Sobre los que lleguen penderá la guillotina que hará rodar cabezas cuando se exalten los humoresLuego de gritos y sombrerazos, de “agotadoras” negociaciones y de una reforma constitucional que entre sus objetivos pretendió “refundar” al IFE, resulta que políticos, legisladores y partidos parecen haber regresado al punto de origen: la vulgar rebatiña por las vacantes en ese formidable centro de poder que es el árbitro de las contiendas electorales.
Entre los aspectos centrales de la reforma electoral recién aprobada se decidió el despido de buena parte del actual Consejo General del IFE, sobre todo de su presidente. Entre la brillantez de argumentos esgrimidos para justificar lo que no fue más que una venganza política se dijo que los consejeros debían irse por carecer de la confianza elemental que merecían de los jugadores en la contienda electoral, los partidos, los mismos que a jaloneos y en medio de disputas de poder los habían elegido en 2003.
Pero resulta que una vez aprobada dicha reforma —por el Congreso de la Unión y la mitad más uno de los congresos estatales—, la tríada de grandes partidos y la “chiquillería” de nueva cuenta han entrado a la vulgar diputa por el poder, bajo las mismas reglas y con los mismos propósitos que en 2003 permitieron elegir a los consejeros del IFE que, ¡sorpresa!, hoy despidieron. ¿Qué ha cambiado en torno al método para elegir al Consejo General del IFE? La respuesta es categórica: nada. Lo curioso —y que sería de risa loca si no fuera porque está en juego el futuro electoral del país— es que hoy, igual que ayer, los políticos nos quieren convencer de sus siempre nobles intenciones.
Por eso llama la atención la declaración que formuló el pasado lunes el presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República, el panista Santiago Creel, cuando dibujó el perfil de los nuevos consejeros del IFE. Dijo, palabras más, palabras menos: “Los candidatos a formar parte del IFE deberán ser personas sin vínculos con los partidos políticos o con los personajes involucrados en la negociación de la reforma electoral… sería algo muy inconveniente que surgiera un personaje (como ésos), por más confianza que nosotros le pudiéramos tener, por más prestigio o reconocimiento que pudieran tener de la academia o los actores políticos”.
El señor Santiago Creel cree que los ciudadanos son tontos, que viven víctimas de un permanente ataque de amnesia o, de plano, que se chupan el dedo. Escupe para arriba el señor Creel, ya que él mismo engañó a todos cuando juró “por ésta” que no tenía filiación partidista ni intereses políticos ocultos, cuando fue uno de los propuestos a formar parte del IFE anterior al actual. ¿Y qué hizo al dejar el cargo de consejero del IFE? Lo mismo que muchos otros —Juan Molinar, por citar un ejemplo—: salió corriendo a buscar el cobijo del PAN, partido del que fue postulado como diputado federal, candidato a jefe de Gobierno del DF, luego premiado con el cargo de secretario de Gobernación por el foxismo y, en un sorprendente salto —salto al vacío, por cierto—, llegó a ser precandidato presidencial por el PAN.
Si el señor Creel pudiera aplicar en forma retroactiva, a su caso en particular, las reglas que hoy propone para ser consejero del IFE, nunca habría ocupado el cargo de consejero, y acaso nos habría ahorrado como sociedad una larga lista de desatinos políticos producto de sus ambiciones desmedidas de poder. ¿Cuántos potenciales Santiagos Creel están en lista de ser los agraciados para ocupar uno de los rentables lugares el Consejo General del IFE? ¿Cuántos, como Creel, estarían dispuestos a vender su alma al diablo —al diablo de la política y del poder, claro— para ocupar uno de esos lugares? Desde la trinchera de la sociedad civil, Santiago Creel fue parte de la apertura democrática, pero luego fue juez, desde el IFE. Más adelante, beneficiario del poder. ¿No es eso lo que hoy pretende impedir?
Lo cierto es que hoy, como en 2003, como siete años antes, los políticos, los partidos y los legisladores de todos los colores y sabores entrarán a un proceso de reparto de cuotas de poder, las cuotas del IFE, para integrar un Instituto Electoral a modo. Y vendrán otros legisladores a los que no les guste la composición que surja del reparto de hoy, y mañana despedirán a los nuevos consejeros y pondrán los que les acomode, según el nuevo equilibrio de fuerzas de mañana. En realidad lo que consiguieron los tres grandes partidos con la reforma electoral —en la parte que tiene que ver con la integración del nuevo Consejo General del IFE— fue construir una gran guillotina en el salón de plenos del Consejo, la cual cortará la cabeza de aquellos consejeros que se crean el cuento de que el instituto es un organismo autónomo.
Esa nueva construcción obligará a los que lleguen como consejeros —y también a los que por obra y gracia de la bondad infinita de los diputados y sus partidos logren quedarse— a actuar conforme se los pida el nuevo patrón. Y los prospectos podrán venir de la academia, podrán presentar su certificado de no antecedentes partidistas —y hasta de no antecedentes penales—; podrán venir de Marte o de Venus, pero ocuparán una de las vacantes sólo si se asumen como cuota para tal o cual partido.
El problema no será la pureza con la que pudieran llegar, sino el sello con el que ocuparán la vacante y desempeñarán la tarea. Esa es la nueva fórmula, genial, que legitimaron los partidos para integrar el nuevo Consejo General. Y decimos que legitimaron porque, en efecto, el actual y el anterior Consejo General del IFE se conformaron a partir de cuotas de partidos.
Pero la diferencia es que esas cuotas eran una aduana de paso, porque una vez dentro, los consejeros tenían la libertad de actuar como creían conveniente —conforme a la ley y a su conciencia—, ya que gozaban del blindaje constitucional que hoy echaron abajo los partidos.
Hoy, políticos desmemoriados e incongruentes como Santiago Creel podrán jurar que existen garantías de que la aduana de llegada al Consejo General del IFE no dejará pasar a los indeseables, incapaces y hasta a los políticamente incorrectos. Pero el problema no es ese, sino que sobre los que lleguen penderá la guillotina que hará rodar cabezas cuando se exalten los humores de tal o cual grupo político. El nuevo IFE.
aleman2@prodigy.net.mx