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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
29 de agosto de 2007

IFE: la regresión

La pretensión de despedir a los actuales consejerostiene fuerte dosis de “venganza política”

No es más que la aniquilación del principiode ciudadanización del instituto

Nadie duda que el actual Consejo General del IFE incurrió en serios errores en la elección presidencial de julio de 2006; que son insuficientes los instrumentos legales con que cuenta el instituto para cumplir con la legalidad, independencia, imparcialidad y objetividad de los procesos electorales federales; pero tampoco nadie puede negar que la pretensión de despedir a sus actuales consejeros tiene una fuerte dosis de “venganza política”, más que la preocupación real por enmendar las fallas.

¿Por qué esa presunción? Porque los partidos políticos promotores de la reforma al IFE —especialmente el PRD y el PRI— por todas partes han dejado huellas de lo que ya algunos llaman una “canallada política”. ¿Y cuáles son esas huellas? Muy fácil, que una parte fundamental de la “gran reforma electoral” —lo que en realidad fue el centro de las negociaciones entre PRI y PRD y que arrinconó al PAN— fue precisamente la expulsión de los actuales consejeros antes del término de su mandato constitucional frente al IFE.

No le interesó ni al PRI, y menos al PRD, reforzar las capacidades fiscalizadoras del IFE, legislar más a fondo sobre las sanciones a los partidos, los candidatos, los gobiernos y los particulares en materia electoral, así como endurecer las figuras como la cancelación del registro o de una candidatura a aquellas fuerzas políticas o candidatos que rebasaran los topes de campaña y que promovieran conductas ilícitas como las denunciadas después de julio de 2006, en las que, por cierto, incurrieron todos.

Tampoco interesó a los partidos promover una cirugía mayor en instancias que han mostrado serias deficiencias, acaso mayores a las que presuntamente cometió el IFE, como el Tribunal Electoral y la Fiscalía Electoral, las dos federales, además de que quedarán intocados los procedimientos para la designación de los integrantes del IFE y el Tribunal Electoral, que en la práctica no son más que un nada democrático reparto de cuotas partidistas, con todo lo que eso significa.

En el fondo, “la venganza política” que promueven desde el Congreso el PRI y el PRD contra el IFE —y de la cual forzaron al PAN y al gobierno de Calderón para aprobar la reforma fiscal— no es más que la aniquilación del principio de ciudadanización del IFE, cuyas características de organismo público autónomo, dotado de personalidad jurídica y patrimonio propios, quedarán reducidas precisamente a lo que se intentó evitar en su nacimiento. Es decir, impedir que los organismos electorales quedaran expuestos a caprichos del gobierno, partido en el poder y, en general, a los humores de la grosera e insultante partidocracia.

Se dice, en abono a la justificación de la venganza contra el IFE, que es una institución que perdió la confianza de los dirigentes de dos de los partidos opositores. Se dice que una porción de los ciudadanos no confían en el IFE. Y pudieran tener razón quienes esgrimen esos argumentos, ya que en la lucha política y hasta deportiva, el árbitro siempre termina cuestionado. Pero lo que no se dice es que el IFE fue concebido en su estructura actual, precisamente para soportar ese tipo de embates.

¿Qué hubiera pasado si el gobierno en turno, fuera del PAN, PRI o PRD, decidiera promover la caída de los consejeros y el debilitamiento del IFE como lo conocemos? Con toda razón, los partidos opositores habrían puesto el grito en el cielo. La palabra “regresión” habría sido la bandera, sea del PRI, PAN o PRD. Y tendrían razón en usar esa bandera. ¿Que no el IFE fue creado como hoy lo conocemos para que el PRI no se robara las elecciones? ¿Qué no es una regresión a favor de ese mismo PRI, con el apoyo del PRD, la venganza que se endereza contra el IFE?

Ese es el asunto de fondo, que con la ayuda del PRD y del PAN, los partidos que nacieron para derrocar al PRI, que se propusieron cambiar las reglas que hacían posible que el PRI mangoneara las elecciones a su antojo, hoy son comparsa del PRI para regresar al viejo estilo, al de poner y quitar al árbitro electoral cuando no les conviene, cuando no les resulta favorable una elección, cuando con las pestilentes aguas del pasado quieren calmar su sed de venganza. En el fondo, el golpe al IFE es uno de los más peligrosos golpes a la democracia mexicana y es un retroceso a los tiempos en donde los hombres, los humores políticos, dominaban a las instituciones.

Se insiste en que el IFE y su presidencia le pertenecen a la señora Elba Esther Gordillo, que en la integración de su Consejo General se dejó fuera al PRD, y que por esa razón fue parcial. Pero lo que no se dice es que si la señora Gordillo tuviera influencia, sería sólo en uno de los nueve consejeros —lo que deja a los ocho restantes en calidad de tontos, además de que fueron propuestas del PRI y de otros partidos—; lo que no se dice es que el PRD no fue excluido, sino que se excluyó solo al pretender imponer la reelección de un consejero al que pretendían llevar a la presidencia. ¿En ese caso sí se valía meter la mano?

Y tampoco se dice que los consejeros sólo organizan la elección, porque el hilo fino del proceso está en manos de los ciudadanos, de millones de personas a las que nadie, por más línea que pudiera existir, se les puede manipular.

Tampoco se dice que hasta el 1 de julio de 2006, todos los partidos políticos sabían de las fallas e inconsistencias del IFE, que no quisieron escuchar las muchas voces que alertaron sobre el riesgo de llegar a un proceso con fallas, y que aceptaron, a ciegas y sordas, esas reglas del juego. Más allá de que en efecto es mucho lo que se debe corregir en todo el edificio electoral mexicano, para dar paso a las reformas de tercera generación, el problema no está en el IFE y menos en cobrar venganza con los consejeros, sino en la incultura democrática de los partidos, los candidatos y los políticos en general. A los dueños de la vida política mexicana no les gustó la democracia electoral que costó décadas a todos, que es patrimonio de todos, y por eso patean la mesa y cobran venganza. Valientes demócratas.

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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