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Sofocan pleito en Palacio
Una disputa por el poder en el estado de México llevó a punto del enfrentamiento a Juan Camilo Mouriño y Germán Martínez contra César Nava Notablemente desapercibido pasó el reparto del pastel panista el fin de semana pasado en el estado de México. El diputado federal Juan Carlos Núñez fue electo presidente del partido en la entidad, tras una reñida competencia con otro diputado federal, Gustavo Parra. El acuerdo político salomónico fue que el perdedor Parra se quedara con la secretaría general, y que los dos grupos se repartieran por partes iguales todas las carteras del panismo mexiquense. La negociación resolvió el riesgo de una eventual fractura del partido en la entidad y volvió a derrotar, en pleito soterrado, a Manuel Espino, líder nacional del PAN, frente a Los Pinos. Pero no todo había sido tan claro en esa lucha mexiquense. La sucesión en el liderazgo estatal estaba desbordándose al chocar dos de las personas más cercanas al presidente Felipe Calderón por quedarse con todo el pastel, su superasesor Juan Camilo Mouriño, que apoyaba a Núñez, y su secretario particular César Nava, que respaldaba a Parra. El grupo más cercano a Calderón tomó sus respectivas trincheras y se golpeó durante varias semanas. En el fondo no sólo estaba el control en el estado de México, ciertamente, sino el del PAN nacional, cuya presidencia será renovada el próximo año. Nava, uno de los calderonistas que tomaron control del Consejo Político Nacional tras el reciente congreso panista, está en el primer lugar de entre los aspirantes a relevar a Espino, empatado con el secretario de la Función Pública, Germán Martínez. En tierras mexiquenses, Martínez jugó con Mouriño y en contra de Nava. Núñez llegó arropado por dos figuras del panismo mexiquense, el senador Ulises Ramírez, quien forma parte del llamado Grupo Tlanepantla, y José Luis Durán Reveles, alcalde de Naucalpan, ex candidato a gobernador y subsecretario de Gobernación en los tiempos de Santiago Creel, quienes forjaron una inesperada alianza. Durán Reveles es miembro de una de las familias de abolengo político mexiquense, mientras que Ramírez forma parte de los grupos de choque radicales contra la actual dirigencia. Ramírez, muy cercano a Mouriño, fue quien organizó la rechifla contra Espino en la Asamblea Nacional donde se eligió al consejo político. Parra tampoco estaba desprotegido. Político cercano a El Yunque, la organización paraguas que engloba a los sectores más conservadores y reaccionarios del PAN, era el candidato de Francisco Gárate, el ex presidente del PAN saliente —leal a Espino y adversario de Calderón—. Desde hace más de dos meses recibió el apoyo de Nava, quien se reunió varias veces con él acompañado de uno de sus principales operadores en el PAN y el Congreso, el diputado Rogelio Carvajal. Parra era importante en las aspiraciones políticas mediatas de Nava, al representar un enlace directo con los sectores extremistas del partido, a los cuales renegó cuando Calderón, en sus años de dirigente nacional del partido, le pidió que lo hiciera al comenzar a dirigir las juventudes panistas. Nava, quien ha sido eficiente operador de Calderón por años, fue uno de los estrategas legales en la batalla postelectoral de la coalición Por el Bien de Todos ante el Tribunal Electoral. Martínez, por largo tiempo asociado a Calderón, fue pieza estratégica durante la campaña como el representante del PAN en el Instituto Federal Electoral. Los dos actuaron como parte del bloque calderonista que derrotó a Espino en la Asamblea Nacional, reduciendo al sector más radical del partido nucleado por El Yunque, en su nivel histórico de alrededor de 30% de la fuerza panista. En su apabullamiento a Espino, los calderonistas sumaron a las fuerzas del actual secretario de Agricultura, Alberto Cárdenas, y del senador Creel, quien fue expresamente a Los Pinos a pedir que lo incluyeran en las listas de los calderonistas. Tomado el control político del partido, la lucha se tornó doméstica en Los Pinos. ¿Quién asumirá la presidencia del PAN, controlando las candidaturas, las campañas y las estrategias para 2009 y 2012? Sólo Nava y Martínez. Pero debajo del Presidente es donde están los matices. La gente que está bajo la tutela de Mouriño considera que Martínez, por su experiencia y forma ruda, sería mejor candidato que Nava, a quien sin dejar de reconocerle atributos, consideran que su mano es muy suave y que está muy cercano a los fundamentalistas. El dibujo que han hecho de Nava es que podría verse reducido en debates públicos con sus pares en el PRD y el PRI, y que su falta de entrenamiento en el campo de las escaramuzas podría resultarle muy desventajoso al Presidente. En el contexto de quién podría ser más duro con los adversarios políticos, los mouriñistas se inclinan por Martínez. Los calderonistas se dividieron en dos equipos ante la selección de presidente del PAN en el estado de México y se enfrentaron por primera vez. La dinámica de la confrontación se paró, quizás por el cálculo que batirse en el estado de México iba a dejar a un ganador y a un perdedor, lo que no beneficiaba a ninguno. Entonces, jugaron para sí mismos. Tanto a Núñez como a Parra les dijeron que eran los candidatos de Calderón, y los dejaron correr mientras Mouriño, Nava y Martínez sacaban las manos del proceso. Ninguno de ellos le dio voto a los dos aspirantes a dirigir el PAN estatal, pero para beneficio de su lucha contra la estructura nacional, Espino se volvió a ir de bruces. Se alió con Gárate, quien a su vez apoyaba a Parra, y tenían el respaldo indirecto del gobernador Enrique Peña Nieto. Gárate no quiso negociar con Durán Reveles y Ramírez, y apostó por la victoria de su pupilo, apoyado por el alcalde de Atizapán. Apoyos arreglados con Núñez se cayeron en la primera votación, que terminó empatada a 54 con Parra. Para la segunda se amarró el acuerdo de repartición de posiciones entre los dos, y Núñez consiguió el respaldo del alcalde de Tecama, que al final le dio la victoria. En Los Pinos se dieron por bien servidos. La coalición detrás de Núñez es la menos deseada por Enrique Peña Nieto en sus aspiraciones futuras, y la derrota de quienes respaldaron a Parra es contundente. Gárate, quien tenía la coordinación de los diputados mexiquenses, será destituido, y Espino, que metió las manos para enfrentarse a Mouriño, resultó nuevamente abatido. Dividirse al partido en el estado de México fue una primera solución, pero no resuelven las cosas en el largo plazo, donde se avecina el pleito por el poder entre Nava y Martínez. Los dos han estado hablando por meses, y pactado que gane quien gane la presidencia del PAN, no se van a pelear. Se oye bien a más de seis meses de la elección en el Partido Acción Nacional, pero el poder no es ni incoloro ni insípido ni impoluto. El poder abruma, apasiona. Ya tuvieron una primera probada en el estado de México, donde lograron controlar los daños. Pero la presidencia nacional, y lo que representa hacia adelante, tiene otra dimensión, otro peso y es, además, la puerta segura para el futuro. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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