Buscar en:
  
   
    Campos Elíseos
Katia D´ Artigues
14 de octubre de 2007
¿Qué le pasa a Manuel Espino? —Comió machaca y quedó algo indigestado. —Quiere presumir cómo ha bajado de peso. —Vio la foto de Felipe Calderón y hasta el estómago le dolió. —Siente que alguien lo vigila… (Foto: Lucía)

Los pecados del padre
El trote de Madrazo
Incertidumbre judicial

(El siguiente relato no es nocivo para la salud. Es un cuento, historia, o como quiera llamarle, pero cualquier similitud con la realidad es, claro, a propósito).

Vaya caos y guerra que en las últimas se-manas se ha registrado en el centro histórico de la ciudad de México. Es el último domingo previo al reordenamiento del comercio ambulante en esta zona, por parte del gobierno del DF.

La vendimia está en su nivel más alto. Muy poco se puede caminar.

Justo ahí está la Catedral Metropolitana, donde acaba de finalizar la misa de mediodía, encabezada por el cardenal Norberto Rivera Carrera, quien presuroso abandona el templo y se dirige a su camioneta.

Se sienta en la parte trasera, buscando que no sea visto por los manifestantes que lo esperan afuera, gritando consignas en su contra…

—Perdónalos, Padre, no saben lo que hacen— dice uno de sus asistentes. Rivera Carrera mueve su cabeza de un lado a otro.

Se coloca en el asiento trasero y cierra los ojos. Dos monjas que lo acompañan y su mamá le aconsejan que descanse.

La camioneta intenta salir hacia República de Guatemala. Apenas avanzan unos metros y un grupo de personas se para frente al vehículo, obligándolo a frenar.

—Ri-ve-ra Ca-rre-ra, el infierno te espera… Ri-ve-ra Ca-rre-ra, el infierno te espera —gritan e intentan mover la camioneta. Dentro, las imágenes son de zozobra.

—Caray, cómo no tengo una camioneta como la de la señora Elba Esther Gordillo, que graba todo.

Le pide al chofer que no pierda de vista los carteles y botones que llevan:

—Dicen “Resistencia Civil y Pacífica”, santo padre…

Rivera Carrera con cara de extrañamiento le pregunta a su chofer lo que acaba de decir:

—Perdón, sólo quise decir señor cardenal.

—Uy, se oyó bonito eso.

Cerrando los ojos, el cardenal hace memoria de la cara de una de las mujeres que está frente a su auto. Fija su mirada al frente, en el parabrisas, viendo a una de las manifestantes. Es Julia Klug, la misma que lo persigue por todos lados.

—Parece mi sombra —murmura.

Justo cuando la camioneta logra avanzar, él da un fuerte respiro.

—Norberto… tú y las sombras que te persiguen…

Con cara de susto, sólo abre los ojos y los mueve de izquierda a derecha buscando de dónde viene esa voz.

—No te espantes, soy yo, tu otro Norberto.

—Otra vez tú, ¿también queriéndome confesar?

—¿Ah sí? Entonces, a ver, dime tus pecados, hijo mío.

—Calla, bien sabes que no tengo.

Cruzando sus brazos, nuevamente cierra los ojos.

—Si te das cuenta, desde hace años, eres un santo cliente de las protestas de estas ovejas descarriadas…

—Se supone que con el señor Fernández Noroña ya habíamos firmado la paz.

—¿Lo perdonaste luego que hace más de seis años te viniera a aventar hasta una lengua de res?

—El odio no te lleva a nada, si Cristo perdonó, ¿por qué yo no habría de hacerlo?

—Pero esto ya es mucho. ¿No crees que ya sea justo que los denuncies, que los aplaques?

—Tu tranquilo, no te espantes, de eso se encargará Hugo Valdemar, patrono de las discusiones difíciles en los medios de comunicación —piensa mientras en su boca se forma una leve sonrisa.

—No, no, no. No le puedes restar méritos a José de Jesús Aguilar.

—De ninguna manera. Él ya es casi todo un actor, ¡hasta su libro tiene! Pero volvamos a lo primordial: el perdón.

