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Informe y claudicación
Insólito acuerdo para respetar lo que todos deben respetar Los amarillos se convierten en aval de la gestión de Calderón Muchas horas, días y semanas de una ri-dícula y vergonzosa discusión sobre el cumplimiento del artículo 69 constitucional —que todos los integrantes del Congreso protestaron respetar y hacer respetar— concluyó con lo insólito: un acuerdo político para que todos respeten el mandato constitucional durante el primer Informe de Gobierno de Felipe Calderón. En efecto, se podrá hablar de un destello de sensatez que iluminó a diputados y senadores del PRD; de un esfuerzo titánico de negociación entre todos los partidos, de una muestra de que el Congreso no quiere repetir los penosos espectáculos que lo hacen ver como un circo más que como el contrapeso del Ejecutivo, y hasta se podrá hablar del fin del ritual del “día del presidente”, para dar paso a una ceremonia de estricto respeto entre poderes. Se podrá decir todo eso y más. Pero en el fondo, cuando las muchas horas, días y semanas de discusión terminaron con la decisión del PRD de abandonar el salón de sesiones, para “garantizar” el cumplimiento del artículo 69 constitucional —y que el presidente Calderón pudiera entregar su Informe al inicio del periodo de sesiones respectiva del Congreso—, a la única conclusión seria que se puede llegar es que el partido amarillo, atrapado en sus contradicciones y su infantilismo político, se ha convertido en el mejor aval del gobierno de Felipe Calderón. PRD: la claudicación ¿Qué ganó el PRD, sus diputados y senadores, con abandonar el salón plenario del Congreso antes de la llegada del presidente Calderón al recinto? Los “fieles” del lopismo podrán decir misa: que fue una muestra de sensatez, de civilidad, de madurez política, de grandeza republicana… Lo que quieran, pero la realidad es que al final de cuentas quedaron reducidos a un partido enano, incapaz de hacer frente a su responsabilidad real, de fondo —no la del circo mediático—, que es la de ser los más severos y serios críticos de la administración presidencial que dicen desconocer. Llovió sobre mojado en el Congreso, ya que al ridículo que todos los partidos hicieron durante las horas, días y semanas previas al Informe del presidente Calderón —sobre todo el ridículo del PRD y de su “legítimo”, que se rasgaron las vestiduras en torno a la posibilidad de que Calderón llegara a la tribuna del Congreso—, se sumó el ridículo de un acuerdo político para respetar lo que todos están obligados a respetar en el Congreso, y el ridículo de una bancada y un partido que legitimó no sólo al gobierno de Calderón, sino que no se atrevió a cuestionarlo, que impidió con densas “cortinas de humo” la discusión y el análisis de la gestión de Calderón, y que por ello avaló su primer año como presidente de todos los mexicanos. “No comen lumbre” los señores del PRD, dijimos aquí el pasado lunes. Y en efecto, no comieron lumbre. Pero su protesta de “ausencia y silencio”, más que un acto de prudencia, madurez y sensatez política, se convirtió en un acto de claudicación. Ahora la discusión ya no es sobre el dilema que representaba la “ilegitimidad” del “espurio” frente a la legalidad de su cargo, sino que el dilema se ha corrido al extremo que plantea la sumisión del PRD en tanto partido opositor, y su aval silencioso a la gestión de Calderón. En 1988, el PAN acordó con el ilegítimo gobierno de Carlos Salinas “la legitimidad en el ejercicio del poder”. Y en 2007, con sus vergonzosos acuerdos de la ausencia y el silencio —que no parece otra cosa que un acuerdo de claudicación, si no es que hasta de sumisión—, el PRD parece haber legitimado al gobierno de Calderón, antes incluso de saber si resultará eficaz en el ejercicio del poder. El PRD debió permanecer en el recinto parlamentario, para cumplir con el mandato constitucional. Debió usar la tribuna para cuestionar con seriedad, con solidez, con respeto las políticas del presidente Calderón, los fallos y los errores. Pero se quedó muy lejos, incluso, del ejemplo que dio esa izquierda en su nacimiento, el 1 de diciembre de 1988. Hoy, igual que hace 19 años, se salieron del recinto, pero no en medio de una protesta, sino de una claudicación de su responsabilidad de opositores. PRD, ¿como en 1988? Y en efecto, terminó el vergonzoso ritual conocido por todos como “el día del presidente”, una ceremonia que en su origen fue concebida como un