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Disfrutar una gran aventura en parapente
Los primeros en perder el miedo al parapente fuimos Luis y Mayate Gálvez, Fabián Maillard, Rodrigo Rodríguez y una servidora. Nos encontrábamos ante la disyuntiva de “me aventaré o no me aventaré”, invitados por Glycine, la marca de relojes suizos cuyos diseños están pensados en pilotos, voladores de paracaídas, de ala delta, parapentistas, buzos, en fin, en todos los deportistas extremos. La firma organizó en días pasados, en el Mesón del Viento, en Valle de Bravo, Estado de México, la presentación de sus nuevos diseños y qué mejor forma de hacerlo que invitar a un grupo de amigos a vivir la experiencia de volar. En la plataforma de despegue, Alejandro Olazábal y su equipo de instructores nos explicaron al detalle en qué consistía el vuelo tandem (de dos) y nos explicaron lo que iba a suceder a continuación. La primera en aventarse fue Ceci Zubikarai, y a intervalos de cinco minutos la seguimos todos los demás; el cielo de Valle se vio por un momento cubierto por grandes alas de parapente mientras flotábamos y disfrutábamos de esta increíble experiencia. Después de unos 20 minutos de vuelo, aterrizamos Alejandro y yo en el Club de Playa Boga Boga, en donde todo el equipo de Glycine ya nos tenía preparado un recibimiento con agua de zarzamora, alcachofas a la vinagreta, pasta a los cuatro quesos y un pastel de zanahoria al cual Mayate y yo le llegamos dos veces. Por cierto que nos sorprendió mucho ver por ahí a Mark Thurmer con un look a la George de la Selva, tal es el volumen de la melena que ¡no lo reconocí! Mientras que la gran mayoría de los invitados sí se aplicaron, debo decir que las coyonas de Anke Buller y Mayalén Elizondo no se animaron. A esta última se lo puedo pasar ya que con la larga lista de pretensos que tiene haciendo cola para salir con ella entiendo que ya está en las nubes, pero que la Buller se haya rajado, eso sí no lo perdono. Después de la comida, nos subimos al Wichon, una barcaza súper completa con baños, cocina y jacuzzi, en la cual disfrutamos del hermoso atardecer en el lago. Para cerrar con broche de oro, regresamos a nuestro hotel en donde nuestros anfitriones nos otorgaron un diploma de reconocimiento por habernos atrevido a la odisea de surcar los aires en parapente. estilos@eluniversal.com.mx
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