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¿Crisis?
Parece que a los mexicanos nos encanta abusar de las palabras. A todo le hemos dicho democrático, y ahora ya ese término no designa nada. Se puede usar para legitimar abusos de las masas, para certificar procesos legislativos o para construir, o no, una torre en Chapultepec Lo mismo le pasó a la palabra desarrollo, que para unos significaba crecimiento económico, para otros empleo y, para unos más, bienestar. Ahora vamos con la palabra crisis, que en lugar de su significado tradicional, una hecatombe económica, ahora se quiere utilizar para describir un pequeño cambio en los precios. De las verdaderas crisis de 1976, 1982, 1986 o 1994, cuando se perdían años de ahorros, se hipotecaba el futuro y se tenían que dedicar años enteros a la recuperación, luego le dijimos igual a una simple recesión a inicios de este siglo, y ahora ya queremos también llamar así a que los precios suban 4% en lugar de 3%. Esto ya no es un problema de honestidad intelectual, sino de simple sentido común o de vergüenza. Porque se requiere no tenerla para comparar, así sea en el discurso, lo que hoy pasa con lo ocurrido al final del sexenio de Echeverría, de López Portillo, de De la Madrid o de Salinas. Nadie puede decir que México es un prodigio económico, pero tampoco podemos calificar la situación actual de crítica. Ya explicamos en estas páginas cómo el proceso de alteración de los flujos internacionales de comercio está afectando los precios a nivel internacional. El gran crecimiento de China ha provocado un incremento en la demanda de bienes básicos (commodities) como el petróleo, acero, cobre, aluminio, estaño, etc., lo que ha multiplicado sus precios. Lo mismo empieza a ocurrir con algunos granos, como la soya. La decisión de Estados Unidos de producir etanol utilizando maíz provocó el incremento del precio del grano, lo que obligó a quienes hacen alimentos para animales (el uso principal de maíz en el mundo) a consumir menos y comprar más sorgo, lo que elevó el precio de este grano. Finalmente, un mal año en lluvias (de más en unas partes y de menos en otras) dio como resultado malas cosechas de trigo, que también ha incrementado su precio. Al final, tenemos un incremento general de precios en las mercancías básicas que más se comercian en el mundo. Eso tiene que repercutir en México, donde el maíz ha subido, de 2003 a la fecha, 74% y el trigo 61%. Pero este impacto no ha llegado por completo al consumidor, puesto que el precio de la tortilla ha crecido, en ese mismo lapso, 45%, y el pan sólo 25%. El café ha subido de precio mucho más, el doble del maíz, y ojalá así siga, porque llevamos años de precios muy bajos en este producto que es la fuente principal de ingresos para muchas comunidades indígenas en el sur del país. De acuerdo con cálculos propios, es posible que veamos incrementos, en los próximos años, en el precio de los productos animales, conforme China empiece a consumir más, lo mismo que la India. No olvidemos que 40% de la población mundial vive en esos dos países, por lo que si crecen 7% anual, como lo han hecho, en 10 años duplican su ingreso, provocando un incremento, ellos solos, de 20% en el consumo mundial. Consumo que no es igual al nuestro, por razones culturales y por nivel de ingreso, pero que se asemejará con el tiempo. Como todos los humanos, chinos e indios comprarán más cosas inútiles conforme tengan más dinero, y comerán más alimentos dañinos, pero sabrosos, como la carne, las bebidas alcohólicas (no todos, recuerde que hay una población islámica importante en ambos países) y otras fuentes de pecado. La velocidad a la que crece el consumo supera por mucho la velocidad a la que puede crecer la producción, y eso llevará a mayores precios. Dicho de otra manera, la tendencia mundial es muy clara: el consumo crece y habrá incremento de precios. Si acaso existe una crisis en México, es una crisis mental. Los mexicanos no alcanzan a darse cuenta de que viene una época de oportunidades de negocio, y sólo pueden ver años de miseria en su futuro. Si eso ven, eso tendrán. Podríamos, en cambio, orientar nuestra producción a cubrir la demanda de chinos e indios: carne de puerco, verduras, frutas, pero también petróleo (que ya se nos acaba y no hacemos nada) y todo tipo de mercancías. En algunas no podremos competir por pura distancia, pero en otras sí. Pero si nos parece mejor sufrir porque subirán los precios, lamentarnos porque no generamos empleos y culpar a todo mundo de nuestra desgracia, está bien. Si no somos capaces de actualizar el marco jurídico energético, no pasa nada. Total, México vive en crisis permanente. ¿o no? www.macario.com.mx
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