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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
23 de octubre de 2007

AMLO: suma de errores

Para Bucio, “es indispensable que los candidatos tengan la madurez necesaria para saber ganar o perder”

A 15 meses de distancia, Andrés Manuel López Obrador parece no haber aprendido nada

En momentos en que abundan las se- ñales de que el Partido de la Revolución Democrática vive una de sus divisiones más profundas —una pelea catalizada por el reconocimiento y/o el rechazo al gobierno de Felipe Calderón—, está a punto de ver la luz uno de los más serios diagnósticos del proceso electoral de julio de 2006 que, según su autor, Marcos Bucio, confirmó que en democracia “las elecciones las gana el candidato que menos errores comete”.

Acaso por eso el título del libro: Suma de restas, en el que el autor analiza las diferencias estratégicas de las campañas electorales del PAN y el PRD, que enfrentaron ante los electores a Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador, la primera elección en muchas décadas en la que el PRI no fue actor central, sino que la contienda se resolvió entre la derecha y la izquierda partidistas.

Marcos Bucio es un consultor político y estratega electoral —fue diputado federal por el PRI y vocero de la campaña de Francisco Labastida en la elección de 2000—, y precisamente por su equidistancia lo mismo de los azules que de los amarillos cobra importancia su diagnóstico sobre lo ocurrido en julio de 2006, en el que concluye que más allá de las intromisiones del gobierno de Vicente Fox, de grupos empresariales y de la incapacidad de Andrés Manuel López Obrador por probar el presunto fraude, no sobra decir que, en democracia, “es indispensable que los candidatos tengan la madurez necesaria para saber ganar o perder”.

En Suma de restas, Marcos Bucio empieza por contrastar las elecciones y las campañas de 2000 y 2006, las dos primeras de la alternancia en México luego de siete décadas de PRI. De la primera dice: “Se pareció más a un plebiscito popular”, en el que la gran pregunta fue si los electores querían o no que el PRI siguiera en el poder. El principal candidato opositor de esa contienda, Vicente Fox, fue capaz de convertirse en un “mensajero creíble”, en una lucha en la que lo que menos le importó al electorado fue la ideología.

En cambio, la elección de 2006 fue diferente: “Por primera vez en México se enfrentaron proyectos ideológicos opuestos, modelos de desarrollo económico distintos. Un candidato de derecha identificado con el centro-norte industrial” que proponía “mantener y mejorar lo logrado” por la reciente estabilidad económica, que se enfrentó a un candidato de izquierda, identificado con el sur del país, que demandaba una nueva distribución de la riqueza y la construcción de un nuevo acuerdo político nacional que requería cambios estructurales.

Según el autor, las elecciones de 2006 “nos enseñaron que los electores no se inclinan de manera generalizada por criterios ideológicos”, sino que fueron “las ofertas al bolsillo” las que más influyeron en las preferencias. Es decir, se enfrentó el “Presidente del empleo” contra el “Primero los pobres”. ¿Por qué ganó el primero? Según Bucio, “porque los mexicanos estamos dispuestos a cambiar, como ocurrió en el año 2000, siempre y cuando ello no represente movimientos bruscos, confrontaciones o amenazas a nuestra normalidad o estabilidad”.

Pero la parte central del libro y del diagnóstico parecen localizarse en el análisis de la estrategia que siguió cada uno de los dos candidatos. En el caso del candidato Felipe Calderón, la estrategia de su equipo “contenía ejes de comunicación política que enfatizaban la intención de conservar la estabilidad económica, corregir la inseguridad pública, generar empleo, en fin, propuestas concretas orientadas a que la sociedad viva mejor”. En cambio, López Obrador diseñó una propuesta equivocada desde el punto de vista del entorno político, económico y social, ya que “el diseño de los mensajes correspondía ‘al humor político’ de los años 90, particularmente al México de la crisis económica de 1994 y los abusos de los banqueros”.

Uno de los grandes aciertos de Calderón —dice sobre el tema de la estrategia— “fue haber corregido sobre la marcha los errores de campaña”, mientras que López Obrador no hizo cambios sino hasta que había perdido la holgada diferencia que llegó a tener, de más de 11 puntos porcentuales. “No hay duda de que desde el diseño de la estrategia, es decir, desde antes de iniciar la contienda, Felipe Calderón empezó a derrotar a Andrés Manuel López Obrador”, asegura Marcos Bucio.

Otro aspecto fundamental fue el mensaje que los candidatos enviaron a los electores, ya que mientras que Calderón cambió hasta en tres ocasiones su mensaje, pasando por “Valor y pasión por México” a “manos limpias”, hasta llegar al “presidente del empleo”, López Obrador no modificó el “primero los pobres”, que si bien impactó a las mayorías en una primera etapa, se coaguló al paso de la campaña y le restó preferencias cuando el tabasqueño radicalizó su postura con severas críticas a banqueros y empresarios, a los que llamó “ladrones de cuello blanco”, hasta llegar al “cállate, chachalaca”, que le endilgó al presidente Fox.

En ese momento, dice el autor de Suma de restas, López Obrador le regaló a su adversario, Felipe Calderón, “un invaluable spot televisivo” que impactó en la conciencia del electorado. “El ‘cállate, chachalaca’ marcó el derrumbe de su campaña”. Y es que, según Bucio, “los electores distinguieron entre candidatos distintos; uno católico y otro no; uno respetuoso y otro irreverente; uno de izquierda y otro de derecha...”. Frente a esa polarización, las campañas negativas fueron veneno para AMLO.

Pero acaso uno de los hallazgos más interesantes de la investigación de Marcos Bucio es la que se refiere a la lucha que dieron Calderón y López Obrador por los votos del PRI. El primero arropó a un sector del PRI identificado con los tecnócratas, con el gobierno de Zedillo, mientras que el segundo recolectó a lo más cuestionado del priísmo, a los salinistas Manuel Camacho y Marcelo Ebrard, a pillos electorales como José Guadarrama, y hasta coqueteó con Manuel Bartlett. “Fue el voto del PRI el que le dio a Felipe Calderón la diferencia para romper el empate con López Obrador”, dice Bucio. Pero a 15 meses de distancia, López Obrador parece no haber aprendido nada. Y eso explica, en buena medida, la guerra en el PRD.

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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