acto de rendición de cuentas del Ejecutivo frente al Legislativo —y que debía ser condición para garantizar el equilibrio entre poderes—, pero que con el tiempo y las peculiares personalidades de césares que dominaban a los presidentes, se convirtió en la exaltación del culto a la personalidad y el sometimiento de los poderes Legislativo y Judicial al todopoderoso Ejecutivo. Como ya dijimos, en 1988, durante el último Informe de Miguel de la Madrid, senadores y diputados del Frente Democrático Nacional —antecedente directo del PRD— abandonaron entre gritos el recinto de San Lázaro en repudio al fraude electoral de ese año, que hizo presidente a Carlos Salinas y despojó a Cuauhtémoc Cárdenas. A la interpelación que pretendió el entonces senador Porfirio Muñoz Ledo al presidente De la Madrid, le siguió el abandono del salón plenario. Ese momento fue identificado como el que marcó el principio del fin del “día del presidente”. Hoy, 19 años después, el PRD pretende reeditar la historia, y en protesta por lo que los amarillos llaman el fraude electoral de julio de 2006, decidieron abandonar el recinto de San Lázaro antes de que llegara el presidente Calderón a hacer entrega de su primer Informe de Gobierno. Y en efecto, el ritual del “día del presidente” terminó en condiciones similares a las que se dieron ese 1 de septiembre de 1988, pero lo cierto es que se da frente a dos procesos electorales que nada tienen que ver entre sí. Y es que por más que el PRD y su líder “legítimo” pretendan emparentar las elecciones presidenciales de 1988 con las de 2006, lo cierto es que existe una gran diferencia. Las de 1988 fueron unas elecciones de Estado, en las que antes, durante y después fue evidente la represión, en las que no sólo se robaron los votos, sino que imperó la inequidad y la parcialidad, en las que el gobierno en turno fue juez y parte, en las que no existían las herramientas legales que hoy existen, sino que en aquellas hubo persecución y muerte. Las de 2006, les guste o no a los amarillos y a sus fieles, no se pueden comparar con las de 1988. En 2006, salvo el gran engaño discursivo, nadie ha podido demostrar un fraude, y menos que se trató de una elección de Estado. Y en un acto que pareció una señal para recordar las diferencias entre ambas elecciones, sobre todo en lo que tiene que ver con la pérdida de vidas —crímenes que, entre otras cosas, marcaron de forma dramática la intromisión del gobierno en el proceso electoral de 1988—, Cuauhtémoc Cárdenas reapareció en días pasados en su natal Michoacán junto a su hijo el gobernador Lázaro Cárdenas Batel y, sorpresivamente, al lado de Leonel Godoy, el candidato al gobierno de Michoacán del grupo que jefatura López Obrador. Los tres inauguraron un libramiento carretero que lleva el nombre de Francisco Xavier Ovando. Muchos entendieron esa reaparición de Cárdenas como una señal de reconciliación con el lopezobradorismo, sobre todo, luego de que el propio Cárdenas se encargó de decir que “no existe rompimiento” con AMLO. ¿Pero qué significa dar el nombre de Francisco Xavier Ovando a un libramiento carretero que se construye en Michoacán. El señor Ovando, junto con otros perredistas, fue una de las víctimas del gobierno de De la Madrid y del salinismo en los días previos al 6 de julio de 1988. Era el encargado de la logística de las casillas electorales para el día de la elección, y fue asesinado horas antes del día de la jornada electoral. El mensaje de Cárdenas es bastante claro. Al recordar a Francisco Xavier Ovando, el tres veces candidato presidencial marca la diferencia entre una elección de Estado, como la de 1988, en donde existió persecución y muerte, y una elección como la de 2006, en donde la derrota de la izquierda se debió, sobre todo, a los errores y la soberbia del candidato presidencial de esa izquierda, del señor “legítimo”. Cárdenas apareció junto con Godoy porque el ahora candidato fue fiscal especial para investigar los crímenes como el de Ovando. Pero el simbolismo del acto, el nombre que se impuso al libramiento, dejan ver que el mensaje es la diferencia entre una y otra elecciones. Y es que con el cuento del fraude en las elecciones de 2006, el señor Andrés Manuel López Obrador no sólo pretende justificar su derrota y sus errores, sino colocar la elección en la que fue vencido a la misma altura de la elección en la que Cárdenas fue despojado. El señor “legítimo” requería de un estandarte que lo convirtiera en víctima de las perversidades