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El milagro de Monreal La ira de Fox Palabra de líder
Hace frío en Plateros, Zacatecas. A las afueras del templo dedicado al Santo Niño de Atocha, llega un hombre que año con año cumple una manda de realizar una peregrinación a este santo. A la entrada principal, las vendedoras de rosarios y figuras religiosas lo reconocen. Se trata de Ricardo Monreal Ávila, ex priísta, ex gobernador de este estado, ahora senador y hasta hace unos días, perredista con derechos suspendidos. Pero ahora, además de la peregrinación, viene a dar gracias por un enorme favor realizado. Está cansado; le cuesta mucho trabajo avanzar, pero sabe que la fe —y los derechos políticos— es lo último que se pierde. Antes de cruzar la puerta sabe que por respeto se debe de quitar la cachucha amarilla con el logotipo del sol azteca que trae. Así lo hace. Ya dentro del santuario, comienza a dar gracias: —Bendito seas por siempre Santo Niño de Atocha, espero que no te sature con tantas peticiones que te he hecho, y las cuales me has cumplido. Nunca me has fallado. Avanza más cuadros del mosaico, y llega hasta la primera fila. Voltea hacia atrás y ve que el templo está vacío. No hay nadie más. —Ricardo, Ricardo, nuevamente aquí. Con cara de susto, piensa que le habla la imagen a la que fue a venerar. —No te espantes. Tú y yo somos uno mismo, la misma persona. Soy tu Ricardo interno (¿o espiritual?) Dando un fuerte suspiro responde: —Uff. Menos mal. —Ahora a qué vienes aquí. —Si eres mi otro yo, sabrías que me acaban de quitar ese castigo, el que me impuso mi partido. —¿A poco regresamos al PRI? —No, me refiero al PRD. —¡Ah! Bueno…. —Ya el Tribunal Electoral me dio la razón. Soy inocente. Sigue hincado, pero ya bajó sus manos. Se sienta sobre sus pies y hace un poco de memoria, y voltea a ver la imagen que venera. —Mmm. ¿Pero no dudabas de los magistrados del TEPJF? —¡Jamás, jamás! Haciendo la señal de la cruz con su mano derecha, contesta: —Por ésta que no. Te lo juro. Poniendo sus manos como si fuera a orar, continúa debatiendo sobre la fe en el Tribunal. —Pero si apenas en agosto de 2006 decías que ese Tribunal actuó como un juzgado de barandilla. Poniendo cara de senador regañado, Ricardo Monreal responde: —¿Yo dije eso? —Claro, cuando no aceptaron el recuento de voto por voto, casilla por casilla, para que supuestamente se avalara el triunfo de tu mesías… digo, de AMLO. Decide pararse y se dirige hacia el sitio destinado a las veladoras. Toma una que ya tiene la mecha quemada, pero intenta prenderla. —Esos eran otros tiempos. —Qué, ¿ahora lo vas a negar? Coloca la pequeña veladora en una de las bases que están vacías, y regresa a la banca… de madera, no la banca política. —Caray, pensar que desde 1998 vengo a darte gracias. Recuerda que primero fue por la gubernatura. Además, no sólo te visito cuando necesito algo. También he venido a peregrinaciones. —Bueno, la verdad, tú lo sabes bien, nada más me fallaste una vez. —¿Te refieres a que le pediste llevar una buena relación con Amalia García? —No. Eso es otra cosa. Responde haciendo el ademán como si intentara deshacerse de algo. —¡Ah! Ya sé. Te refieres a que le pediste pasar inadvertido cuando ayudabas a tu hermano, David, siendo candidato del PT, a la presidencia municipal de Fresnillo. —Tampoco. Esa fue ayuda de hermano a hermano. No fue mano negra ni nada de eso. —Pero dicen que violaste los estatutos, donde se estipula que no se puede apoyar a candidatos de otros partidos. —Qué, ¿a poco si tu hermano te pide que le eches una mano, no se la das? —Mmm. ¿Entonces qué fue? Voltea a ver que no haya nadie a su alrededor. Recarga su cabeza en el respaldo de la banca delantera, y en voz baja, como si se estuviera confesando responde: —Me refiero a que mi Santo patrono… digo, mi patrón, digo, mi presidente legítimo, Andrés Manuel López Obrador, me pidió que si era tan milagroso le pidiera que ganáramos hace más de un año, pero ya sabes… —¿Pones en duda la ayuda del Santo Niño? Rápidamente levanta la cabeza y responde:. —Jamás. Nunca de los nuncas. ¡Lo juro por mi amistad con Carlos Abascal! Se pone las manos en su cara, como si estuviera arrepentido de lo que hizo. —Creo que hizo falta que López Obrador hiciera una peregrinación. Recuerda que a nosotros nos dio resultado. Se despide del Santo Niño, y comienza a caminar hacia la salida del templo. En cada imagen se detiene y les pide que intercedan por sus causas. Ya casi para llegar a la salida, se detiene y se recarga en una de las columnas: —Antes de irme, me da pena, pero quiero pedirte un último favor. Quita la cara de pena y la cambia por una de verdadero asombro, y voltea a ver que nadie escuche lo que dice. Eso sí, observa que el cielo se pone negro, amenazando con llover. —Mira Santo Niño. Te juro que si me ayudas con esto, te hago un Cristo como el de El Cubilete. Se pone justo en medio de la iglesia, en medio de las bancas. —Espero que me entiendas… Tú desde allá arriba sabes que vienen elecciones en mi partido. Entrelaza sus manos como si fuera a rezar. Y de sopetón le hace la petición: —Y la verdad creo que me merezco ser presidente de mi partido, el de la Revolución Democrática… En su cara se dibuja una sonrisa. —Ahora, que si quieres una del tamaño del Cristo Redentor, en Brasil, hazme el milagro de llegar a ser presidente… pero en 2012. katia.katinka@gmail.com . RECUENTO
El show de Vicente Fox. Y no es el nombre de un programa de televisión. Perdió la cordura en una entrevista con Telemundo, en Estados Unidos, justo cuando le preguntaban sobre la propiedad del rancho La Estancia y los libros que lo documentan. Cuauhtémoc Cárdenas declaró que es necesario reconocer al gobierno del presidente Felipe Calderón, quien “está gobernando” al país. En el mismo sentido declaró la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Ruth Zavaleta. ....
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