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Ley de medios y relevo en PAN y PRD
Cambios en dirigencias repercutiránen correlación de fuerzas en cámaras Por increíble que parezca, televisoras son las más interesadas en el triunfo de AMLO Luego de las controvertidas reformas fiscal y electoral que en las semanas previas aprobó el Congreso —y de una fuerte pelea entre los poderes fácticos y el Poder Legislativo—, no pocos actores políticos adivinaron que la siguiente gran reforma sería, precisamente, la relativa a la Ley Federal de Radio y Televisión, que deberá sustituir a la defenestrada ley Televisa. Al calor de los escarceos por la reforma electoral —que, como todos saben, dejó fuera de los procesos electorales la relación comercial de la radio y la televisión—, los tres grandes partidos políticos llegaron incluso a amenazar a los barones mediáticos con la posibilidad de acelerar dichas reformas, lo que abrió un importante espacio para el cabildeo político de ambas partes y hasta para impulsar estrategias urgentes de reparación del daño. En pocas palabras, se echó a caminar una peculiar operación cicatriz, que de manera momentánea calmó los ánimos de las partes en conflicto. Ese impasse sirvió para que voces interesadas llegaran a aventurar que de nueva cuenta la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión dormiría “el sueño de los justos”, porque, se dijo, “no hay las condiciones para llegar a acuerdos en el Congreso que permitan impulsarla”. Y en efecto, en el escenario político aparecieron nubarrones que amenazaban con cambios fundamentales en por lo menos dos de los tres grandes partidos políticos, ya que el PAN y el PRD viven procesos de recambio en sus dirigencias que resultarán decisivos. Esas dos fuerzas políticas, como todos saben, viven complejos procesos para renovar a sus respectivas dirigencias nacionales —el PAN decidió adelantar el cambio para diciembre de 2007 y el PRD lo hará, como estaba previsto, en marzo de 2008—, lo que por razones naturales desactivó el trabajo legislativo y obligó a los jefes parlamentarios de ambos partidos a pelear por su permanencia en el cargo, más que por las tareas propias del parlamento. Y es que un cambio en las dirigencias del PAN y del PRD repercutirá, sin duda, en la correlación de fuerzas de esos partidos en sus centros reales de poder que son las cámaras de Diputados y Senadores. Y un cambio de esa naturaleza y, sobre todo, un eventual relevo de los jefes parlamentarios en las dos cámaras, sin duda, podrían alterar el delicado equilibrio político que hizo posibles los acuerdos para reformas como la electoral, que fue aprobada por los tres grandes: PAN, PRD y PRI. El principal problema se localiza en Acción Nacional, en donde los coordinadores parlamentarios de San Lázaro y Xicoténcatl, Héctor Larios y Santiago Creel, respectivamente, pertenecen al grupo político de Manuel Espino, el saliente presidente nacional del PAN, que en sus esfuerzos por ampliar su feudo de poder frente al gobierno de Felipe Calderón, los impuso como jefes de los azules en el Congreso. Está claro que a partir de la segunda mitad del mes de diciembre próximo el señor Manuel Espino dejará de ser el presidente nacional del PAN y que dejará de tener influencia para apoyar a Larios y Creel como jefes de los diputados y senadores del PAN. También está claro que el nuevo presidente de los azules tiene entre sus facultades las de nombrar a los responsables de esos cargos. Y resulta aún más claro que Larios y Creel fueron artífices fundamentales de las reformas fiscal y electoral. Frente a ese nuevo escenario, salta una pregunta fundamental. ¿Qué va a pasar con Santiago Creel y con Héctor Larios ante la casi segura llegada de Germán Martínez como nuevo presidente del PAN? ¿Se mantendrán en sus respectivos cargos los dos legisladores vincu- lados con Manuel Espino y promotores exitosos de las reformas? Las respuestas ya están a la vista de todos. Por lo menos en el caso de Santiago Creel. Como dijimos aquí en distintos momentos, el otrora feroz adversario de Felipe Calderón en la búsqueda de la candidatura presidencial por el PAN, Santiago Creel, se desprendió del grupo de Espino desde hace meses, se alió al grupo de Felipe Calderón y desde el Senado se convirtió en el brazo ejecutor del Presidente, y hasta formó su propio grupo. Apenas en horas recientes, por si fuera poco, uno de los leales a Creel, el senador Humberto Aguilar Coronado, retiró su precandidatura a la jefatura nacional del PAN. ¿Cuál es el mensaje? Que Creel no sólo está con Calderón, sino con Germán Martínez Cázares. ¿Y qué más? Que lo más probable es que siga como jefe de los senadores azules. El de Héctor Larios es un tema que se cuece aparte. En efecto, nadie puede cuestionar su eficacia en las reformas fiscal y electoral. Pero el jefe de los diputados panistas no las tiene todas consigo, ya que sus pares azules en San Lázaro lo identifican con Espino. Aun así, en el PAN son claras las señales de que impulsarán la reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión. Uno de los coordinadores fundamentales de la campaña de Germán Martínez a la presidencia del PAN es nada menos que Javier Corral, el odiado especialista en medios que han boicoteado las televisoras. La señal es clara. En el PRD el problema se antoja aún de mayor complejidad. Las reformas alcanzadas fueron producto de que el grupo mayoritario de los amarillos, tanto de diputados como de senadores, pertenece a Los Chuchos. Y si bien ese grupo tiene amplias posibilidades de alcanzar la presidencia nacional del PRD, nada está seguro. Así, ante la eventualidad de que la dirigencia de los amarillos quede en manos del grupo de López Obrador, se amplían las posibilidades de que Carlos Navarrete en el Senado y Javier González Garza con los diputados sean removidos como jefes de esos dos centros reales de poder. Y ante esa hipótesis, es muy probable que se rompan los frágiles equilibrios que hicieron posibles las reformas ya citadas, y hasta parece imposible que se siga con la proyectada reforma a la Ley Federal de Radio y Televisión. Por increíble que parezca, las televisoras son las más interesadas en el triunfo de López Obrador en la lucha por la dirigencia nacional del PRD. ¿Quién lo hubiera dicho? Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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