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Mujeres que sobreviven a la violencia doméstica
Pocas mujeres tienen el valor de romper el silencio ante la violencia y buscar ayuda en organizaciones especializadas. Apoyan a quienes sufren de abuso físico, sicológico y moral por parte de sus agresores. La semana pasada, asistí a una conferencia que trató sobre la violencia doméstica. Estaba dirigida a guionistas que colaboran para el programa Lo que callamos las mujeres, producido por TV Azteca. Es importante que los encargados de contar historias en la pantalla tengan la preparación para comprender los conflictos que plantean y la sensibilidad para dar opciones a los espectadores que se identifiquen. Las mujeres nos sentimos orilladas a callar en los momentos más críticos. Tenemos miedo de ser juzgadas por la sociedad y olvidamos que alguien más ha sufrido cosas peores a las que nosotras pasamos. Varios testimonios me inspiraron a escribir acerca de esta realidad. Quienes han logrado salir adelante a pesar del control obsesivo que ejercían sobre ellas sus parejas, lo hicieron gracias al apoyo de especialistas que las acompañaron hasta la corte para defender sus derechos, además de ayudarlas a concentrar su energía en nuevas pasiones. Cuando una mujer sufre de maltrato doméstico tiene dos alternativas: quedarse con el agresor o intentar liberarse de él para reconstruir su vida. Si elige la primera, quedará devastada y desarrollará múltiples enfermedades; sin embargo, la segunda alternativa es considerada la más difícil pero finalmente, la más saludable. Una mujer que atravesaba por una crisis económica y emocional se reencontró con un amigo de la infancia, quien le confesó haber estado enamorado de ella desde entonces. En un momento de vulnerabilidad, ella creyó que había encontrado al príncipe que la rescataría de sus desgracias. Aceptó ser su novia y dejarse ayudar pero terminó envuelta en un permanente acoso, estafa y amenazas de muerte. Otra joven, vivió 15 años en concubinato con un hombre mayor y enfermo. Cuando murió, las hijas la acusaron de asesinato. Otro caso fue el de un hombre que falsificó su boda y despojó a su “compañera sentimental” de las acciones de la empresa que formaron juntos, además de la custodia de sus dos hijos. El ejemplo que más me sorprendió fue el de una mujer que sostuvo un romance con un hombre muy poderoso y capaz de controlar su vida. Ella prefirió fingir su muerte e irse del país para comenzar una nueva vida. A las mujeres como las anteriormente mencionadas, que tienen la valentía de rehacer sus vidas desde cero y sobreviven al trauma después de la violencia, se les llama heroínas. Hemos olvidado lo que significa ‘el buen trato’, nos hemos olvidado de nuestra dignidad y del respeto hacia los demás. Creemos que si alguien nos ayuda, tendremos que darle algo a cambio. A pesar de todo eso, procuremos ser más solidarios. lahojaenblanco@gmail.com
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