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    Sexualidad
Patricia Kelly
30 de septiembre de 2007

El año que trafiqué con mujeres: testimonio real

Como si fueran refacciones para autos, botones, o cualquier otra mercancía, miles y miles de mujeres y niñas son vendidas en el mundo. Esto se ha convertido en un negocio tan lucrativo como el tráfico de armas o el mismo narcotráfico.

La trata de mujeres, dicen los expertos, es la nueva esclavitud del siglo XXI. Secuestradas, compradas o seducidas, sin importar su nacionalidad, mujeres de todos los países son robadas para ser explotadas básicamente en la “creciente industria” de la prostitución.

La mecánica consiste en sacarlas de su país de origen y llevarlas a otro donde no conozcan el idioma, quitarles sus pasaportes y todo tipo de identificación, crearles otros falsos y además moverlas periódicamente para que no establezcan ningún tipo de relación mediante la cual puedan denunciar el crimen del que son víctimas. Esto no se podría hacer si no existieran mafias fuertemente consolidadas y apoyadas por el poder económico y político de varios estados.

Un infiltrado

Antonio Salas es el seudónimo de un periodista español, quien en 2003 decidió conocer a fondo las estrategias de quienes trafican con personas, y no sólo eso, también buscó mezclarse con ellos y videograbarlos.

Durante un año se aventuró de muchas formas, llegando incluso a poner en riesgo su estabilidad mental y emocional; a pesar de todo ello, logró editar un libro frente al cual no podemos permanecer inmunes, un libro que no nos dejará ver la realidad de las sexoservidoras de la misma forma: El año que trafiqué con mujeres.

Sobre las trabajadoras sexuales existen muchos mitos, y varios se encargan de decir que se trata de “la vida alegre”, hablan “del gran gusto con el que ellas ejercen su oficio”, las justifican como “un mal necesario”, sin embargo esta situación tiene muchas aristas, y la del tráfico de personas empieza a evidenciarse con mayor fuerza.

En un libro editado con fotografías de Maya Goded, encontramos algunas entrevistas breves en las que las prostitutas hablan de haber sido “robadas y engañadas “ para vender sus servicios sexuales; a otras las embarazan y las controlan mediante los hijos cuyas visitas son condicionadas a la cuota mensual, pero en el libro de Antonio Salas, alguno se atrevió a decir que esos pequeños podían ser también un negocio si se consideraba el gran mercado de pederastas. (“Mientras las rameras son satanizadas como semidelincuentes, la sociedad mira con tolerancia y hasta con admiración, a sus clientes, aun a pesar de que son ellos los que mantienen el negocio. Famosos o no, son la demanda que genera la oferta”).

Quien compra a una mujer en este terreno puede hacer con ella lo que quiera, golpearla, prostituirla e incluso disponer de su vida como mejor le parezca. En España alrededor de 90% de las prostitutas son extranjeras: nigerianas, brasileñas, rumanas, rusas y no lo dude, hasta mexicanas. Al autor le tocó negociar con un supuesto narcotraficante que le vendió a cinco niñas chiapanecas menores de 14 años “porque en Chiapas ya trabajan niñas de 12 años de prostitutas”…”por allá, los padres te las dan con 13 y 14 añitos, por un par de barriles de cerveza y una vaca”.

Antonio Salas se pregunta ¿quiénes con los consumidores de ese mercado que ha llegado a ser una tercera fuerza económica mundial? Pues van desde el hombre común y corriente que puede pagar unos 30 euros por “un polvo”, hasta aquel “respetable hombre de negocios, futbolista, torero o líder político” que invierte en su diversión hasta seis mil euros con mesalinas de agencias especializadas que ofrecen en sus catálogos “personajes del ámbito artístico y otras especialidades”.

Con gran asombro descubrió que uno de los líderes de la ultraderecha española que llega a encabezar marchas fascistas para sacar a las inmigrantes del país porque le restan oportunidades laborales a los nacionales, forma parte de la fuerza económica que sostiene los principales burdeles de ciudades como Barcelona o Madrid. (“Sin duda, el cerebro masculino no se encuentra alojado dentro del cráneo, sino en algún punto de los genitales, lo que me lleva a la firme convicción de que, en nuestro caso, dolencias como la sífilis, la gonorrea o las ladillas podrían considerarse enfermedades mentales…”).

¿Las teiboleras extranjeras están aquí por gusto?

Las mujeres africanas más que las de otras nacionalidades, son controladas por medio de vudús y otras prácticas mágicas mediante las cuales tienen la amenaza de que si no pagan la deuda contraída por su contratación en Europa, su familia puede pagar con su propia vida.

Las traen con la promesa de que su vida mejorará, les hablan de las ventajas de vivir en grandes ciudades y con esa ilusión atraviesan el desierto y cruzan clandestinamente por varios países, para que, una vez instaladas no puedan recuperar su libertad. La ignorancia y la miseria son dos ingredientes básicos para facilitar estas operaciones. “En España, dice el periodista, digan lo que digan los libros de historia, todavía es posible comprar una esclava”.

Por lo menos en la ciudad de México, en apariencia, han crecido el número de locales en donde se ofrecen variados espectáculos con mujeres de diversas nacionalidades, muchos varones les dan gran importancia por su belleza, por su estatura, por sus “talentos” pero me pregunto ¿estarán aquí efectivamente por gusto?, ¿no habrán sido secuestradas de un tren que atravesaba Moldavia y separadas abruptamente de su vida y sus sueños?, ¿cuánto dejan a sus lenones?, ¿quiénes son los dueños de esos “centros” para el placer masculino? No estoy descubriendo el hilo negro, vuelvo a hacerme estas preguntas básicas cuando un libro como El año que trafiqué con mujeres vuelve a poner el dedo sobre la llaga, pero una llaga que ha tomado magnitudes inesperadas al grado de ser una tercera fuerza económica mundial. El alimento fundamental de esa economía es la explotación sexual de niñas y mujeres de todo el mundo que no eligieron ese trabajo por gusto.

El libro de Antonio Salas da nombres de antros, fechas, direcciones electrónicas, fotografías, ubicaciones, documentos y todo tipo de información para sustentar su investigación realizada en 2003 en una España que supuestamente nos abre la puerta al mundo europeo, a la civilización, pero en realidad nos muestra “la nueva trata de esclavas”. ¿Qué podríamos encontrar de una investigación semejante en un país como el nuestro que recientemente fue calificado como uno de los que mayor corrupción presenta en el mundo?, ¿Qué podríamos esperar si en varias ocasiones nos han señalado como un país de “origen, tránsito y destino de comercio de humanos”?

patricia.kelly@eluniversal.com.mx

 
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PERFIL
 
Periodista egresada de la UNAM con 30 años de carrera profesional en la radio mexicana. Es pionera de los programas de radio dedicados a la educación y salud sexuales: Prohibido Tocar, Estrenando Cuerpo, Intimo y Séptimo Sentido. Su experiencia en esas áreas la integra hoy a EL UNIVERSAL.
 
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