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Arteria
Lo confieso: me encantan las telenovelas. A veces salgo corriendo de las inauguraciones para no perderme un capítulo, y si tengo que escoger entre la novela o un programa sobre arte no lo dudo, máxime que estos últimos casi siempre tienen lo entretenido de un libro de consulta. Mejor los grabo. Para mi enorme sorpresa, un nuevo programa de arte del canal 22 logró que le cambiara a Mientras haya vida, y eso que es una novela de Epigmenio Ibarra, mi productor favorito. Mi relación tanto con las telenovelas como con el arte es vieja. No se las cuento por interesante, aunque tuve el privilegio de ser visitante frecuente de museos desde niña, lo cual me coloca en una minoría. Lo hago para resaltar que nuestros hábitos de consumo cultural se adquieren en casa. Nací en 1954. Crecí escuchando la radionovela Chucho El Roto con mi abuela. La primera telenovela que vimos fue La Leona, con Amparo Rivelles. Era 1961. La veíamos atentas y sufríamos mucho. Apenas abrió el Museo de Arte Moderno en 1964, mis papás me llevaron a conocerlo. Desde entonces me impresionaron algunas obras; pero lo que más me divertía era subir las escaleras, pararme bajo el domo y hacer ruidos para oír el eco. A la fecha, si no hay nadie cerca doy un par de pasos fuertes para corroborar que ahí sigue. En otras palabras, en mi caso, las telenovelas tienen derecho de antigüedad. Hace como tres semanas, me topé con ARTERIA, uno de los nuevos programas del Canal 22. Eran las 9 de la noche y tenía media hora antes de la telenovela, así es que decidí echarle un ojito. De entrada me hizo reír su cortinilla en la que una gordita pelirroja sale del MAM gritando “no entiendo nada”. Corre y corre como Lola. Sospeché que podía tratarse de un programa de arte pensado para personas asiduas a las telenovelas. Después aparecieron Diana Lein y Maya Leyva, un poco en el tono de Ellas con las estrellas, pero en versión cultura, hablando del arte después de Duchamp. Pero no se quedaron en el rollo histórico. Apareció desde un fragmento de Sex and the City sobre arte, hasta propuestas artísticas que cuestionan su consumo y no faltaron las encuestas entre el público en una exposición en El Faro. El arte aterrizó en la realidad. El programa duró una hora, suficiente para meter de todo: una entrevista con un embalador, una visita a la exposición Tiempos intensos. Tiempos difíciles en el Museo Tamayo, entrevistas con los artistas Eduardo Abaroa y Maris Bustamante y el crítico Erik Castillo, el corto de Juan José Gurrola Robarte el arte, un perfil del pintor Óscar Ávila y la sección del paparazzi del terror que fotografía al público en las inauguraciones. El programa me gustó por ecléctico. El segundo capítulo fue sobre identidad y se centró en La era de la discrepancia, con Cuauhtémoc Medina y Alberto Híjar en los papeles protagónicos (¿antagónicos?). El reparto incluyó a los otros curadores y algunas artistas de la exposición. Diego Rivera y Frida Kahlo, los artistas más taquilleros de México a pesar de que no ha habido una telenovela sobre su tórrida pasión, cumplieron con su fantasmagórica presencia. Hubo una aparición estelar del pintor Daniel Lezama. Y no faltó el toque humorístico: un perfil de Joaquín Segura, conocido por hacer un Buda con cara de Medina. Este martes el programa fue sobre el arte y el juego. Para mi deleite, su enfoque no fue la lucha libre —deporte de moda en el arte—, sino el futbol. Se dio una sabrosa discusión sobre las reglas del juego del arte. El reparto fue de primera y ¡hasta vimos a varios sudorosos pintores pateando la pelota! Estuvo divertidísimo. Me cuentan que me perdí uno de los mejores episodios de mi telenovela. Ni modo. www.pintomiraya.com.mx
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