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    La voz invitada
Jorge Meléndez Preciado
17 de octubre de 2007

¡De dos a tres caídas, sin límite de tiempo!

En más de 20 años Lourdes Grobet fue yendo y viniendo por muchas partes de la República y de manera continua en las diferentes arenas de la capital (las más simbólicas: la Coliseo de la calle de Perú y la México de la colonia Doctores) para recoger momentos, situaciones, acciones, rostros y encuentros de lo que hoy nuevamente es un espectáculo masivo, en donde confluyen lo mismo el humilde que el clasemediero en extinción y hasta algunos pudientes (antaño, riquillos o burgueses).

Espectacular de lucha libre de la mencionada fotógrafa (Océano, UNAM) presenta una buena selección de quienes han pasado por el encordado y fueron o son ídolos de la afición mexicana. Y es que en ese arte, deporte, espectáculo, danza, teatro, transfiguración, la casi totalidad de los “héroes” vienen de abajo y se enfrentan con pasión, aunque como dice Roland Barthes “un luchador puede irritar o disgustar, pero jamás decepciona, pues siempre realiza hasta el final —por una consolidación progresiva de los signos— lo que el público espera de él” (pág. 314).

Es por ello que tenemos a rudos y técnicos —en ocasiones intercambiables, ¿prefiguraciones de la actual política?—, sino incluso a ellas, quienes siguen discriminadas de muchos escenarios; a los “perfumados”, que en Oaxaca reciben el nombre de muxes y antes llamados “la tercera ola”, y hasta los enanos, quienes parecieran más circo que drama. Universos que en ocasiones se han fundido pero suelen tener sus lugares definidos.

A todos ellos presenta Lourdes con atención, descubriendo momentos no morbosos o fáciles sino elocuentes, correctos, encontrando la dimensión de cada uno.

Como dice la colaboración final, también Grobet nos descubre las réplicas en la vida política (Superbarrio, Marco Rascón, Marcos y el EZLN), la entrega a la causa (doña Virginia Aguilera) y hasta la devoción para ayudar a los demás por medio de esa “salvaje” profesión (Fray Tormenta).

La lucha, no se sabe bien, tiene altos riesgos. Hay muchos que han sufrido graves accidentes y dejado todo en el ring: Perro Aguayo, Vampiro Canadiense, Gori Guerrero (el primer compañero de El Santo, cuando éste era rudo) y una profusa lista. Y las horas de preparación de alguna rutina o el descubrimiento de nueva llave, son tan largos y tediosos como un ajedrecista que entiende necesario repetir la jugada hasta el infinito con el objeto de pulsar las respuestas.

Me formé de chavo con las luchas por televisión y leyendo el semanario Box y lucha. Las primeras se suspendieron en 1954 por órdenes del llamado Regente de Hierro, Ernesto P. Uruchurtu, ya que se decía: un niño al aplicar la llave de “a caballo” (invención de El Santo) desnucó a su amigo. La publicación con 56 años de vida, la dirige actualmente el doctor Alfonso Morales, que se formó como locutor en Canal 11.

En los años 50, como dice Carlos Monsiváis —aficionado al pancracio— en el texto inicial, había atletas como Sugi Sito, El Médico Asesino, Tarzán López, la Tonina Jackson y “el portentoso Cavernario Galindo”. Hoy puntean Místico, El Doctor Wagner, Octagón, Superpayaso y muchos otros.

No están todos en la portentosa investigación de Lourdes, pero si encontramos infinidad de fotos admirables. En la portada del libro hay una luchadora enmascarada amamantado a un niño. ¡El elixir del desafío es algo que al paso de los decenios sigue presente!

jamelendez@prodigy.net.mx

jamelendez44@gmail.com

 
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