Pero nada como la designación de Ciudad Universitaria como patrimonio de la humanidadOlvidémonos por un momento de Fox y Marta, más conocidos ahora como “La banda del carro rojo”. Ya habrá otras oportunidades de ocuparnos de ellos.
En cambio es realmente impostergable hablar de nuestra Universidad Nacional Autónoma de México, que ahora es una muy buena noticia para todos. Y vaya que a este país le hacen falta buenas noticias.
La UNAM nos ha dado muchas en estos tiempos de incertidumbre: el diario inglés The Times, en su más reciente evaluación anual, en la cual mide el rendimiento y la calidad de miles de universidades en el planeta, reconoció a la UNAM como una de las 100 mejores del mundo ubicándola en el lugar 74, hecho que la distingue como la mejor de Iberoamérica; el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España —el cual califica la calidad de las páginas electrónicas universitarias de todo el orbe— ubicó a nuestra máxima casa de estudios en el lugar 68 por la cantidad y calidad de sus contenidos en la red. Y hace apenas unos días la UNESCO produjo una declaratoria que evoca recuerdos, nostalgia y querencias entrañables, así como una gran cauda de historia contemporánea de México: el campus de Ciudad Universitaria es ya Patrimonio Cultural de la Humanidad. Lo que representa no sólo una distinción para la comunidad universitaria sino para la nación en su conjunto.
No hay duda alguna de que los avances de nuestra UNAM en lo académico y cibernético son notables y muy valiosos. Basten algunos datos y cifras: 77 carreras; 255 mil alumnos; 28 mil profesores; 22 facultades y escuelas, 14 planteles de bachillerato; 17 mil alumnos de posgrado; genera 50% de la investigación en México; 10 mil actividades anuales de música, teatro, danza y cine; cuenta con 13 museos y 18 recintos históricos con 152 murales, 800 esculturas y 86 mil obras gráficas; en sus 139 bibliotecas hay más de 5 millones de volúmenes y edita tres libros diarios en promedio. La UNAM es también responsable de los siguientes servicios: Sismológico Nacional; Observatorio Astronómico Nacional; Monitoreo del Volcán Popocatépetl, Biblioteca Nacional; Hemeroteca Nacional y Jardín Botánico Nacional. Tiene 23 espacios universitarios en la zona metropolitana del DF; instalaciones en 26 entidades federativas, en Estados Unidos y en Canadá. En lo que hace al ciberespacio cuenta con 39 mil computadoras; 350 servidores de internet; el Centro de Cómputo más grande y pionero en América Latina; la supercomputadora Kan Balam capaz de realizar 7.1 billones de operaciones matemáticas por segundo; 3 millones de visitas diarias a sus páginas web y su red nacional de videoconferencias interactivas enlaza a 232 aulas en 37 diferentes instituciones educativas nacionales.
Así es la UNAM, nuestra UNAM. Grande, ancha y generosa. Por eso emociona profundamente que ahora sea tan reconocida luego de innumerables avatares desde su fundación aquel lejano 21 de septiembre de 1551 como Real y Pontificia Universidad de México.
Pero nada como la designación de nuestra querida Ciudad Universitaria como patrimonio de la humanidad entera. Como casa común de todos los seres humanos. Como ejemplo perenne de creatividad y visión de futuro.
Quién iba a decirlo de nuestro querido y viejo circuito cuyos pasillos y jardines nos llevaron en largas caminatas desde Filosofía y Letras, hacia Economía y Odontología cruzando por nuestro añoso edificio de Comercio y Administración y hasta más allá, a Medicina y Ciencias. Hasta la aventura democrática de las tortas de la terminal con una escala —si había con quién— para hablar de amores en Las Islas.
La casa que fue común, sobre todo en aquellos años del 68 y los que siguieron. Porque de ahí salíamos y ahí regresábamos para las pintas, los boteos, las marchas y los gritos: seamos realistas, pidamos lo imposible. Ahí donde te apretujabas en cualquier auditorio para maravillarte con Arreola como si se tratara de una estrella del rock. Ahí donde Monsiváis forjó su leyenda. Ahí donde tantos mexicanos hemos abrevado buscando cambiar el destino.
P.D. Dicen que pronto habrán de sustituir al rector De la Fuente. Lo veo difícil. En todo caso, alguien estará en el lugar que ahora Juan Ramón ocupa.
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