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    Usos del poder
Alfonso Zárate
15 de agosto de 2007

Los desaparecidos políticos

El tema de los desaparecidos políticos marcó los 70 y 80 principalmente, los años de la guerra sucia. En la lucha del Estado contra grupos subversivos integrados por jóvenes que después del 2 de octubre de 1968 llegaron al convencimiento de que no existía otra vía para cambiar al país, muchos guerrilleros detenidos o heridos en acción nunca fueron presentados con vida; en estos mismos días, el EPR exige que presenten con vida a dos de sus compañeros. Pero este espacio se refiere a otros desaparecidos políticos: aquellos que ocupan altos cargos en la Administración Pública Federal.

Cuando Felipe Calderón dio a conocer su gabinete, quedó clara la lógica en la integración del equipo: en el manejo de la hacienda pública y otros cargos de la esfera económica, la ortodoxia; en la política social, la militancia partidista; en el delicado trato de los temas políticos, la cercanía personal y afectiva con el titular del Ejecutivo; en la seguridad pública, el ascenso transversal. A ocho meses de la toma de posesión, el gabinete muestra notorios déficit, quizá el más grave sea su opacidad, su desdibujamiento, muchos de sus colaboradores parecen haber alcanzado su nivel de incompetencia.

Muchas veces, la acción de los miembros del primer círculo presidencial genera críticas afuera y “fuego amigo” adentro, pero ahora no son las acciones sino la inacción, la omisión y el silencio lo que caracteriza al gabinete. En materia de comunicación, parece una mala copia de los días del Gran Salinas, cuando su coordinador de Comunicación Social, Otto Granados, palomeaba a todos los directores de Comunicación Social del gobierno federal y controlaba desde Los Pinos la presencia pública de los miembros del gabinete. Lo mismo reporteros mexicanos que corresponsales extranjeros se quejan por la cerrazón en las oficinas públicas.

Quizá con el propósito de compensar los desfiguros de los supergerentes del foxismo, este gobierno ha implantado una política mordaza. Por contraste, el gasto en publicidad gubernamental es como en los días de Fox, excesivo y en gran medida intrascendente. Del gabinete Juan Pirulero que nos endilgó Fox, hemos pasado a otro apagado, de escasos resultados, lo que no evita el golpeteo entre ellos a través de personeros en los medios.

La política tiene mucho que ver con percepciones y hasta ahora la percepción colectiva respecto del gobierno federal es de inacción, paso lento, lenidad. La conducción tan discreta de Beatriz Zavala en Sedesol la hace casi imperceptible, lo que contrasta con el desempeño de su antecesora; la Secretaría de Economía con Eduardo Sojo parece una asesoría y no un área ejecutiva; la secretaria de Energía, Georgina Kessel, está desaparecida, tanto como la de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, por no hablar de los secretarios de Agricultura, Salud o Reforma Agraria, de nombres difícilmente recordables.

¿Qué tanto de la opacidad se explica por una rígida política de comunicación que mantiene paralizados y con sordina a los miembros del gabinete? ¿Qué tanto por la curva de lento aprendizaje de los recién llegados o por la comodidad de “nadar de muertito” en vez de asumir los riesgos que entrañan sus ramos?

Calderón concentra, desconfía… Pocos secretarios están activos y no siempre por las mejores razones: Guillermo Galván, de Defensa; Javier Lozano, del Trabajo, Agustín Carstens, de Hacienda; Luis Téllez, de Comunicaciones y Transportes; Josefina Vázquez Mota, de Educación Pública. Calderón acierta al subrayar el carácter unipersonal del Ejecutivo (nada de pareja presidencial), era imprescindible recuperar los hilos del poder. Pero se le está pasando la mano. Si el silencio expresa la falta de realizaciones, malo; si meramente busca focalizar al Eje-cutivo, malo; el Presidente requiere pararrayos: los miembros del equipo tienen la responsabilidad política de estar en la primera línea, de cuidar a su jefe.

Del activismo del arranque, esencialmente en la lucha contra el crimen organizado, se ha pasado, muy pronto, al pasmo. La precariedad del gabinete parece perfilarlo como desechable. Calderón mostró su capacidad para reaccionar y rectificar, a quienes no le dieron resultados al inicio de su campaña presidencial, los reemplazó de golpe y enderezó el rumbo. ¿Lo hará ahora?

 
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PERFIL
 
Alfonso Zárate Flores, director general de Grupo Consultor Interdisciplinario, S.C. (GCI), es licenciado en derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM y maestro en Sociología Política por The London School of Economics and Political Science.

En el sector público fue, entre otros cargos, director general de Análisis Político en la Presidencia de la República, asesor del secretario de Relaciones Exteriores, asesor del subsecretario de Gobernación y en el ámbito académico fue director de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), y profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Matías Romero de Estudios Diplomáticos (IMRED) y la Universidad Iberoamericana (UIA). Es autor y coautor de numerosos ensayos y artículos y de varios libros, entre ellos, Los usos del poder, Fin de siglo, fin de ciclo y Fox: los días perdidos.

 
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