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    Usos del poder
Alfonso Zárate
29 de agosto de 2007

PRD: ¿quién manda allí?

López Obrador dejó de ser el dueño del PRD cuando perdió la Presidencia de la República, pero sigue siendo el mayor líder social de la izquierda, y aun cuando los dirigentes de otras corrientes y los cuadros más sensatos censuren su necedad y autoritarismo, no se atreven a romper; saben que López Obrador representa la única posibilidad, por el momento, de que el PRD llegue a la Presidencia. Por eso los saldos del Décimo Congreso Nacional Extraordinario resultan contradictorios: Nueva Izquierda (NI) llega, finalmente, a la meta: el control del aparato, pero no puede evitar que Andrés Manuel imponga su diagnóstico del país y su negación de la realidad.

Los Chuchos saben que su largamente trabajada victoria será pírrica si Andrés Manuel rompe con el PRD. Se quedarían con un aparato sin músculo social. Pero López Obrador también perdería: se llevaría con él a la Corriente de Izquierda Democrática que fundó y sigue dirigiendo René Bejarano, a los coordinadores de las Redes Ciudadanas y a sus hombres de confianza (los mismos que usurparon responsabilidades electorales y entregaron malas cuentas), a Marcelo Ebrard con el poder del Gobierno del DF y a Amalia García con el de Zacatecas, pero los cuadros más experimentados se quedarían en el partido.

A 18 años de su fundación, la disputa entre la burocracia que controla el aparato, Los Chuchos, y el líder que tiene a la gente, amenaza con romper el frágil equilibrio. La tensión no puede ocultarse, pero con la ruptura todos pierden: NI porque sólo administraría las sobras del partido; López Obrador, porque sus votos no le alcanzan para ganar la Presidencia. El primer impacto del desmembramiento sería el desfonde electoral y un severo retroceso en la próxima Legislatura de la Cámara de Diputados.

Tres hechos pueden modificar el frágil equilibrio de fuerzas: 1) el primer Informe de Gobierno de Calderón; 2) los comicios en Michoacán, y, sobre todo, 3) la elección de nuevo presidente nacional del partido. Será entonces y en función de lo que resulte (Alejandro Encinas, el candidato de López Obrador, o Jesús Ortega, de NI) que se perfilará el destino del PRD. El escenario más probable es el de una elección muy competida, plagada de irregularidades y trampas que erosionará más al partido del sol azteca. Una derrota de Encinas abriría el desenlace tan temido: el deslinde de López Obrador para construir un nuevo partido o, quizá, adquirir una franquicia que le permita competir en 2009 y, sobre todo, en 2012.

La calamidad para un país con enormes desigualdades es que el mayor partido creado por la izquierda mexicana, una vez en el poder, reprodujo los viejos usos de uno de sus afluentes mayores, el PRI: clientelismo, pragmatismo, corrupción… y aportó sus propios vicios: fraccionalismo, caudillismo e ineficacia.

El PRD no gobierna distinto ni muestra una dimensión ética. Como el PAN, llegó al gobierno y no supo qué hacer: distribuyó cargos públicos como cuotas a las tribus o dádivas a los amigos y a las novias. En Zacatecas, una veterana de la izquierda, Amalia García, favorece a sus parientes, empezando por su propia hija quien, desde el Senado, hace un uso indebido de los recursos públicos. Después de 10 años de gobernar la capital de la República, son muy escasas las realizaciones estructurales de las administraciones perredistas: hoy el DF no es menos vulnerable que hace 10 años, se abandonó el Metro y se ha hecho muy poco para garantizar la viabilidad de la ciudad.

Las viejas clientelas del PRI —ambulantes, tianguistas, taxistas piratas y tolerados— se convirtieron en perredistas, pero mantuvieron el mismo pacto corporativo: complicidad y tolerancia a cambio de masas movilizables y contribuciones materiales.

Este sábado, como lo dispone la Constitución, Felipe Calderón acudirá a la apertura del periodo de sesiones ordinarias a rendir su informe. Presidirá la sesión del Congreso General Ruth Zavaleta, de NI. Conoceremos entonces si prevalece la sensatez en el PRD o se impone el infantilismo: un porrismo disfrazado de línea dura que le sigue haciendo el caldo gordo al PRI.

 
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PERFIL
 
Alfonso Zárate Flores, director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C. (GCI), es licenciado en derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM y maestro en Sociología Política por The London School of Economics and Political Science.

En el sector público fue, entre otros cargos, director general de Análisis Político en la Presidencia de la República, asesor del secretario de Relaciones Exteriores, asesor del subsecretario de Gobernación y en el ámbito académico fue director de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos (IMRED) y la Universidad Iberoamericana (UIA). Es autor y coautor de numerosos ensayos y artículos y de varios libros, entre ellos, Los usos del poder, Fin de siglo, fin de ciclo y Fox: los días perdidos.

 
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