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    Usos del poder
Alfonso Zárate
10 de octubre de 2007

Rescatar al PAN

Este domingo el Consejo Político Nacional del PAN decidió adelantar los tiempos políticos. La sorpresiva propuesta de Manuel Espino fue atendida: en diciembre, y no en marzo, se elegirá al nuevo presidente del partido. Germán Martínez, el hombre de Calderón, tiene dos encomiendas: rescatar al partido y acercarlo a Los Pinos.

Martínez Cázares es un político entrón y claramente deslindado de la ultraderecha. Basta recordar la advertencia que lanzó en enero de 2005 sobre “la peligrosa derechización” del partido: “¡No nos van a vencer los nuevos meones de agua bendita y no les vamos a dar el gusto de salirnos de nuestra casa!”.

Presentes desde la fundación de Acción Nacional, los ultraconservadores acentuaron su peso político en las últimas décadas a través de militantes del MURO, Dhiac y El Yunque. En febrero de 2005, con el arribo de Espino a la dirección nacional, la ultra mostró el nivel de penetración que había logrado.

En aquella elección el grupo de Felipe Calderón apoyó a Carlos Medina Plascencia y perdió ante Espino. A partir de esa derrota, el grupo calderonista decidió revisar su estrategia y usar su conocimiento a fondo del partido. Lo que siguió fue la disputa por la candidatura presidencial. Espino se puso al servicio de la pareja presidencial y apoyó a Santiago Creel. Calderón los derrotó.

Después vino la batalla por la dirigencia partidista en el DF: Carlos Gelista, el candidato de los ultras, fue derrotado por Mariana Gómez del Campo. Más tarde, el intento de madruguete: reformar el método de selección de candidatos para llevarlo a una consulta abierta de la ciudadanía. El grupo de consejeros afines a Calderón, en minoría, decidió retirarse para evitar que se integrara el quórum y la decisión se pospuso. Después llegó una batalla decisiva, la Asamblea Nacional que decidiría la integración del Consejo Nacional que entró en funciones el sábado pasado; de nuevo, el calderonismo se impuso. Será este consejo el que elegirá al nuevo presidente del Comité Ejecutivo Nacional.

Germán Martínez no la tiene fácil: llegará a la presidencia del partido, pero una vez allí apenas empezará lo duro: rescatar a una organización que vive un momento difícil y enfrentar retos mayores que incluyen: a) la redefinición ideológica; b) la consolidación y el crecimiento (el PAN es una fuerza política marginal o prácticamente inexistente en muchas entidades federativas); c) la eficacia y la honestidad gubernamental (con excepción del gobernador potosino, Marcelo de los Santos, los gobernadores panistas están entre los peor calificados); d) el arribo a territorios inhóspitos (sobre todo donde se ubican los mexicanos más pobres); y e) el fortalecimiento de su maquinaria electoral (en los meses recientes perdieron Yucatán y Aguascalientes, y en otras elecciones locales mantienen su tenencia perdedora).

Para Calderón, rescatar al PAN es un imperativo. En el plano más pragmático y coyuntural: para seguir amarrando los hilos sueltos del ejercicio del poder, la falta de apoyo de la dirección de su partido ha favorecido la centralidad política del PRI; en lo simbólico: para mostrar a un Presidente que es el jefe real de su partido, como ocurre en otras democracias; para expropiarle el manejo de los aparatos (nacional y estatal) a grupúsculos que han abusado de las prerrogativas económicas, manipulado las candidaturas y manejado a su antojo las relaciones internacionales; para depurar su gabinete sobre la base de la eficacia y la lealtad (derrotar a Espino favorecerá deshacerse de los “compromisos” que se tradujeron en posiciones de gobierno), y para preparar la dura batalla de 2012.

En otro plano más estructural, recuperar a Acción Nacional tendría que implicar, como lo proponía Manuel Gómez Morín: dotar de ética al ejercicio público, formar ciudadanía, procurar el bien común y privilegiar el interés nacional. Trabajar en ese sentido significaría rescatar al partido.

 
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PERFIL
 
Alfonso Zárate Flores, director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C. (GCI), es licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM y maestro en Sociología Política por The London School of Economics and Political Science.

En el sector público fue, entre otros cargos, director general de Análisis Político en la Presidencia de la República, asesor del secretario de Relaciones Exteriores, asesor del subsecretario de Gobernación y en el ámbito académico fue director de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos (IMRED) y la Universidad Iberoamericana (UIA).

Es autor y coautor de numerosos ensayos y artículos y de varios libros, entre ellos, Los usos del poder, Fin de siglo, fin de ciclo y Fox: los días perdidos.

 
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