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Jacobo Zabludovsky
15 de octubre de 2007

Reconquista

Doce de octubre, 10 de la mañana. Camino por una ciudad evacuada.

Las calles se hicieron anchas, se recuperó el tezontle y la cantera, se fueron el plástico y los colores chillantes, también el olor de barbacoa y aguas frescas, callaron los gritos y la música de los tenderetes, las banquetas recuperaron su espacio antiguo, las hornacinas descubren sus santos, la gente habla en voz baja y mira el vacío con ojos de asombro. Piso los vericuetos en los que hace casi 80 años aprendí a caminar y por primera vez descubro lo que había detrás de los puestos tan integrados al paisaje que parecían inamovibles. No lo eran. Este día, dentro de unas horas, en el Salón de Cabildos de la ciudad de México, se dará fe notarial de un hecho que transforma, más que ninguno otro anterior, la fisonomía del centro histórico. Empecemos por decir de qué hablamos cuando hablamos del centro.

La mañana del 18 de julio de 1325 los aztecas se apoderaron de un pequeño islote de orillas irregulares que por el norte llegaría a la actual calle de Costa Rica, por el sur a la de Uruguay, por el oriente a la de Leona Vicario y al poniente no pasaba de Bolívar. Acudo a Jesús Romero Flores, Clavijero, García Cubas y otros cronistas, quienes afirman que en dos siglos del imperio azteca se fue ampliando el islote con terraplenes y por desecación de la laguna. En 1519, cuando los españoles se asomaron al valle desde los volcanes en un paraje llamado por eso Paso de Cortés, la isla que vieron abarcaba ya lo que son las calles de Perú, por el norte, con una prolongación hacia Tlatelolco en la que se conservó una pequeña laguna, una lagunita que fue llamada Lagunilla, heredándole su nombre al barrio. Por el sur San Pablo, San Jerónimo, Fray Servando y Chimalpopoca, por el oriente San Lázaro y por el poniente eje Lázaro Cárdenas, tal vez hasta Balderas. Varias calzadas unían esa isla con otras y tierra firme. En el centro del islote el enorme conjunto ceremonial, el Templo Mayor, adjunto al zócalo, corazón geográfico, religioso, político y comercial del perímetro del centro histórico que desde hace tres días está libre de ambulantes.

Algunos observadores superficiales creen que este problema es eso: superficial. Se equivocan. Es una compleja concurrencia de conflictos viejos y nuevos que abarcan aspectos sociales, económicos y urbanos junto con otros no deleznables: costumbres de compradores transmitidas de generación en generación desde hace siglos, hábitos de comerciantes creadores de estilos en compra-venta de cosas y servicios, configuración de calles y plazas. Es significativo, ocurre en todas las trazas urbanas de inspiración española, ver avecindados en nuestro zócalo los cuatro poderes básicos, como el del imperio en la época de los aztecas, más tarde el virreinal y desde la Independencia el federal; el municipal, de la ciudad; el de la Iglesia y el de lo que hoy llamamos iniciativa privada, el de los comerciantes. Así, el límite oriente del zócalo es el Palacio Nacional, el norte es la Catedral Metropolitana, el sur es el gobierno de la ciudad y el poniente de los empresarios, por cuya presencia, desde la conquista, ese lugar pasó a llamarse Portal de Mercaderes.

No hay crónica que no mencione los puestos callejeros por muy antigua que sea. Fray Bernardino de Sahagún y Bernal Díaz del Castillo describen los de Tlatelolco y otros mercados con admiración por la variedad de su ofertas, la grandeza y orden de su disposición y la estructura de su organización práctica y legal. Códices, dibujos, litografías, pinturas y fotografías han dejado testimonio de un comercio florecido a lo largo de los siglos en las calles de la ciudad.

En cierto momento los mercados rompieron sus muros, rebasaron lo tolerable, alteraron el orden del vecindario. La agresión a la calidad de vida de los residentes se agravó con la multiplicación demográfica que en menos de un siglo pasó de uno a 100 millones de habitantes. Compradores y vendedores aumentaron en la misma proporción y desbordaron los arcaicos perímetros destinados a comprar y vender. Igual pasó en muchas ciudades del mundo. El peruano Hernando de Soto estudió el fenómeno dándole el nombre de economía informal, demostrando, con cifras, el peso decisivo que esta actividad callejera tiene en las economías de todos los países. El asunto era, es, más profundo que el del aspecto urbano o las molestias a los caminantes. El desalojo de las vías públicas dejó de ser cosa de policías o de camiones con grúas. Los comerciantes callejeros no pueden ser tratados como delincuentes porque, precisamente para no delinquir, comercian, y lo hacen donde pueden. Conciliar las necesidades vitales de los vendedores con los derechos ciudadanos requiere inteligencia, capacidad de negociación, energía y prudencia a la vez, vías de solución concertada, nunca el uso de la fuerza.

Y esta mañana camino entre hombres y mujeres sin brújula, pasmados, como quien vuelve de un desmayo y pregunta dónde estoy, las manos en las bolsas, venían a vender, a comprar o a estar ahí entre los otros. Algo cambió en las viejas casas: ya no son habitaciones, en ellas no vive gente, no hay residentes: son bodegas, almacenes, talleres, depósitos de peluches o faldas. Obra de los tiempos y los cambios. Le pregunté ayer a Marcelo Ebrard si no habrá marcha atrás. No volverán, me dijo.

Habrá que ver si esa segunda parte se cumple. La primera fue moverlos más allá de la orilla del desaparecido islote.

 
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PERFIL
 
Periodista y licenciado en Derecho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de México. Inició sus actividades periodísticas en 1946 en Cadena Radio Continental como ayudante de redactor de noticieros. En 1950, al empezar la televisión en México, inició la producción y dirección del primer noticiero profesional de la televisión mexicana y desde entonces, ininterrumpidamente, dirigió y presentó tele noticieros hasta el 30 de marzo de 2000. Fue catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Durante 27 años dirigió y presentó el programa periodístico de televisión “24 HORAS” transmitido en red nacional por Televisa en la República Mexicana. Del 1º de septiembre de 2001 a la fecha conduce el programa "De una a tres” de Radio Red y "La 69" de Radio Centro.
 
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