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Katia D´ Artigues
07 de octubre de 2007
¿Qué están haciendo los diputados Gerardo Pliego y Ana Leyva?
—Ensayan para hacer la parodia de Pimpinela.
—Quieren formar un nuevo dueto tipo Víctor Manuel y Ana Belén
—Quiere que la perdone por no apoyar la reforma fiscal.
—Le pide que le ayude a buscar sinónimos de “pelele”.
—Le pregunta cómo entrar a Los Pinos sin ser vista.
(Foto: ARCHIVO/EL)

La reina que todos quieren
El canto del Presidente
Se va o se queda

(El siguiente relato no es nocivo para la salud. Es un cuento, historia, o como quiera llamarle, pero cualquier similitud con la realidad es, claro, a propósito).

Viernes caótico en el sur de la ciudad de México. Periférico Sur está a vuelta de rueda.

En el estéreo de una camioneta BMW que sale del estacionamiento de la plaza comercial de la Glorieta a San Jerónimo suena la canción Fiesta en la Sierra, de Los Tucanes de Tijuana.

A bordo va una guapa y sonriente mujer, quien hace unos minutos saboreaba un rico café. Canta a todo pulmón:

Se baja una bella dama/ con cuerno y con calvo plagiada/ de inmediato el festejado/ supo de quién se trataba/ era la famosa Reina del Pacífico y sus playas/ pieza grande del negocio/ una dama muy pesada.

Se levanta un poco de su asiento. Se sube sus lentes como si fueran una diadema. Se observa a través del retrovisor. Ve que su maquillaje esté en orden. Con su dedo meñique corrige el contorno de sus labios. Luce un rojo carmín.

Sus lentes regresan a su mismo lugar. Sujeta el volante de piel con sus dos manos, y sigue cantando:

—Era la famosa Reina del Pacífico y sus playas/ pieza grande del negocio/ una dama muy pesada.

—Esa mera soy yo, dicen, ¡qué Tere Mendoza de Arturo Pérez Reverte, ni qué nada!… claro que la única, porque me lo creo… aunque no opero, sólo chaca-chaca… lavo, puras public relations y disposición a firmar… digo, si no, ¿cómo es que tengo en el registro público 228 propiedades inmobiliarias —como le dicen los abogados— a mi nombre? En fin. ¿Infancia es destino? No por nada vengo de la aristocracia del narco, por así decirlo… toda la familia en lo mismo. Pero eso de Reina… mmm, ¿a quién no le gusta que le digan reina, que se lo canten?

Aún con el alto en el semáforo, de la guantera saca una cartera y la abre. La coloca en sus piernas, y sobresalen dos fotos. Ella da un fuerte suspiro y las toma en sus manos. Tremendo beso les planta.

—¡Cómo los quiero chingaos!… ¡¡Ustedes sí que se la juegan con la operación!! —las fotos son de Juan Diego Espinoza Ramírez, El Tigre, su novio, y de Miguel Ángel Félix Gallardo, su familiar. Sus labios quedan impresos en ellas.

Justo cuando se pone el siga, desde el retrovisor observa un par de torretas que vienen encendidas, pero sin el ulular de las sirenas. Le parece sumamente extraño, se pone nerviosa.

Cuando su mirada regresa al frente, se da cuenta que está rodeada por más autos con sirenas. Repasa sus múltiples identificaciones, algo común en este negocio: Pamela Fuentes León, Sandra Ávila López, Sandra Luz Arroyo Ochoa, Paula Orozco Lizárraga, Andrea Medina Reyes, María Luisa Ávila Beltrán o Daniela García Chávez.

Está preparada. Parte de su formación. Siempre alerta, siempre preparada. Ve que toda la camioneta está rodeada por agentes de la AFI, quienes abren la puerta de la camioneta. ¿Por qué no lo habían hecho muchas veces antes cuando anduvo como cualquier otra persona en cualquier lugar? C’est la vie…

—Soy Daniela García… soy una empresaria —dice sonriente.

