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Entre los muchos libros que existen sobre didáctica y pedagogía de la creación literaria, destinados a facilitar la incursión de los niños en la lectura y la escritura, pocos tan afortunados como Gramática de la fantasía, de Gianni Rodari, cuyo subtítulo es más que explicativo: Introducción al arte de inventar historias, y entre sus ediciones en español está la de Aliorna (Barcelona) en traducción de Mario Merlino. En los 45 breves capítulos de que consta esta obra ya clásica, el escritor y pedagogo italiano lleva a cabo una serie de propuestas para que profesores, padres de familia y promotores inicien a los niños en la fantasía de la creación, en el juego de la lectura, en el afán lúdico de acercarse al idioma para aficionarse a los libros sin que en este proceso se involucre en absoluto la garra de la obligación. Gianni Rodari nació en Lombardía en 1920 y murió en Roma en 1980. En 1950 fundó y dirigió Pionere, un semanario italiano para niños. Auténticamente interesado por el desarrollo cultural y educativo de los niños italianos, toda su obra (cuentos, novelas y poemas) están destinados a ese público, pero con un respeto extraordinario que le impide toda forma de manipulación. Por sus grandes virtudes literarias, su obra toda mereció, en 1970, el Premio Hans Christian Andersen. Muchos de sus libros vieron la luz primeramente en revistas y periódicos de divulgación destinados a los niños, entre ellos Cuentos para jugar, Cuentos escritos a máquina y Gelsomino en el país de los mentirosos. Rodari está considerado como uno de los renovadores de la literatura infantil, no únicamente por su gran creatividad, sino por la poética y la teoría que subyacen en todas sus páginas, cuyo propósito no es “educar” en la vieja usanza escolarizada, sino despertar la imaginación para que los niños vivan verdaderamente la magia del idioma y sus potencias creadoras. En cuanto a la sistematización de sus ideas y propuestas del niño como protagonista y creador, además de lector, Gramática de la fantasía, que se publicó por vez primera en 1973, sigue siendo un libro insuperable, y tendría que ser un excelente auxiliar para quienes se dedican a la feliz tarea de acercar los libros a los niños. Cada capítulo contiene una lección y una historia, y en cada uno de ellos hay un hombre que juega en serio y un niño que no se ha perdido en el cuerpo y la mente del adulto. Rodari es un pedagogo, pero también un gran creador, y esta combinación nos da como resultado un teórico sensible e inteligente, nunca dogmático, siempre abierto al goce de descubrir, al placer de saber. La mayor ambición de Rodari al escribir y publicar su Gramática de la fantasía fue creer que era (tal como lo es) “útil para quien cree en la necesidad de que la imaginación tenga su puesto en la enseñanza; para quien tiene fe en la creatividad infantil; para quien sabe qué virtud liberadora puede tener la palabra. ‘Todos los usos de la palabra para todos’, me parece un lema bueno y con agradable sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo”. En este libro, el promotor de la lectura, el padre de familia, el profesor o el lector interesado en la didáctica de la lectura podrán encontrar ejercicios, técnicas sensatas y amables, historias fantásticas, recursos de la narrativa, lecciones cordiales y múltiples ideas para jugar y leer o para jugar leyendo, que pueden iniciar en la magia del idioma del modo más divertido a los niños, hasta conseguir que ellos mismos necesiten la fantasía y el lenguaje como partes fundamentales de su vida.
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