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Calderón: limpiar la casa
El Presidente puede cerrar filas en torno a Ramírez Acuña o buscar nuevo secretario de Gobernación En la Secretaría de Economía, el relevo de Eduardo Sojo también parece inevitable A decir de algunos de los colabo- radores cercanos a Los Pinos, el ya famoso discurso que pronunció el Presidente frente a los “300 líderes” más influyentes del país —el pasado viernes 21— pudo llevar un mensaje que debe ser descifrado por el propio gabinete, ante la urgencia de Felipe Calderón por colocarse como el “líder” de un grupo eficaz y que ofrezca resultados tangibles. Y es que, en efecto —como recriminó molesto alguno de los 300 líderes—, en apego a la congruencia elemental entre lo que dijo Calderón y lo que hace como Presidente, la primera señal que deberá mandar el Ejecutivo es la de “predicar con el ejemplo”. Y para ello es indispensable “empezar por la casa”. ¿Qué significa lo anterior? Que habría llegado el momento de “limpiar la casa”, de remodelar y/o cambiar aquello que no sirvió, que muestra signos de un rápido deterioro o, de plano, que afea la casa. Y si Calderón quiere ser congruente con lo que dijo ese viernes 21 de septiembre pasado, difícilmente lo conseguirá si continúa con una buena parte de los hombres y las mujeres que lo acompañan en su gobierno, los que han mostrado signos evidentes de ineficacia y deterioro en aspectos clave para el desempeño eficaz de cualquier gobierno que se respete: la política, la economía y el delicado terreno social. En horas recientes aparecieron señales bastante claras del desgaste que viven dos de esos pilares del gobierno de Felipe Calderón: la política y la economía. En el primer caso, el encargado de la política interna, el secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña —que debió ser sostenido en los últimos meses literalmente con alfileres—, se ha visto rebasado por la crisis de seguridad nacional provocada por la reaparición del EPR y sus operativos para hacer estallar instalaciones de Pemex. Pero esa es sólo una de las vertientes de la crisis —acaso la más visible— que vive el encargado de la política interna, ya que si bien resulta estratégico su papel y desempeño en el tema de la seguridad nacional, no es menor su responsabilidad en la vertiente política. Y es precisamente en este campo donde las presiones cotidianas y el aislamiento tienen agotado y hasta agobiado a Ramírez Acuña. Resulta, como se vio en su comparecencia ante la Cámara de Diputados el pasado martes, que frente a los centros de poder político real, como gobernadores, legisladores y líderes partidistas —incluso entre los de su partido—, el secretario de Gobernación se ha convertido en un factor de conflicto, división y hasta rechazo al gobierno de Calderón. Los diputados lo ridiculizaron y hasta insultaron —y demostraron serias incapacidades para el desempeño de su cargo—, además de que lo habían mantenido al margen de las reformas fiscal y electoral, que aprobó el Congreso en días pasados. Un presidente que pretende asumir un liderazgo como el que describió Felipe Calderón el pasado viernes no se puede dar el lujo de mantener en su cargo a un político como Ramírez Acuña —por mucho que le esté pagando los favores recibidos en los tiempos electorales—, al que se le han ido por las manos, como agua, temas estratégicos como la seguridad nacional y la construcción política. Y frente a esa realidad, Calderón tiene dos posibles salidas: cerrar filas en torno a su gabinete, a su amigo Ramírez Acuña, con todo lo que eso significa —como mandar el mensaje de un gobierno fuerte, pero de un Presidente incongruente—, o buscar un nuevo secretario de Gobernación. En efecto, un hipotético cambio en Gobernación a estas alturas hablaría, en la ortodoxia de los gobiernos priístas, de una gestión débil que cede ante las presiones políticas —PRD y PRI pidieron el martes pasado la caída de Ramírez Acuña—, pero también en las horas recientes Calderón dio muestras de que su talante está muy lejos de esa ortodoxia y que parece sensible a la realidad. Y esa muestra la dio ayer mismo, cuando en un mensaje matutino que se retransmitió por la noche para captar a todas las audiencias, Calderón aceptó la costosa realidad de promulgar el impuesto a los hidrocarburos hasta el mes de enero de 2008. Y precisamente aquí es donde aparecen las evidencias del debilitamiento de otro de los pilares de su gobierno: el de la Economía. El encargado de esa cartera, Eduardo Sojo, ya tiene un “tache” en su hoja de servicios, cuando en las primeras semanas de la gestión de Calderón se vio rebasado por el incremento en el precio internacional del maíz y la repentina alza en el precio de la tortilla. El presidente Calderón debió salir ante la opinión pública para resolver el problema —de manera tardía y parcial—, a causa de las notorias incapacidades de sus colaboradores. Ante la “burbuja” inflacionaria que desató el alza de precios en días pasados, debido a un manejo político y mediático equivocado respecto del nuevo impuesto a las gasolinas, nuevamente la mañana de ayer Felipe Calderón debió aparecer en público, para anunciar que dicho impuesto entrará en vigor a partir de enero próximo, como lo habían propuesto diputados de PRI y PRD. Pero el daño ya está hecho, pues ante la incapacidad de Eduardo Sojo parece incontenible la escalada alcista de precios. El relevo de Eduardo Sojo también parece inevitable. En julio pasado dijimos en este espacio —ante los rumores de eventuales cambios en el gabinete— que ante la emergencia política que imponían “las reformas por venir” y la complicación del mes patrio, “el informe presidencial y el grito de Independencia”, se podían descartar cambios en el gabinete. Hoy la situación es harto distinta, y en la agenda presidencial sólo están pendientes la elección de Michoacán, prevista para el 11 de noviembre, y el cambio en la dirigencia del PAN, para marzo de 2008. ¿Es tiempo de limpiar la casa? Las señales indican que sí. Pero el problema es de congruencia, de saber si Calderón es consecuente entre lo que dice y lo que hace. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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