Cuando se da cuenta, ya hasta esposada la tienen y va a bordo de un auto bien custodiada. Lo esperaba.

Comienza el traslado ante el juez XVIII de Distrito en Procesos Penales Federales, donde hará su primera declaración…

—Recuerda todo lo que ya sabes —le recomienda una voz interior mientras ella respira profundamente.

—Sí, sí. Lo sé, tranquila. Este día llegaría, tarde o temprano. Sé ya de memoria… y ahora vete que ya no quiero verte —de pronto su gesto cambia a una sonrisa interior: ¡Qué Tere Mendoza ni qué nada! Para mí que sí fui inspiración de ese Pérez Reverte para hacer la Reina del Sur, aunque él lo niegue.

Sandra comienza a dar sus primeras declaraciones ante una camarita de la Policía Federal Preventiva.

Como si fuera reina… de la belleza, mueve su rostro de un lado a otro, siempre regalando una sonrisa a la lente, ya sea a una cámara de video o una fotográfica. En ese momento, por el radio de uno de los agentes se informa de que han detenido a El Tigre, su novio.

Da un fuerte suspiro y se lleva sus manos al pecho. Retoma su aparición en las cámaras y pareciera que tomó un curso de medios de comunicación y sabe cuál es su mejor ángulo.

—Al hogar y al comercio. Hace años tenía unas camas de bronceado bien buenas, vieran. Le hace falta un poco de color a usted…

Es su respuesta cuando le preguntan a qué se dedica. Pero además responde —también con una sonrisa— que su detención se debe a una solicitud de extradición por parte del gobierno de Estados Unidos. Lo sabe demasiado bien.

En una de las paredes ve un recuadro con seis fotos de ella, en diferentes momentos de su vida.

—Caray, mínimo deberían actualizarlas. ¡Yo ya no estoy así! ¿O qué, de nada sirvieron mis visitas a los salones de belleza? ¡No sean así! —les dice a los policías que la custodian, guiñándoles el ojo derecho.

Le informan que será remitida a la penitenciaría de Santa Martha Acatitla, perteneciente al Gobierno del Distrito Federal.

—Ash, ¡¿allá?! ¿No hay otro sitio más chic? —dice, aunque secretamente se alegra. En una prisión no de alta seguridad es más fácil que compre, aunque caros, ciertos privilegios.

Le piden que guarde compostura, y las autoridades judiciales continúan con el interrogatorio.

—¿Conoce al Mayo Zambada? Le preguntan.

—¿Mayo? Sólo sé que es el quinto mes de nuestro calendario y es lo único que conozco con ese nombre, a nadie ni nada más…

Mientras está en el interrogatorio, no pierde la sonrisa.

—¿De dónde es originaria?

Por unos segundos se hace un breve silencio. Duda su respuesta.

—De Tijuana.

—¿Edad?

—44 años, ¡se me ven menos, ¿verdad?!

Nuevamente mueve su cabello como si fuera comercial de shampoo con acondicionador, y muestra una linda sonrisa.

—¿Conoce a Juan Diego Espinoza Ramírez?

—¡¡Mi Tigre!!! Bueno, también lo buscan como El Tigre.

En ese momento, baja su mirada, y sus ojos se le cristalizan.

La Reina del Pacífico da la media vuelta. Regresa a su celda, y con su dedo índice derecho en sus labios se despide de la audiencia:

—Que tengan bonita tarde, besitos. Mua… Ah, y recuerden, reina una, y es del Pacífico.

Y piensa:

—Que para algo ha de servir la fama… espero…

katia.katinka@gmail.com

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RECUENTOUno.— El lanzamiento musical del presidente venezolano Hugo Chávez. Lanzará su primer disco titulado Canciones de Siempre, con música de su tierra, y algunos éxitos de Vicente…Fernández, entre otros.

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Katia D'Artigues Beauregard nunca quiso ser columnista política. Quería ser monja, ingeniera, arqueóloga, historiadora, filosa.. digo, filósofa, gente de teatro y claro que quiere ser escritora. Porque...
 
 
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