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Inflación a la baja
Como le decíamos el martes, nada de inflación desatada ni mucho menos. Durante septiembre, los precios subieron a una tasa anual de 3.8%, menor a 4% que veníamos arrastrando desde hace prácticamente un año Así que el mes en el que, según los escandalosos, había “gasolinazo” y repunte inflacionario, es el mes de menor crecimiento de los precios en más de un año. Para que no les haga usted caso a los de la alharaca. La inflación, como ya hemos comentado, responde hoy a diferentes causas. Para los bienes básicos (tanto materias primas industriales como energéticos y granos), es el mercado mundial el que manda. Y no puede uno hacer como que no los conoce y tratar de sembrar todo lo que vamos a comer. Nomás porque no se puede. Quienes quieren soberanía alimentaria, y con eso se refieren a producir todos los alimentos para los mexicanos, no tienen la menor idea de la aritmética. Si en este país hubiera 20 millones de habitantes, sería fácil darles de comer a todos. Pero somos más de 100 millones, y para eso no alcanza el territorio nacional, que no es de las mejores tierras del mundo ni cuenta con agua de sobra. Así que tenemos que comprar algunas cosas fuera. No compramos maíz para consumo humano, al menos normalmente. Pero sí compramos mucho maíz para animales, sorgo, trigo para humanos, soya, y a cambio vendemos frutas y verduras. Al final salimos más o menos a mano. Pero al entrar al mercado internacional, se tiene que jugar con sus reglas. Y las reglas son muy sencillas, cuando hay de sobra, los precios bajan; cuando falta, los precios suben. Como cualquier mercado. En los últimos años, por razones diversas, los mercados se han apretado. El maíz porque se quiere usar para otros fines, el trigo por el clima, el sorgo en respuesta al maíz, la soya por el crecimiento de China, y al final todos los granos han subido de precio. En promedio, el doble durante los últimos dos años. A cambio, hay muchísimos otros bienes que han bajado de precio. Es claro que no puede uno sustituir tortillas por hojas de papel, o pan por trozos de madera, así que la reducción de unos precios no compensa el alza de los otros. La sustitución entre bienes tiene límites. Pero, hasta el momento, no ha ocurrido nada que deba preocuparnos en exceso. Es más, el alza del precio internacional del maíz es una bendición para los campesinos que estaban preocupados por la fase final del TLCAN en enero próximo, cuando se abrirá el mercado de este grano. Así que ya no estén inventando problemas que no existen. La inflación en los últimos cinco años ha sido muy baja en México, comparada con lo que hemos visto en décadas previas. En promedio, en esos últimos cinco años, los precios han subido 4.3% anuales, para un total de menos de 25%. A mediados de los 80, en tres meses sumábamos la inflación que hoy acumulamos en cinco años. Pero, como siempre, los quejosos dicen que los precios no han subido igual para los pobres, y que ellos sí sufren frente al crecimiento de los precios. Bueno, pues eso tampoco es cierto. El Banco de México mide la inflación por niveles de ingreso, y para quienes ganan menos de un salario mínimo al mes, la inflación de estos cinco años suma 27.5%, un poco más que el promedio nacional, pero nada extraordinario. Para quienes ganan entre uno y tres salarios mínimos, la inflación es de 27%. Y entre esos dos grupos sumamos la mitad de los mexicanos. La inflación para el siguiente grupo, entre tres y seis salarios mínimos, es de 25%, y para quienes superan los seis salarios mínimos, es de 22.4%. La diferencia entre los más pobres y los más ricos, en inflación anual, es de 0.3%. La insistencia de algunos grupos en quejarse de la situación económica es ya un poco enfermiza. Ni hay problemas serios de inflación ni la poca que hay está sustancialmente concentrada en los más pobres. Ni tenemos problemas de alimentación, ni el comportamiento de los mercados internacionales amenaza a los campesinos mexicanos. Sí tenemos un problema de crecimiento y, por tanto de empleo, pero ese problema, como lo hemos visto con detalle, es resultado de nuestra incapacidad para establecer las bases mínimas de la competitividad, productividad o como quiera llamarle: capital humano, infraestructura y reglas adecuadas. Pero los grupos quejumbrosos no pueden salir de su problema mental: quieren pastorear a los más pobres para hacer negocio con ellos. Eso es todo, nada más. www.macario.com.mx
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