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Escaramuzas en Palacio
Nuevas figuras entran en la lista de posibles cambios en el gabinete calderonista, aunque en este momento de choques políticos, lo menos urgente en Los Pinos deberían ser los relevos en su equipo Pasados los malos humores presidenciales y estallados nuevos problemas, las cabezas de la secretaria de Desarrollo Social, Beatriz Zavala, y del de Turismo, Rodolfo Elizondo, parecen estar salvadas del primer ajuste del gabinete de Felipe Calderón. Pero no se debe a que hayan recompuesto el camino andado, sino a la más cruel de las razones: son tan insignificantes en la balanza de pesos y contrapesos en el gabinete, que en las condiciones actuales su relevo no cumpliría con el objetivo de oxigenar al equipo del Presidente ni relanzar al gabinete hacia 2009 —las elecciones intermedias. Los problemas que está enfrentando Calderón se encuentran en la lucha cuerpo a cuerpo con el Congreso, en cuya refriega dos figuras se le han desbarrancado: el secretario de Gobernación y el director de Pemex. Ahí están las principales zonas de turbulencia que tiene Calderón, aunque por razones distintas. En el caso del secretario Francisco Ramírez Acuña, la queja dentro de Los Pinos es que no sólo no resuelve problemas, sino que se ha convertido en uno más de ellos. El secretario ha venido agotando la paciencia del staff en Los Pinos, que se trasluce a través de las opiniones emitidas en las últimas semanas a varios periodistas, que han venido creando el momento de crisis de Ramírez Acuña. El caso del director de Pemex, Jesús Reyes Heroles, es más grave. En la Presidencia lo consideran un “traidor” porque impulsó y cabildeó la reforma fiscal para la empresa que vino a entorpecer la estrategia de Los Pinos y de Hacienda para lograr la aprobación del Congreso sin demasiados costes políticos. Convertido en el enemigo en casa, lo acusan de haber metido tema de la reforma fiscal de Pemex dentro del PRI, al grado de convertirla en una condición innegociable para aprobar la reforma fiscal, en colaboración con el senador Francisco Labastida. La desarticulación negociadora del gobierno se adjudica en Los Pinos al secretario de Gobernación, a quien acusan de “no estar haciendo nada” para mejorar el entramado político. Últimamente las diferencias entre Los Pinos y Bucareli se han exacerbado. Dos ejemplos ilustran estas contradicciones. La primera, cuando el presidente Calderón propuso públicamente que no sólo estaba dispuesto a rendir su informe en el Congreso sino a debatir con los legisladores, y un funcionario de segundo nivel salió a contradecirlo, al asegurar que no había tiempo para negociar un debate. Ese funcionario fue despedido por su iniciativa a contracorriente presidencial, pero el ruido que quedó es la falta de conducción interna por parte de Ramírez Acuña y de control político en la dependencia que se supone es responsable del control político. La segunda fue cuando oficialmente descalificaron el informe de Amnistía Internacional sobre violaciones a los derechos humanos en Oaxaca, mientras que a la presidenta del laureado organismo, Irene Khan, la recibió el presidente Calderón. No gusta en Los Pinos que, como perciben, Ramírez Acuña se quiera sacudir los problemas y que en lugar de resolverlos los empuje a otra parte del gobierno, como sucedió en el sexenio pasado con el entonces secretario de Gobernación Santiago Creel. El equipo presidencial rehúye a seguir esa misma ruta. Un ejemplo que ilustra esa actitud es el plantón frente a las oficinas centrales del ISSSTE de la sección 22 del sindicato de maestros, con sede en Oaxaca. El secretario de Gobernación mantiene comunicación con ellos y de alguna manera está controlando la protesta. No los ha conminado a levantar el plantón, lo que genera problemas al ISSSTE y al propio gobierno del Distrito Federal. Logró que las marchas de protesta dejar de ir a Gobernación y vayan a Hacienda. La semana pasada, como parte de esa negociación con la sección 22, hizo que Flavio Sosa, uno de los dirigentes de la APPO, fuera trasladado de un penal en Nayarit a su natal Oaxaca, que venían exigiendo hace meses. Ramírez Acuña puede argumentar que, contra lo que piensan de él en Los Pinos, está haciendo su trabajo para despresurizar el enrarecido ambiente político y crear mejores condiciones para el Informe presidencial. Falta que se lo crean en Los Pinos, donde algunos asesores presidenciales están discutiendo semiabiertamente quiénes podrían reemplazar al secretario de Gobernación. Pemex no tiene tanto problema, porque el cargo es más técnico que político, pero el responsable de la política interna nacional sí es una posición delicada. La discusión dentro de Los Pinos —aunque no se sabe si con el aval o participación del propio Calderón— es qué tipo de secretario de Gobernación quisiera el Presidente. Si se recurre a un esquema donde Gobernación se maneje desde Los Pinos, la persona que podría funcionarles —paradojas de la política— sería Elizondo, bohemio, dicharachero y parrandero, que difícilmente metería al Presidente en un problema. Tampoco se los resolvería, pero eso sería asunto de la Presidencia. Otra opción es un secretario fuerte, en cuyo caso han deslizado la posibilidad de que fuera el principal asesor de Calderón, Juan Camilo Mouriño, quien a diferencia de otros superasesores como Liébano Sáenz en el gobierno zedillista, José Córdoba en el salinista, o el propio Ramón Muñoz en el foxista, no está en la sombra del Presidente y tiene un alto perfil. Ha resistido los golpes y mantiene la fuerza porque es la cabeza del staff presidencial. Llevarlo a Gobernación lo hará perder ese poder al convertirse uno más entre muchos, y sería ubicado, justificadamente o no, como el delfín de Calderón para 2012. Ni Mouriño ni Elizondo parecen ser piezas que harían olvidar a Ramírez Acuña, sino quizá más bien añorarlo. Reyes Heroles es una pieza que está más bien muerta, y su relevo podría ser visto como una anécdota sobre su fracaso de gestión al frente de Pemex. Pero esta disquisición no es el problema de fondo que enfrenta Calderón. Los cambios en el gabinete serían en estos momentos tan inocuos que no le darían el ímpetu que originalmente buscaban en Los Pinos con el relevo en Desarrollo Social y Turismo para mostrar supervisión y seguimiento interno, porque cambió el entorno de no conflicto político, a una compleja negociación para sacar la reforma fiscal y de incertidumbre sobre lo que será su primer Informe presidencial. El escenario donde Los Pinos establecía la agenda y marcaba el ritmo político se modificó, y el presidente Calderón tuvo que salir de su hábitat protegido para enfrentarse al Congreso. Las deficiencias en su gabinete persisten, pero su relevo dejó de ser prioridad. La navegación política inmediata descansa en él y su equipo. ¿Cómo evitar la ruta del choque con el Congreso y sortear un calendario minado: 1 de septiembre, 8 de septiembre —cuando se entrega el presupuesto— y todo el mes patrio, cuando se deberán aprobar las reformas fiscales y políticas que marcarán el sexenio? Ahí tiene hoy el problema, no en el gabinete. En todo caso, si quiere cambios, que vengan después. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
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