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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
08 de octubre de 2007

Espino y sus “circunstancias”

Calderón sacó de la manga a Germán Martínez, y no a César Nava, lo que colocó a Espino en un predicamento

El dirigente del PAN pretende impedir una derrota que dejaría fuera de la nueva dirigencia a la extrema derecha

Ahora resulta que “circunstancias” que nunca explica con claridad, llevaron a Manuel Espino, el presidente nacional del PAN, a proponer el fin anticipado de su gestión y, con ello, adelantar la sucesión en la jefatura del partido en el gobierno.

¿Cuáles son las “circunstancias” de Manuel Espino? Está claro que Cronos no trabaja a favor del líder formal de Acción Nacional; que seis meses son tiempo suficiente para que su principal adversario, el “felipista” Germán Martínez, visite al panismo de todo el país y consiga una victoria aplastante sobre el propio Manuel Espino Barrientos, o sobre su “plan B”, Gerardo Priego, un candidato de “sombra” que muy pocas o ninguna posibilidad real tiene de alcanzar la dirigencia nacional de los azules.

Político pragmático, que gusta de la intriga palaciega y del “golpe de timón”, el señor Manuel Espino respondió de esa manera —con la propuesta de adelantar la sucesión en la dirigencia del PAN—, al movimiento estratégico mandado desde Los Pinos al impulsar la candidatura prematura de Germán Martínez, cuyo “destape” desencadenó una veloz “cargada” a su favor y en apoyo a las decisiones presidenciales sobre los destinos del partido azul.

Y es que en Acción Nacional parece que la política sucesoria se decide en una suerte de “partida de ajedrez político”, en donde el huésped de Los Pinos movió con mucha anticipación a uno de sus “alfiles” —desde el anterior Consejo Nacional—, cuando se hizo creer a todos que “el bueno” para presidir al PAN sería César Nava, el secretario particular del Presidente, cuando en realidad la “carta fuerte”, el virtual “tapado” era el hasta hace días secretario de la Función Pública.

En esa lógica —la de que los espinistas enfrentarían al joven César Nava—, el señor Manuel Espino Barrientos respondió con el destape de un candidato de “sombra” a la dirigencia del PAN; al poco conocido Gerardo Priego, diputado federal y uno de “los hombres de Espino”, a quien impulsó con todo el apoyo del aparato partidista —mucho antes del destape del propio Germán Martínez—, en una suerte de señuelo para obligar a Los Pinos a mostrar sus cartas. Y en efecto, desde la casa presidencial reaccionaron no con un “alfil”, sino con una “torre”. Colocaron frente a Gerardo Priego —un mero “peón” de Espino—, al verdadero “hombre del Presidente”.

Por así convenir a sus intereses, Manuel Espino Barrientos fue el responsable de adelantar los tiempos de la sucesión en la dirigencia del PAN, y cuando los estrategas de Calderón movieron sus piezas para aprovechar esos tiempos adelantados de la sucesión, y cuando decidieron destapar a Martínez Cázares como el verdadero aspirante a jefaturar Acción Nacional, el señor Espino debió “recular” y reaccionó con un “golpe de timón”. Es decir, invocó supuestas “circunstancias” que “sugieren, aconsejan y recomiendan” adelantar la elección del nuevo dirigente del PAN, para enmendar su error inicial.

Repentinamente apareció el Manuel Espino preocupado por las “circunstancias” que vive el panismo en la disputa por el control del partido, en sentido contrario a sus declaraciones recientes, cuando hace pocos meses en su pasado Consejo Nacional —en el que fue abucheado y menudearon las voces que reclamaron su renuncia—, el propio Espino argumentó que los tiempos del partido los marcan los estatutos. Y los estatutos dicen que la dirigencia del partido será renovada al cumplir el tiempo para el que fue electo su presidente, en este caso hasta el mes de marzo de 2008.

En el fondo, la preocupación de Espino no es la polarización o el desgaste que pueda sufrir el partido por una sucesión adelantada —como la que él mismo impulsó—, sino que al adelantar seis meses esa sucesión, el verdadero ganancioso resultaría el “candidato del Presidente”, el señor Germán Martínez, quien en su calidad de ex secretario de Estado y de “alfil” del Presidente, contaría con el tiempo suficiente para fortalecer no sólo una candidatura ganadora, sino una corriente que aplastaría por completo a Espino y sus leales, incluido su “peón” Gerardo Priego.

¿Qué ganaba Espino con una sucesión adelantada, y qué gana con su propuesta de acortar la sucesión? Se trata de dos escenarios distintos. En el primer caso, resulta que igual que muchos panistas y analistas, Manuel Espino siempre creyó que el candidato del Presidente para dirigir al PAN sería César Nava. Bajo esa lógica, los espinistas creyeron que contarían con mayores posibilidades de una dirigencia de negociación y hasta compartida. Pero cuando el presidente Calderón sacó de la manga a Germán Martínez, que es el segundo caso, resulta que el peso del aspirante, su cercanía con la base doctrinaria del partido y su influencia entre los consejeros nacionales —sumados el medio año de campaña—, colocaban en un predicamento a Espino Barrientos y a sus leales, quienes verían debilitadas sus posiciones, sus fuerzas y, sobre todo, las posibilidades de una dirigencia negociada.

Y una señal clara en esa dirección la dieron los “calderonistas” en el Consejo Nacional que hoy terminará, y en donde se instaló una mesa de trabajo —sólo deliberativa—, para discutir el papel de las “organizaciones secretas” en el Partido Acción Nacional. El mensaje era para la ultraderecha panista que se escuda en la organización de corte fascista conocida como El Yunque y de la que es parte Manuel Espino Barrientos, según la voz popular entre el panismo.

Al final de cuentas —y una vez que movió de manera equivocada sus piezas en el ajedrez de la sucesión en Acción Nacional—, cuando el señor Manuel Espino propone adelantar el cambio de dirigente nacional en el PAN, no es porque tenga posibilidad alguna de triunfo —aun si decide buscar la reelección, lo cual es casi un hecho—, sino que busca rescatar el capital político que le permitiría forzar la elección por la ruta de un acuerdo de sucesión compartida. Es decir, pretende impedir una derrota aplastante que dejaría totalmente fuera de la nueva dirigencia a los grupos de extrema derecha. Lo que no sabe es que en la dirigencia de Germán Martínez no habrá “purgas”, sino que se acotará a la extrema derecha. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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