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Narro: delfín y continuismo
No faltan las voces que comparan esa elección del nuevo rector con un cónclave papal A nadie importó cambiar las reglas para la democratización y transparencia en la UNAM El doctor José Narro Robles se enoja cuando le dicen que es el delfín de Juan Ramón de la Fuente para ocupar la Rectoría de la UNAM por los próximos cuatro años. Enfático niega la especie y asegura que la sucesión en el rectorado universitario se llevará a cabo “con reglas claras y en donde nadie se puede llamar a la sorpresa”. Y del padrinazgo de Juan Ramón de la Fuente, que no pocos universitarios perciben no de ahora sino desde hace mucho tiempo, Narro Robles no se deslinda claramente, sino que prefiere deslindar al rector saliente: “Es un universitario respetuoso de las formas, de los tiempos y de las maneras”, señala en referencia a De la Fuente. Y tiene razón el doctor Narro. El relevo en la rectoría se llevará a cabo conforme a las reglas vigentes, y el rector De la Fuente ha dado muestras de ser respetuoso de las formas, los tiempos y las maneras. Pero ese no es el problema; lo que se cuestiona no está en el respeto a las reglas establecidas y menos se duda que sean cumplidas de manera correcta por los integrantes de la Junta de Gobierno. No, el problema está en las propias reglas, en su marcada obsolescencia y en su perfil poco o nada democrático y, sobre todo, en la forma autoritaria en que se elige a quienes aplican dichas reglas: la Junta de Gobierno. ¿Qué tiene de democrática y representativa la decisión de un grupo de 15 notables —por respetables que sean (que lo son) todos ellos—, que decidirán por una comunidad que suma, entre estudiantes y maestros, más de 300 mil personas? Por eso, no faltan las voces que comparan esa elección con un cónclave papal. Y se podrá argumentar que los electores, la Junta de Gobierno, son un grupo cuyos integrantes fueron ratificados por el Consejo Universitario, a propuesta del rector —en este caso 12 de ellos fueron propuestos por De la Fuente—, pero ese argumento confirma aún más el carácter sectario de esas reglas y que la elección de los rectores de la UNAM prácticamente se realiza a espaldas de los universitarios, sobre todo de los estudiantes. ¿Por qué el demócrata Juan Ramón de la Fuente no fue capaz de cambiar esas reglas obsoletas para el relevo del rector de la UNAM, si como dijimos aquí ayer, fue uno de los rectores que —luego de la caída del PRI en el poder presidencial— gozó de una impensable autonomía? La respuesta es muy fácil: porque a Juan Ramón de la Fuente no le interesa la democracia y la transparencia en los órganos de dirección de la UNAM, en tanto su rectorado confirmó su carácter de poder autónomo, pero también de poder cerrado, vertical y susceptible al “maximato”, que no es otra cosa que el motor de proyectos políticos personales. Pero la democracia y la transparencia que sobre todo los universitarios reclaman para la vida pública para los procesos electorales y los partidos políticos están ausentes en los órganos de dirección de la UNAM —y en sus procesos de sucesión—, y tampoco parece interesar a ninguno de los pretensos a suceder a De la Fuente. ¿Por qué? ¿A poco los aspirantes al rectorado creen que en tiempos de democracia y transparencia las reglas para dirigir a la UNAM y para relevar a sus autoridades son las más adecuadas? No, esas reglas no se cambian porque son la mejor manera de blindar un rectorado, como el de De la Fuente, a través de la creación de grupos de privilegio que gozan de todos los beneficios, mientras que la mayoría de los profesores ganan salarios de vergüenza. Por eso, el relevo de rector en la UNAM está lejos de ser un proceso de interés público en el que participen de manera directa los estudiantes, ya que resulta fundamental para la educación del país, sino que se ha convertido en cónclave de élites que se reparten el poder y que en esta ocasión buscarán dar seguimiento a un proyecto político, el de Juan Ramón de la Fuente, quien por razones naturales —como la de favorecer una ruta de continuidad a su propia gestión— tiene sus preferencias. Quien imagine, crea o suponga que De la Fuente será ajeno a la selección de su sucesor estará pensando en otro planeta. Y es que frente al inédito de autonomía que vivió la UNAM en los ocho años recientes —en donde se han reducido las posibilidades de que el gobierno federal en turno meta las manos para el cambio de rector—, al mismo tiempo se ensancharon las posibilidades de fomentar los procesos “continuistas”, para bien o para mal. Y ante esa realidad, la alianza de poder que construyó De la Fuente a lo largo de los últimos ocho años —y que hizo posible la relativa estabilidad de la casa de estudios y que hasta la izquierda universitaria claudicara de sus demandas de democracia en la casa de estudios— parece destinada a seguir por la misma ruta: cambiar al hombre, pero no el proyecto. Y el delfín de ese pacto se llama José Narro Robles. Ayer decíamos que el modelo que siguió Juan Ramón de la Fuente para hacerse cargo de la UNAM a imposición de Ernesto Zedillo lo dibujó el propio presidente Zedillo en su discurso del 22 de octubre de 1999 —el Día del Médico, frente a De la Fuente, que era su secretario de Salud—, en el que dijo, entre muchas otras cosas: “Sería mucho menos el daño que le ha causado a la Universidad una minoría intransigente, si el resto de los universitarios hubiesen conciliado, desde tiempo atrás, las distintas propuestas, visiones e intereses que existen en la Universidad”. ¿Cuál fue el mensaje de Zedillo? Conciliar, pactar, acordar. Y Juan Ramón de la Fuente llegó a la Rectoría, tres semanas después de ese discurso e hizo un pacto en el que convidó a las partes en conflicto del poder universitario. La fórmula fue repartir, y en ocho años nadie se acordó del Congreso Universitario, a nadie le importó cambiar las reglas del juego para la democratización y la transparencia en la UNAM, para hacer de la calidad académica una norma, para romper los círculos de privilegio, porque los grupos otrora en conflicto habían conseguido sus objetivos, ser parte del reparto del poder. Y por eso muchos elogian lo alcanzado y aplauden el continuismo. aleman2@prodigy.net.mx
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