El Universal Columnas
El Universal Universal, ElUniversal, México, Mexico, DF, Periódico, Periodico, Noticias, Información, Informacion, Clasificados, Avisos, News, Newspaper, Information, Editoriales, Columnas, Internacional, Nación, Nacion, Estados, Ciudad, Finanzas, Deportes, Espectáculos, Espectaculos, Cultura, Galería, Galeria, Clima, Horoscopos, Aviso, Oportuno, Dinero, Fotogaleria, Ocio, Especiales, Compras, Entretenimiento
 
 Buscar en: 
  
 
   
    Kitzia dice...
Kitzia Nin Poniatowska
21 de agosto de 2007

A punto de finalizar la aventura nórdica

Es increíble cómo pasa el tiempo; parece que hubiera sido ayer cuando comenzamos esta extraordinaria travesía, gracias a la insistencia de mi gran amigo Enrique Suárez.

Él es publirrelacionista de SilverSea en México, y estamos a unos días de terminar nuestro crucero a bordo del Silver Wind. Tras nuestra visita a Molde, se celebró una cena de gala de despedida. En esta ocasión compartimos mesa con Donald y Frances Heindrich, de Mount Kisco, donde ahora viven los Clinton.

Tras una exquisita cena regresamos a nuestra suite e hicimos planes para las dos últimas noches. Pensamos con quiénes queríamos cenar antes de que terminara el crucero y decidimos repetir con Donald y Frances e invitar a Stephen y Wendy Lash. Él es presidente de Christie’s Nueva York.

A PESAR DE LA LLUVIA y mal tiempo en Bergen, el último punto en nuestro recorrido antes de regresar a Copenhague, disfrutamos una de las ciudades más bellas de Noruega. Ubicado entre siete montañas (De syv fjell, en noruego) Bergen fue establecido en 1070 por el ilustre rey Olav Kyrre, siendo la primera capital Noruega durante el siglo XIII.

José Ángel Sánchez Aedo, caballero muy trucha para el comercio del auténtico bacalao Noruego, me había hablado de Alesund e incluso ofreció organizar una visita guiada por la “ruta del comercio del bacalao”, pero nunca me habló de la belleza de Bergen.

La parte antigua de la ciudad se ubica al norte de la Bahía de Vagen. Aquí se encuentra el “Bryggen”, una serie de casas antiguas de madera que data del siglo XVIII, producto de la reconstrucción de la ciudad tras el incendio de 1702 y cuyo estilo replica al original. Encantadoras calles empedradas, estrechos pasajes y el eco de alguna composición del famoso músico Edgard Grieg, son la atmósfera principal de Bergen, que recorremos a pie.

Subimos al Monte Floyen (una de las siete montañas) en el funicular; desde ahí pudimos observar la Iglesia de Santa María (el edificio más antiguo de Bergen), la Catedral, la fortaleza de Bergenhus, la Torre Rosenkrantz y el mercado al aire libre frente a la plaza principal, que vende desde la pesca del día hasta artesanías: tejidos de lana, tallas de madera, artículos de piel de reno, foca y zorro.

Como soy antipieles de animales, me limité a comprar los típicos suéteres con dibujos y motivos nórdicos para la familia. El Yeti hace mutis y no se deja probar el suyo, ni modo, se queda sin suéter.

Volvemos a cruzar el Círculo Ártico rumbo a Copenhague. Tenemos dos días de recorrido en altamar, tiempo que aprovechamos para realizar actividades dentro del Silver Wind, socializar y escribir esta entrega. Tras la lluvia de Bergen el cielo estuvo despejado y el sol brilló lo suficiente para instalarme en cubierta, junto a la alberca, con una cobija. Los europeos debieron pensar que estoy loca, pero uno que viene de latitudes más cálidas y cercanas al Ecuador, espera por lo menos a los 20 grados centígrados antes de ponerse el traje de baño.

Esa tarde tomamos el té con Paul y Nicolai, de Copenhague, una pareja adorable con la que entablamos una buena amistad.

Mientras el Yeti toma el sol en cubierta, yo empiezo a empacar. Hay que tener todo listo para cuando lleguemos a Copenhague y salir rumbo a Amsterdan, a pasar un día en el Diamante de los Países Bajos. Es nuestro último día abordo del Wind, como lo llama la tripulación afectuosamente.

LLEGAMOS A AMSTERDAM en un día precioso y nos hospedamos en el Amstel Intercontinental, considerado uno de los mejores hoteles del mundo construido sobre el único canal original del río Amstel.

Un edificio espectacular del siglo XIX, a la altura del Ritz de Londres y el Plaza Athenée de París, construido en 1867 y considerado, con justa razón, como el hotel más bello, prestigioso y lujoso de los Países Bajos.

A tiro de piedra de los diferentes distritos de interés de Amsterdam, tomamos la barca particular del hotel para hacer un recorrido por los distintos canales y apreciar desde el agua la increíble arquitectura del siglo XVII, cuando Amsterdam, tras la expulsión de los invasores españoles, vivió su Época de Oro gracias al boom comercial.

Pero volviendo a los orígenes del Amstel Hotel, éste fue conceptualizado por su dueño, el doctor Samuel Sarphati, como un palacio sobre el río Amstel.

Mientras otras ciudades ya operaban el concepto de hotel, ninguno tenía en mente el de un palacio para huéspedes excepcionales.

Desde aquí, tomamos la barca particular del Amstel para nosotros dos, solos, y siguiendo las recomendaciones de Aad van den Berg, el Chef Concierge del Amstel, desayunamos abordo de la misma mientras nos trasladamos hasta la plaza de museos, Musemplein, en donde se encuentran el Rijkmuseum y el Museo Van Gogh. Para mí, era de especial importancia parar en el Rijkmuseum, no solo a contemplar los Rembrandts; Vermers, Van Dycks, Rubens y otras grandes obras, sino por una en especial: La Plumme Flotante de Melchior d’Hondecoeter. Literalmente, crecí bajo la sombra de una versión del mismo cuadro, mientras mi abuela, Paula Amor de Poniatowski, me enseñaba pacientemente a jugar todas las formas de solitario y canasta (eso sí, en el Bridge nunca di una).

Así que fue una visita sentimental y ceremonial, rememorando esos días con mi Drulis en Tequisquiapan.

Terminada la vista al Rijkmuseum —que por cierto, está en remodelación— caminamos unos pasos hasta el museo Van Gogh, que guarda la espectacular obra de este singular hombre.

Terminamos la tarde caminando sobre la zona conocida como Spiegelwartier, que es el distrito de los anticuarios.

Para terminar este día perfecto visitamos el Concertgebouw, donde escuchamos un pequeño concierto, no sin antes parar a cenar algo en el Keyzer Bodega.

 
BÚSQUEDA
Autor:  
Columna:
 

PERFIL
 
 
Columnas anteriores
 
Sigue la travesía a bordo del lujoso Silver Wind 2007-08-14
 
Entre el tren de Flam y las cascadas de Tvindefossen 2007-08-07
 
Terrible accidente afecta a la familia Urquiza Pardo 2007-07-30
 
La boda de Ana Elena Mallet y Jorge Lestrade 2007-07-24
 
“Prueben el Shirodara y luego platicamos” 2007-07-17
 
 
- A   A   A +
El UNIVERSAL | Directorio | Contáctanos | Código de Ética | Avisos Legales | Publicidad | Mapa de sitio
© Queda expresamente prohibida la republicación, parcial o total, de todos los contenidos de EL UNIVERSAL