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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
17 de octubre de 2007

Bocones nada responsables

Hemos presenciado ejemplos de la ligereza y hasta irresponsabilidad declarativa

Si hay pruebas de que el narcotráfico penetró partidos y empresas, ya se debió haber actuado

Es conocido por todos que faltar a la verdad, desacreditar sin pruebas al adversario y adulterar deliberadamente los hechos son prácticas a las que de tanto en tanto recurren políticos, servidores públicos y hasta empresarios, cuando se trata de dirimir disputas por el poder, sea político o económico.

Y en los días recientes los ciudadanos hemos presenciado ejemplos formidables de la ligereza y hasta irresponsabilidad declarativa de políticos, servidores públicos y empresarios, quienes sin ofrecer prueba alguna lo mismo aseguran que el narcotráfico penetró a partidos políticos, sectores empresariales, y a elevados niveles del PAN; los hay, incluso, que sin evidencias acusan en la plaza pública a la familia presidencial Calderón-Zavala de enriquecimiento desmedido.

Y no es que se pretenda negar y/o aceptar a priori que el crimen organizado y el narcotráfico hayan penetrado a partidos políticos, en mayor o menos medida, y tampoco que ese flagelo haya anidado entre sectores empresariales. Y tampoco se puede negar y/o asegurar que aún sin cumplir un año en el cargo, la prole Calderón-Zavala se haya enriquecido. Todo eso, y lo que se le antoje a las mentes calenturientas del poder político, público o empresarial, está dentro de lo posible.

Pero resulta que quienes acusan o desacreditan sin pruebas y adulteran la realidad con fines políticos, no sólo abonan las semillas del odio y la intolerancia —buenos contra malos, pobres contra ricos, honestos contra ladrones—; no sólo denigran la política y el ejercicio del poder, sino que se exhiben como lo que en realidad son: mentirosos, irresponsables y hasta bocones. Y entonces todos ellos se colocan en la misma categoría de los linchados de la temporada, los señores Fox y Madrazo.

Y viene a cuento el tema porque el racimo de declaraciones locuaces e irresponsables se inició el pasado jueves en Ciudad Juárez durante un encuentro empresarial en donde el presidente de la Coparmex, Ricardo González Sada, dijo: “Las redes del crimen organizado y los fondos del narcotráfico se han enfrentado en empresas y en campañas electorales a través de los partidos políticos”. Explicó que el problema fue reconocido por los propios partidos, al prohibir las candidaturas independientes para evitar el financiamiento por parte del narcotráfico.

¿Cierto o falso? En efecto, la PGR tiene una lista de empresas que han servido para lavar dinero y que son públicas. ¿A esas se refería el señor González Sada? Si son otras empresas, debe saber cuáles son. ¿Por qué no dice cuáles? Pero además debe otra aclaración. ¿A qué campañas electorales se refiere cuando dice que han sido penetradas por el narco? ¿Qué partidos y qué candidatos? Por si fuera poco, parece que alguien le tomó el pelo cuando le dijo que los partidos se negaron a las candidaturas independientes por razones del narcotráfico. La razón de fondo es otra, emparentada con la negativa a la reelección; la sobrevivencia de la partidocracia.

A la poco o nada sustentada declaración del líder empresarial, en el mismo evento pero durante su participación en la sesión del viernes, el señor Francisco Ramírez Acuña, secretario de Gobernación, dijo: “Es correcto que este flagelo (el del narcotráfico) ha llegado a los partidos políticos… y a algunos núcleos empresariales”. La pegunta resulta obligada: ¿Cuáles partidos y cuáles empresarios, señor secretario? Si tiene la misma información que el líder de la Coparmex, Francisco Ramírez Acuña no puede hablar en abstracto.

Y es que si tiene las pruebas de que el narcotráfico penetró a partidos y empresas, las autoridades competentes ya debieron haber actuado, cancelado el registro a los partidos responsables de esa peligrosa ilegalidad, hecho presos a los políticos y candidatos implicados y hasta haber quitado el cargo a los que habrían ganado un puesto público mediante el apoyo del narcotráfico. Los empresarios culpables también debieran estar en prisión. Si se tienen las pruebas, si las tiene el responsable de la gobernación interna del país, ¿qué espera para actuar?

Las dos declaraciones —que no pasarán de ser irresponsables y hasta temerarias en tanto no se actúe en consecuencia—, se atemperaron con el fin de semana. Pero el mismo domingo apareció otra acusación no menos locuaz. En su gira por Puebla, el pasado domingo, Andrés Manuel López Obrador acusó en la plaza pública: “Familiares de Felipe Calderón se han enriquecido del poder público… nada se comenta de que se han hecho ricos, de la noche a la mañana, los hermanos Zavala, al amparo del poder público y nadie los toca ni con el pétalo de una rosa”. ¿Y las pruebas?

Ni una sola prueba. La burda descalificación del adversario —en este caso del enemigo—; la calumnia y la difamación como herramientas políticas privilegiadas. ¿Y quien le pidió a AMLO una explicación? Nadie. Siembra odio, dudas —como las del fraude—, pero no prueba nada. Aliena la intolerancia y el linchamiento, pero todo se justifica. ¿Dónde está la responsabilidad de un político que es el líder de millones de mexicanos? ¿No tiene ninguna obligación con la verdad, con la ética política? O es que como los otros son ladrones, mentirosos e irresponsables, él también debe serlo. Todo indica que sí. Calumnia, difama, miente, que algo queda.

Pero faltaba la perla. El pasado lunes, durante su informe, el gobernador Humberto Moreira, de Coahuila, se enojó porque los diputados del PAN lo dejaron solo. Empezó una andanada de insultos. Luego, en una conferencia de prensa, acusó a la dirigencia del PAN y a legisladores locales de estar involucrados en el narcotráfico, además de que responsabilizó al presidente Calderón de lo que pudiera ocurrirle. ¿Y las pruebas de su acusación?

No existieron, claro, y se aventó la puntada de salir por la tangente: “Todos las conocen”. En realidad el señor Humberto Moreira es el político al que enloquece el poder. Ha convertido a Coahuila en un virreinato familiar, despótico y alejado de los principios básicos de la división de poderes, la transparencia y la democracia. Y sí, se confirma que el poder o la búsqueda del poder, sea político o económico, los hace iguales.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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