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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
30 de septiembre de 2007

Calderón: el nuevo PAN

Se avecina un cambio radical: el rescate del partido

Germán Martínez, producto del ‘dedazo’ o factor de poder real

En las entregas del ‘Itinerario Político’ de los días 7 y 28 de enero de 2007, aventuramos que la designación de Germán Martínez Cázares como titular de la Secretaría de la Función Pública —el político panista más cercano a Felipe Calderón en la última década—, era un movimiento con evidentes signos estratégicos por parte del Presidente, quien al mandarlo a esa posición “cuidaría” del que ya entonces parecía llamado a presidir el CEN del PAN en 2008, de donde estaría en condiciones de forjar una eventual candidatura para 2012.

El segundo paso de esa estratagema se ha cumplido al pie de la letra —el primero fue la titularidad de la Secretaría de la Función Pública, en donde Martínez Cázares pudo conocer el lado oscuro de la administración pública, y sumó a su hoja de servicios el cargo de secretario de Estado—, y sólo resta que en los seis meses por venir, el “delfín” del Presidente sea capaz de recuperar para su grupo político la estructura del PAN, en manos de la extrema derecha desde 1998, cuando la candidatura de Vicente Fox le arrebató de fea manera el control del partido al entonces presidente partidista Felipe Calderón.

La renuncia de Germán Martínez a la Secretaría de la Función Pública y su postulación como aspirante a la dirigencia del PAN, no es y no debiera ser una sorpresa para nadie —en apego al rigor del maquiavelismo político mexicano—, y tampoco debiera ser una novedad que el presidente Calderón haya fomentado fuertes expectativas respecto a que el “bueno” para presidir su partido pudiera ser su secretario particular, César Nava. En realidad, Calderón se apegó al “librito” y hasta “engañó con la verdad” a los que suponían que pudiera inclinarse por otro que no fuera su amigo, leal y condiscípulo. En realidad los dos, Calderón Hinojosa y Martínez Cázares, son productos destacados del “establo político” del desaparecido Carlos Castillo Peraza, el ideólogo de Acción Nacional de las décadas recientes. Son cabezas de grupo, de proyecto y de objetivos.

El nuevo PAN

Pero tampoco debe sorprender que el hombre más cercano al Presidente, o el político de todas sus lealtades, sea el señalado para presidir al partido en el poder. ¿Por qué? Primero, porque más allá de que en todas partes del mundo, en la historia del viejo PRI, todo proyecto de gobierno requiere caminar de la mano de su partido, si es que quiere llegar a puerto seguro y ofrecer resultados. Y segundo, porque Felipe Calderón ganó la candidatura presidencial, y luego la elección presidencial, contra los deseos y los intereses de su partido y del gobernante en turno, Vicente Fox. Se puede decir lo que se quiera de las torpezas de Fox, que metió la mano en la elección, que hizo todo, pero Calderón no era su candidato. Pero además, porque el grupo que actualmente tiene el control del PAN, más que un aliado del gobierno de Calderón, es un obstáculo para su desempeño.

Hasta ahí todo parece caminar bajo la lógica de la ortodoxia política. Pero eso no quita que la decisión de Calderón lleve tintes genéticos de una cultura harto cuestionable que todos conocemos como el dedazo en los tiempos del PRI, y como la “imposición grosera” en las prácticas del PRD, sobre todo en los tiempos de López Obrador. En la hegemonía, el PRI como partido en el poder —todos lo recuerdan—, el presidente en turno imponía al dirigente del partido y preparaba a su sucesor en una suerte de curso intensivo —sobre todo durante el salinismo—, para “placearlo” por los centros reales de poder.

En el primer gobierno federal del PAN, el presidente del partido no fue más que un incondicional que puso la estructura partidista y sus decisiones al servicio de Los Pinos, en tanto que en el PRD, el jefe del poder más importante, fuera Cárdenas o López Obrador, colocaba a leales —en el mejor de los casos—, y en el peor, a “títeres” con dotes de servilismo, como ejemplifica el siniestro caso del señor Leonel Cota. ¿Cuál de esos casos será el de Germán Martínez?

