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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
26 de septiembre de 2007

Triángulo perverso

La supuesta cruzada de Alanís contra la corrupción es un “aseo cosmético”

El sector de Beltrones mantendría fuerte influencia en los órganos electorales

En los días recientes, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ha mostrado un peculiar activismo contra el que fuera su presidente magistrado, Flavio Galván, al grado de que no pocos de los conocedores de las intrigas judiciales aventuran la posibilidad de que muy pronto se podría dar una vacante en ese organismo electoral.

Sea por la vía de la renuncia definitiva —ya que Galván renunció sorpresivamente a la presidencia del TEPJF el pasado 6 de agosto—, sea forzado por las indagatorias que el propio tribunal inició en su contra, lo cierto es que no son pocos los que ya hacen cuentas políticas para la disputa del lugar que dejaría vacante el ex presidente Flavio Galván.

Pero en el fondo, la supuesta cruzada contra la corrupción y la opacidad que ha iniciado la nueva presidenta del Tribunal Electoral, María del Carmen Alanís, no es más que parte de una estrategia de supervivencia y “aseo cosmético” —de una institución altamente desacreditada desde su interior, por intereses de grupo y ambiciones desmedidas—, y que al mismo tiempo pretende “blindar” al grupo que resultó ganancioso con el escándalo de corrupción detonado por las torpezas de Flavio Galván.

Y es que en el complejo entramado de intereses políticos y de poder que estuvieron en juego durante la disputa por la recién aprobada reforma electoral, el Tribunal Electoral fue un importante activo político que, al final de cuentas, sobrevivió de manera momentánea y que en el futuro reciente podría ser parte del poderoso feudo controlado por el líder del PRI en el Senado, Manlio Fabio Beltrones. En el futuro inmediato y hasta 2012 —pasando por 2009—, podría mantener el control político de los dos más importantes organismos electorales federales: el IFE y el TEPJF.

Todos saben que la crisis que hace casi dos meses se desató en el Tribunal Electoral no sólo fue producto del supuesto encubrimiento de Flavio Galván de presuntas pillerías de una de sus colaboradoras, sino que esa irregularidad fue el detonante de una lucha por el control de la instancia electoral. Frente a la crisis, las ambiciones se desataron y la mano de Manlio Fabio Beltrones resultó determinante para la llegada de María del Carmen Alanís —y la salida de Flavio Galván—, en tanto jefe de una “familia” política a la que pertenecen la feliz pareja que son Emilio Rabasa y María del Carmen Alanís.

La fea imagen que dejó el encubrimiento y posterior derrocamiento de Flavio Galván colocó al Tribunal Electoral en el banquillo de los acusados —junto con el IFE— durante las disputas por la reforma electoral. Es más, el PAN llegó a condicionar que aceptaba los cambios al IFE, si también se realizaba un proceso de “limpia” en el TEPJF. Por momentos pareció que la “guillotina” alcanzaría también al tribunal, pero la poderosa “familia” Beltrones reaccionó y salvó el cuello de los magistrados. ¿Qué fue lo que pasó? Lo que ocurre en todos los grupos de poder: que ante los vacíos de poder y en una suerte de “capilaridad” política se crearon estructuras triangulares para ocuparlos. Y en este caso se articuló lo que puede terminar en un “triángulo perverso”.

En distintos momentos hemos documentado aquí el valor político del liderazgo generacional de Manlio Fabio Beltrones, quien desde su paso por Gobernación —en los tiempos de don Fernando Gutiérrez Barrios—, le dio forma a un influyente grupo al que pertenecen nada menos que Arturo Núñez, Felipe Solís Acero, Emilio Rabasa y el poderoso asesor Marco Antonio Baños. Por azares de la política y del destino, Emilio Rabasa mantiene vínculos personales con María del Carmen Alanís. Por esas mismas razones, Rabasa y Alanís entablaron vínculos políticos y presuntamente empresariales con el talentoso Jorge Alcocer —el ex comunista, ex perredista y ex colaborador del PRI y del PAN—, y uno de los artífices de la reforma electoral.

Arturo Núñez era el representante del PRD en la reforma electoral, Felipe Solís Acero representaba al PRI en esa misma reforma, en tanto que Jorge Alcocer era algo así como el talento, el estratega y hasta “la conciencia crítica” de dicha reforma. Frente a ese “trabuco”, ¿quién podía imaginar siquiera que el Tribunal Electoral fuera sometido a la misma suerte que el IFE? Se paró el asunto y el TEPJF se quedó como está, con la señora María del Carmen Alanís a la cabeza. Y ahora, ¡claro!, intenta lavar el rostro de una institución que los propios magistrados ensuciaron por sus ambiciones de poder.

Y son muchas las posibilidades de que el “triángulo perverso” se pudiera cerrar con la llegada de Jorge Alcocer al IFE, como consejero presidente. De prosperar la posibilidad, el PRD y el PRI —en principio— estarían en posibilidades de apoyar la presidencia de Alcocer al frente del IFE. Hay que recordar que Jorge Alcocer es un reconocido político surgido desde lo profundo del Partido Comunista, de donde pasó por distintas formaciones de la izquierda que dieron lugar al PRD; que colaboró en Gobernación con Francisco Labastida y que jugó un papel muy importante en la candidatura y en los primeros meses del gobierno de Calderón. Así que pudiera ser también respaldado por el PAN y hasta por el propio presidente Calderón.

Pero lo más interesante de todo esto es que la “familia” política creada en torno a Manlio Fabio Beltrones —esto es, Arturo Núñez, Felipe Solís Acero, Emilio Rabasa, María del Carmen Alanís y Jorge Alcocer— pudiera ser el grupo político que termine detentando el control absoluto de los dos más importantes organismos electorales mexicanos: el IFE y el TEPJF. Todo ello con una agravante adicional. Que en tanto asesor y artífice de la reforma electoral, de los cambios en las facultades y nueva composición del IFE, Jorge Alcocer, habría sido juez y parte. Es decir, habría impulsado la creación de un nuevo IFE a su gusto, y en donde el propio Alcocer podría ser el presidente.

Y por supuesto, de confirmarse el “triángulo perverso”, un sector del PRI, el de Manlio Fabio Beltrones, habría conseguido mantener una fuerte influencia en los órganos electorales que, en la misma hipótesis, estarían encargados de preparar y calificar la elección donde él sería candidato.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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