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La migración ha llevado a millones de mexicanos a diferentes lugares de Estados Unidos. La diáspora mexicana lleva ya varias generaciones haciendo más grande la influencia del español en la Unión Americana y más apetecible el voto de los paisanos asentados en el norte. Hay en Estados Unidos 11.5 millones de mexicanos (casi la mitad son ilegales), otros 14.4 millones estadounidenses de origen mexicano. Eso significa que casi 26 millones de personas en EU tienen algún vínculo familiar con México y que los mexicanos constituyen ya casi la mitad de los inmigrantes de habla hispana. Se calcula que para 2020, la mayor parte de los inmigrantes en Estados Unidos será de origen mexicano. El flujo migratorio parece imparable a pesar de la sangre que se derrama en el desierto de Arizona y en otros puntos de cruce ilegal. Entre 1997 y 2001 murieron más de mil 400 mexicanos en el intento de entrar sin documentos a Estados Unidos. Ninguna maleta es capaz de cargar con el peso de los recuerdos, los olores, los sabores, la música y el espíritu pachanguero de los inmigrantes mexicanos que van legal o ilegalmente con la intención de quedarse a vivir en las principales ciudades de la Unión Americana. Los lazos culturales y económicos se trenzan todos los días. En México, más de un millón de hogares reciben remesas de algún familiar legal o ilegal en Estados Unidos, lo que ha dado lugar a un gran mercado de empresas y bancos que luchan por manejar ese dinero. Más de 2 mil 350 municipios tienen algún tipo de vínculo con el país del norte, a causa de la migración. En El Barrio, en Nueva York, las taquerías y las aguas de jamaica o tamarindo, no le piden nada a las de cualquier ciudad mexicana. El pasado mes de septiembre, miles de mexicanos se hicieron visibles en la Gran Manzana para celebrar el tradicional desfile del 16 de septiembre. Desfilaron por Madison, orgullosamente encabezados por sus artistas de las telenovelas y el espectáculo, desde la 41 hasta la calle 23, al ritmo de la Qué Buena 92.7, que transmite para los paisanos en Nueva York. Las organizaciones de inmigrantes cobran forma y relevancia en las negociaciones de los derechos civiles y laborales. La Asociación Tepeyac, formada por 40 organizaciones de los condados de la ciudad de Nueva York (Brooklyn, el Bronx, Manhattan, Staten Island y Queens), extiende sus redes desde la Basílica de Guadalupe, hasta la Catedral de San Patricio en pleno corazón de la ciudad de hierro, en una marcha anual que reivindica los derechos civiles de los inmigrantes mexicanos y latinoamericanos. La imagen de los mexicanos en Estados Unidos está todavía influenciada más por las visiones convencionales que por la diversidad actual. Aún predominan la imagen del charro, el tequila y el mariachi, del mexicano sentado a la sombra de un cactus, aunque se perciben intentos por transmitir la idea de un México contemporáneo, a través de iniciativas como el festival Celebrate México Now, creado en 2004, con la presencia de artistas mexicanos que radican en Estados Unidos o que viajan para presentarse en ese festival, o bien a través de las actividades del Instituto Cultural de México. Sin embargo, la problemática más alarmante no sólo en términos de imagen, sino de perspectivas de futuro, es el bajo nivel de la escolaridad de los mexicanos. A diferencia de otras nacionalidades, nuestros paisanos llegan a Estados Unidos con 7.7 años de educación. Es decir, sin tener terminada la secundaria. Muchos sólo tienen la primaria. En la segunda generación llegan a alcanzar hasta el 11 grado, pero no concluyen el high school, al igual que en México, donde quienes terminan el bachillerato es un porcentaje muy reducido, según el último reporte de la OCDE. No terminar la escuela, sin embargo, no necesariamente significa que una minoría de los mexicanos en Estados Unidos no alcance cierto éxito económico, aunque en general, la mayoría obtiene ingresos anuales por debajo de la media estadounidense. Aunque hay mexicanos que tienen un trabajo estable e incluso quienes ocupan cargos importantes en empresas y organismos internacionales, la gran mayoría vive de empleos poco remunerativos. La educación es la frontera que puede separar a una generación de otra. La escuela como espacio que refleje la diversidad cultural sigue siendo uno de los retos significativos tanto para los sistemas educativos de las ciudades receptoras, como es el caso de Nueva York, donde casi la cuarta parte de los niños y niñas en las aulas de las escuelas públicas es mexicana o latinoamericana, como para los propios inmigrantes. De ahí la importancia de los programas educativos que impulsa México a través de Relaciones Exteriores, especialmente a través del Instituto de los Mexicanos en el Exterior y la SEP, mediante el intercambio de maestros y los programas de educación abierta para adultos, bachillerato en línea con la UNAM, entre otros. Para los inmigrantes, especialmente de tercera generación, la escuela puede constituir un mundo de integración o de exclusión, dependiendo tanto de las normas de tratamiento a los ilegales, como de la cultura de la escuela, una cultura que puede o no reconocer la cultura del inmigrante. Cualquier cambio profundo en la manera en que México puede ser visto en el país más rico del planeta, y con el cual compartimos una frontera conflictiva, pero también lazos culturales más que profundos, tiene que pasar por la escuela, porque es ahí donde se construyen los aprendizajes básicos para la vida y se crea la socialización en un contexto multicultural. A fines de octubre, visitará México y especialmente las escuelas públicas del Centro Histórico, el maestro y coreógrafo Jacques D’amboise, fundador del National Dance Institute, un organismo no lucrativo que hace 30 años trabaja en la educación artística interdisciplinaria en las escuelas públicas de Nueva York. A partir de dicha visita y de los diálogos que se establezcan tanto con autoridades educativas, como de la cultura y la empresa en México, se detonará uno de los vínculos interculturales más estrechos que se hayan dado entre las escuelas públicas de ambas ciudades. Dichos diálogos interculturales y educativos girarán en torno a lo que más nos mueve: la música y la danza mexicanas en las escuelas de la ciudad de México y las de Nueva York. escritoenvozalta@gmail.com
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