En efecto, el ex secretario puede terminar en un operador-gerente de AN —para colaborar con el Presidente en su proyecto de gobierno y en la sucesión presidencial— o puede convertirse en un “títere” del huésped de Los Pinos. En todo caso, la de Martínez Cázares es una decisión de alto riesgo. Pero también hay indicios de que la llegada de “Germán” a la dirigencia del PAN —como le dice de manera coloquial Calderón—, resulte mucho más que cualquiera de esas dos figuras decorativas. Y es que en AN que pretende dibujar Calderón en el ejercicio del poder, parece existir un proyecto de profundas raíces ideológicas en el mediano y largo plazos.

Regreso al origen

Pareciera que Calderón no sólo va por el control del partido para arropar su gestión sexenal, y para darle matices de congruencia y eficacia, sino que pretende ser la simiente de un proyecto político de largo alcance; una continuación del espíritu que animó el nacimiento del PAN; filosofía que “abrevó y hasta mamó” en su infancia. ¿Qué quiere decir eso? Que en tanto heredero de la cultura y el espíritu fundacional de Acción Nacional, de la escuela de los Gómez Morín y los Calderón Vega —de sus padres político y biológico, respectivamente—, Felipe Calderón va por lo que la corriente partidista a la que pertenece llama “la tercera generación” de Acción Nacional.

Es decir, aquella que ya trascendió el apostolado ideológico, por un lado, y la práctica opositora, por otro, para convertir a Acción Nacional en el “partido del gobierno”. El sábado 25 de noviembre de 2006, a unos días de la toma de posesión, se llevó a cabo un consejo nacional del PAN en el que Felipe Calderón dibujó lo que hoy parece una estrategia clara. Es decir, regresar al origen de su partido, a su doctrina y sus postulados, pero ya no en condiciones de mártires de la democracia y menos en calidad de meros opositores a los regímenes del viejo PRI, sino en calidad de partido en el poder. Entonces reclamó el apoyo del “panismo real” y dejó ver que la desviación ideológica que denunció su padre y que motivó su salida del PAN, debía ser corregida.

En esa lógica —la de Calderón, por supuesto—, el nuevo camino que emprenderá su partido —y su gobierno en primer lugar—, deberá dar los pasos necesarios para alcanzar para regresar a los objetivos fundacionales del PAN. ¿Y quiénes son llamados a ese objetivo? Otra vez desde la lógica de Calderón, los llamados serán los panistas doctrinarios. Por eso, desde la casa presidencial se impulsa a Germán Martínez Cázares, el político que, según Calderón, cuenta con los arrestos y la formación para esa tarea.

El centro y la derecha

Desde los tiempos de su formación en el “establo político” de Carlos Castillo Peraza —antes, durante y después de la gestión de Calderón como presidente del PAN—, el hoy Presidente se propuso trasladar al PAN hacia un esquema más de centro, de mayor distancia con la derecha extrema y, sobre todo, de la derecha radical. El Felipe Calderón, presidente del PAN —y a pesar de sus fuertes peleas con Vicente Fox, a quien ya Castillo Pereza motejaba como un “político bulto”—, rompió con dogmas de la derecha y la extrema derecha, al proponer de manera pública la necesidad de “correr” la ideología del PAN hacia la “centro derecha”. En esos tiempos, Germán Martínez Cázares acuñó una frase que hoy tiene un alto significado —y que recordó el columnista Francisco Garfias recientemente—: “No podemos seguir siendo identificados como los ‘meones de agua bendita’”.

Lo cierto es que Calderón ha emprendido una suerte de “rescate del PAN”, luego de que en 1988 fue arrastrado por las ambiciones presidenciales de Vicente Fox y por la realidad político-electoral de que el único capaz de competir con el PRI en la elección de julio de 2000, era el guanajuatense. En esos años, Calderón fue obligado a renunciar a su derecho de reelección, fue “atropellado” por la necesidad de Fox y de un grupo fuerte en AN, que proponía negociar con el gobierno de Ernesto Zedillo un pacto por el asunto del Fobaproa, y hasta fue echado de la campaña. Entonces se fue al extranjero a estudiar una maestría en Economía. Y claro que en ese tiempo pensó en renunciar al partido, igual que su padre. Pero en una larga platica con la numerosa familia Calderón —la que por cierto debió alejarse del gobierno—, decidió seguir para dar la batalla desde dentro.

Batalla a muerte

Pero ni Calderón ni Martínez Cázares la tienen fácil. En efecto, Calderón le arrebató a la extrema derecha la candidatura presidencial y el gobierno, a pesar de Fox y de la propia estructura ultraderechista del PAN en el poder. Y es que nadie puede negar que desde 1988 resultó fundamental la contribución de la extrema derecha para convertir al PAN en un partido ganador y símbolo de poder. Desde los tiempos de Manuel J. Clouthier, José Ángel Conchello, Francisco Barrio, Ernesto Ruffo y de muchos otros, el PAN fue capturado por la extrema derecha que, más que un proyecto político-ideológico, vieron en esa formación política un instrumento para compartir el poder con el PRI.