—¿A Gerardo?

—Por supuesto que lo perdono.

—¿A Jesusa Rodríguez también la perdonas?

—Claro, con ese nombre, a Chucha, a Los Chuchos…

—¿Apoco ya perdonaste también al PRD?

—Yo no tengo nada que perdonarles. Yo no estoy peleado con ellos. Creo que son ellos conmigo.

—¿Y a Sanjuana?

—A San Juan ya.

—Dije Sanjuana… Sanjuana Martínez.

Inflando un poco sus cachetes, decide no responder, y poniéndose sus dos manos sobre el pecho, y sus dedos entrelazados, Rivera Carrera gira sus pulgares en forma de círculo.

—Se me hace que lo que no te perdonan, ni te perdonarán, es lo que dijimos en agosto de 2006, cuando arreciaron los ataques en tu contra.

—¿Qué dije?

—Te lo recuerdo… “Estoy triste... si se lo hiciera a otra persona pasaría, pero que se lo haga a un amigo, creo que es muy grave... a un amigo no se le paga de esa manera”, y culpaste directamente a Andrés Manuel López Obrador de esas agresiones que apenas empezaban.

—Mmmm.

—Ah, ¿verdad? Posiblemente sea eso lo que los perredistas no te perdonan.

—Ni modo, qué le vamos a hacer. En la viña del Señor hay de todo.

—No sé que opines, pero creo que este año no es el tuyo, ya has tenido muchos ataques. No podemos olvidar el de Los Ángeles…

—Y los arcángeles.

—No, no me refiero a esos tipos de ángeles, sino a las acusaciones en tu contra en Los Ángeles, California.

—Calla, calla. Bien sabes que en eso no tenemos nada que hacer ni opinar.

Le pide a su chofer que encienda el estéreo. Quiere escuchar si la agresión en su contra ya es noticia.

—Si tan sólo ya tuviéramos nuestra concesión, hasta en vivo entrábamos.

—No te preocupes, bien sabes que en eso anda Iñi.

Se refieren al cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Íñiguez, quien pidió a la Secretaría de Gobernación una concesión para radio.

—Yo le pondría Radio Cardenal. ¿O Púrpura Radio?

Justo antes de llegar a las oficinas del arzobispado, otro contingente lo espera con protestas.

Las dos religiosas, su mamá y el chofer lo voltean a ver. Y él sólo atina a elevar sus manos.

—¡¡Que alguien por favor me diga cuál es el crimen del padre Rivera!!

katia.katinka@gmail.com

.

RECUENTO

La explicación que dio el priísta Roberto Madrazo a la comunidad deportiva, sobre su participación en el maratón de Berlín, y por qué, desapareciendo en 15 kilómetros, sí llegó a la meta. ¿Y los organizadores que lo desconocieron en el primer lugar en su categoría?

La serie de entrevistas, conferencias y declaraciones que ha hecho el ex presidente Vicente Fox a lo largo de Estados Unidos, defendiendo su administración y sus propiedades. Diciendo que los ranchos se los debe a su trabajo y a la herencia de su abuelo, hasta que él no “usa” (sic), pero sí maneja el jeep rojo… pero no es de él. Ni la Hummer.....

 
BÚSQUEDA
Autor:  
Columna:
 

PERFIL
 
Katia D'Artigues Beauregard nunca quiso ser columnista política. Quería ser monja, ingeniera, arqueóloga, historiadora, filosa.. digo, filósofa, gente de teatro y claro que quiere ser escritora. Porque...
 
 
Columnas anteriores
 
¡¿Quién lo calla?!
Libertad y concesiones
Lo “habitual” de Madrazo
2007-10-12
 
Discursos y concesiones
‘Fox News’
Que gane para la próxima
2007-10-10
 
Las prisas de Espino
Fox ante las cámaras
Elecciones a la oaxaqueña
2007-10-08
 
La reina que todos quieren
El canto del Presidente
Se va o se queda
2007-10-07
 
Los números de Madrazo
Terapia panista
Fox, a módicos precios
2007-10-05
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL