorosa tragedia de más de un millón de mexicanos que luchan por sus vidas, por los básicos de sobrevivencia como agua, comida y atención médica, el “día después” significará el mayor reto al que se habrán enfrentado esos mexicanos damnificados —los de Tabasco y Chiapas— porque reiniciarán sus vidas a partir de nada: sin bienes, sin empleo, sin casa, sin esperanza. Y frente a esa realidad, obliga una gigantesca responsabilidad del Estado mexicano todo; de los gobiernos municipales, estatales y el federal; de los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Superada la emergencia —que insistimos, aún está lejos y reclama de una sostenida responsabilidad oficial y de una más intensa solidaridad ciudadana—, el “día después” será peor —aunque habrán salvado su vida la mayoría de los damnificados—, será una prueba de fuego para todas las instituciones del Estado; para gobiernos, poderes constituidos, partidos políticos, legisladores, empresas.

Ahí se demostrará de qué están hechos los gobiernos de Andrés Granier y Juan Sabines —de Tabasco y Chiapas, respectivamente—, el de Felipe Calderón y los integrantes de su gabinete. Se demostrará la congruencia o incongruencia de partidos políticos, sus dirigentes, líderes y sus representantes en el Congreso; de las grandes empresas privadas... para hacer posible una reconstrucción que se antoja titánica.

Pero acaso lo más importante será el rediseño de la estratégica infraestructura hidráulica que por el caudal de sus ríos comunica a Tabasco y Chiapas, la corrección de los muchos errores, actos de negligencia y corrupción que contribuyeron de manera importante en la tragedia —más allá del impacto que haya tenido el cambio climático del planeta—, la mudanza de pueblos y ciudades, para prevenir que los efectos de los fenómenos naturales propios de la región no se repitan con la magnitud de daños que ya se conocen.

Y a la par de la reconstrucción y reubicación de pueblos y ciudades, del financiamiento para restablecer las actividades productivas y reanudar la generación de empleos, de la reparación de escuelas y oficinas públicas, el gobierno de Felipe Calderón deberá iniciar una de las mayores y más complejas responsabilidades de su gestión sexenal: la de investigar las causas de la tragedia; los actos de corrupción y negligencia, el desvío de recursos públicos, la comisión de delitos por parte de gobiernos municipales y estatales en la ejecución deficiente o hasta inexistente de obras de infraestructura hidráulica, la irresponsable y hasta criminal edificación de colonias y pueblos en terrenos arrancados a los ríos y, en todos los casos, la sanción a los responsables.

Y es que un gobierno que se dice democrático y legalmente constituido, que se dice solidario con sus gobernados, no se puede limitar a atender de manera pronta y con todas sus capacidades una emergencia como la que viven Tabasco y Chiapas, sin corregir los errores que contribuyeron a provocar la tragedia y, sobre todo, sin investigar y castigar a los responsables de la misma. Ayer dijimos en este espacio que la magnitud del desastre era una muestra de cómo el Estado mexicano todo había sido superado por la emergencia, y que no había lugar para la “politiquería” oportunista, porque el tamaño del problema era tal que alcanzaba, en mayor o menor medida, a todos o casi todos los actores políticos y a las instituciones del Estado.

Pero eso no significa que se deba omitir una investigación puntual, que se castigue con severidad a los responsables, y que en el campo de sus competencias el gobierno federal en turno, el de Felipe Calderón, se comprometa a corregir errores y fallos para que la emergencia no se vuelva a repetir con un doloroso saldo como el que hoy vemos en Tabasco y Chiapas. Y por supuesto que a nadie se le pide que contenga los embates de la naturaleza y que module sus efectos. Lo que se reclama, simple y llanamente, es que los gobernantes, las instituciones del Estado, cumplan con su responsabilidad. Nada más, pero nada menos.

Y las lecciones del día después —y en general la tragedia que alcanzó a Tabasco y Chiapas— también llevan un claro mensaje a otros gobiernos estatales que han coqueteado de manera irresponsable con la negligencia. El caso más claro es el del Distrito Federal —pero también existen focos rojos de inundaciones en Guadalajara y Nuevo León—, en donde los sistemas hidráulicos están a punto del colapso, mientras que los gobernantes en turno prefieren seguir el juego de la confrontación ideológica o partidista.

En la capital del país todos saben que el jefe de Gobierno anterior, Andrés Manuel López Obrador —quien por cierto, finalmente sucumbió al juego de la confrontación en el caso de Tabasco—, prefirió invertir en obras de relumbrón, como el segundo piso del Periférico —porque son obras que dan popularidad y votos—, y mandó bajo la alfombra un problema de magnitudes gigantescas, como es la reparación y ampliación de los sistemas de desagüe de una ciudad cuyos niveles de precipitación están por encima de la capacidad hidráulica para desahogar el agua.

Se han escuchado las voces de advertencia, el propio Felipe Calderón dijo que el Distrito Federal estaba ante el riesgo inminente de inundaciones. Pero la respuesta del jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, fue la clásica del “complot”. Es decir, respondió que el gobierno “espurio” de Calderón usaba el problema del agua como herramienta política para golpearlo. Tabasco y Chiapas enviaron un claro mensaje al DF. ¿Será escuchado? Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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