Bajo esa premisa nació la candidatura presidencial de Vicente Fox. No fue un salto ideológico o doctrinario para el recambio del poder, sino una competencia de grupos de poder que disputaban el poder por el poder, desde una franquicia distinta al PRI, pero con los mismos objetivos que el viejo partido. El de Fox, en el fondo, no fue más que un nuevo acuerdo de poder, frente a un sector del PAN que reclamaba origen y destino. Al parecer, Felipe Calderón se propone rescatar el origen de su partido y proyectarlo más allá de la lucha tradicional del poder. Y esa tarea le será encomendada a un panista de tercera generación, a otro de los productos del “establo” de Carlos Castillo Peraza: a Germán Martínez Cázares.

Y a los primeros que se enfrentará el ex secretario de la Función Pública será precisamente a los “meones de agua bendita”, a los pupilos de Manuel Espino, que lo mismo se encuentran en gobiernos estatales, municipales, en secretarías de Estado, que entre poderosos grupos empresariales y no menos poderosos jefes mediáticos. Calderón abrió un flanco de disputa nada fácil cuando decidió dar su visto bueno a la reforma electoral, que significó un choque frontal con poderosos intereses vinculados con la extrema derecha, que además está representada por fuertes intereses de medios de comunicación.

Por eso, además de las tareas partidistas, el nuevo dirigente del PAN, que con mucha seguridad puede ser Germán Martínez Cázares, deberá buscar un punto de conciliación con esos grupos de poder, y hasta deberá abrir espacios para sus pretensiones personales, que, a querer o no, tienen un punto de llegada en la candidatura presidencial de 2012.

Martínez Cázares ya no peleará por la dirigencia del partido doctrinario que por más de seis décadas buscaba un lugar como fuerza opositora. No sólo pretenderá jefaturar al partido “apóstol” de la democracia, sino que deberá pelear por un centro real de poder que ha decidido declarar no sólo la guerra a los poderes fácticos, sino impulsar un cambio fundamental en la vida política nacional, en la clase política y, sobre todo, por el nacimiento de nuevos liderazgos políticos acordes a los nuevos tiempos.

Y como la lucha será por un poder real, por el verdadero poder, la extrema derecha no cederá fácilmente la plaza. La lucha a la que se enfrentará Germán Martínez Cázares será por el futuro político de su partido, del gobierno de Felipe Calderón, y por el futuro de la política mexicana en general. ¿Tendrá los arrestos para esa batalla? ¿Está capacitado para esa lucha? ¿Tendrá la capacidad de convertirse en el potencial candidato presidencial del PAN para 2012? La respuesta la tiene el tiempo.

¿Podrá con el paquete?

Por lo pronto, quienes conocen a Martínez Cázares dicen que es un político de sólida formación ideológica, que no es un panista de los que “mea agua bendita” —por cierto, en una ocasión, les dijo a sus amigos que las batallas ideológicas de la derecha, como la del aborto, eran batallas perdidas por esa derecha y por la Iglesia católica—, y que suele leer más allá del estándar del panista normal. Dicen que es un político de ideas, que gusta de la discusión y el debate, y que está más cerca de la centro-derecha que de la derecha convencional, y muy lejos de la extrema derecha. Pero la gran pregunta para los panistas, y así lo expresan, es si ese es el líder que requiere el PAN.

Es el líder que quiere Felipe Calderón, pero nadie garantiza, para los panistas, que ese sea el liderazgo que requiere el partido. Acaso sea el que le interesa al Presidente. Y es que guste o no, la carrera política de Martínez Cázares está ligada a la de Calderón. Ya intentó ser presidente del PAN, y se retiró porque se lo pidió su amigo Calderón y porque era parte de la estrategia del entonces precandidato. Hoy podría ser el presidente del PAN porque se lo ordena o porque se lo permite Calderón. En todo caso, le deberá una buena porción del cargo al Presidente. Y todos saben que esa situación es harto cuestionable. No le queda más que ser Germán Martínez Cázares, más allá del coloquial “Germán” que conocen en Los Pinos. Al tiempo.

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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