del Estado, y con el espantajo del fraude lo consiguió. Pero el propio Cárdenas se encarga de marcar las diferencias entre las dos elecciones, lo que se traduce en diferencias insalvables entre los dos líderes del PRD. Le ayudan a Calderón Pero el circo que montaron todos los partidos, pero en especial el PRD y su “legítimo”, en las semanas previas al Informe —pelea mediática en la que los amarillos pretendían venganza al impedir que el Presidente llegara a San Lázaro—, en realidad se convirtió en el mayor aval de la gestión de Felipe Calderón. Y es que la discusión de fondo no debió ser si Calderón llegaba o no al Congreso —cumplir a secas la Constitución—, sino si el gobierno de Calderón resultó o no eficaz en su primer año de gobierno —reducido a nueve meses—, si va o no por el rumbo correcto, si debe corregir o no. Si el 1 de diciembre de 2006 alguien le hubiera dicho a Calderón que en el PRD tendría al mejor aliado para proteger su gestión, nadie lo hubiera creído. Pero hoy eso se ha confirmado. Cuando el perredismo delirante centró su estrategia en impedir que el presidente Calderón entrara al recinto parlamentario, cuando secuestró literalmente la institucionalidad del Congreso y cuando condicionó su comportamiento a la negociación de iniciativas con una gran dosis de venganza política, en realidad le brindó al presidente Calderón y a su gobierno la mayor ayuda que pudieran haber tenido todos los colaboradores del “gobierno espurio” al que los amarillos dicen combatir. ¿Por qué? Porque en su delirio calderofóbico, el PRD y el “legítimo” lo que en realidad consiguieron fue un blindaje mediático al propio desempeño del gobierno de Calderón. De manera torpe e infantil jalaron la atención mediática y pública al vulgar debate de si iba o no al Congreso el Presidente, si subía o no a la tribuna, si hablaba o no. Y ese debate, inútil, estéril, y ñoño dejó casi intocados el análisis y la revisión puntual de los desaciertos y vacíos del gobierno de Calderón. Los amarillos no sólo se equivocaron de estrategia, no sólo desperdiciaron una oportunidad de oro para cuestionar con severidad los escasos resultados del gobierno de Calderón, sino que avalaron la gestión de su odiado “espurio”, y en víctima del radicalismo amarillo. Ayer Calderón entregó su Informe en el Congreso, ante una opinión ciudadana que mayoritariamente lo ve como un presidente perseguido, con un nivel de aceptación muy por arriba del que en el mismo primer Informe mostraban Ernesto Zedillo y Vicente Fox y, lo impensable, como un Presidente que cumple. Y mientras tanto, en la otra cara de la moneda, esa misma opinión ciudadana ve al PRD y a su líder cada vez más lejos de los problemas y de los ciudadanos; se ve a los amarillos como peleoneros, irresponsables y vengativos, percepción que se ha reflejado en los procesos electorales locales, donde ha perdido casi por completo la simpatía ciudadana. Por donde se le quiera ver, la estrategia seguida por el PRD y su “legítimo” se ha convertido en la mejor aliada del presidente Calderón, al que odian los amarillos, al que insultan en los medios alineados al “legítimo”, pero al que fortalecen al convertirlo en perseguido, al pactar un acuerdo del silencio en el primer Informe, en tanto que cubren con una cortina de humo sus errores y deficiencias. ¿Quién perdió y quién ganó con el sainete del primer Informe? Una primera señal es que perdió el PRD, en cuanto a imagen y confianza, en tanto que ganaron Calderón, el PAN y el PRI. ¿Y dónde quedó la discusión, el debate, el análisis de lo que hizo bien o mal el gobierno de Calderón? Pues quedó anulado por el infantilismo de los amarillos. Veracruz rojo Y mientras que hoy en Palacio Nacional, el presidente Calderón dará lectura a un mensaje que resumirá lo alcanzado por su gestión, en el estado de Veracruz se vivirá uno de los procesos electorales más controvertidos, no sólo por la cerrada competencia entre el PRI y el PAN, sino por el peligroso retroceso que se vive. Como si no hubiera pasado nada en la democracia electoral mexicana, entre aquel 1988 y el 2007, los bandos en disputa se valen de los métodos más cuestionables para llevar votos a las urnas, en una elección que a horas de la jornada de votación ya reportó la pérdida de vidas humanas. El PRI podrá resultar ganancioso, pero el precio en desprestigio para la democracia electoral será incalculable. Al tiempo. aleman2@prodigy.net.mx
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