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Se cuenta de un muchacho que, harto de que su novia lo despreciara y dejara plantado cada fin de semana, un día le dijo: “Mira, el viernes te espero en mi casa. Si no vienes esa noche no vengas más, porque me voy a suicidar”. Alarmada, ella lo intenta disuadir, pero él, firme y decidido, le contesta: “No se hable más de este penoso asunto. Si no vienes tendrás informes de mí por el periódico”. Pasa el viernes y la muchacha no fue a la casa del novio, pero le habla por la mañana del sábado. Furibundo contesta el teléfono y al oír la voz de ella le suelta de inmediato: “Qué bien, ¿verdad? No viniste”. Se escucha una pausa en el teléfono y ella responde: “¡Cómo! ¿No te mataste?” Traigo este cuento a propósito del proceso político-mediático de esta semana, que culminó con la aceptación del gobierno de Felipe Calderón para renegociar la deuda económica del Distrito Federal, atendiendo a la petición expresa de Marcelo Ebrard. Como en el cuento, primero hubieron las declaraciones revanchistas del tipo: “Yo no necesito nada del gobierno federal. No trabajo para ellos. Somos autosuficientes”. Tuvo sus escaramuzas previas con dos funcionarios federales, Javier Lozano y Miguel Ángel Yunes; ambos le exigieron a Ebrard cumplir con la ley y meter en cintura a los inconformes con la nueva la ley del ISSTE (quienes abusan impunemente de su derecho a manifestarse en contra de los derechos de tránsito de miles de capitalinos). Ebrard les reviró algo así como “ese es su problema, no el mío”. Incluso, llegó a decir que él sólo hablaría con el Presidente de la República. Parecía decir, “si tienen tele, ahí se ven”. ¡Ah!, pero al mismo tiempo el gobierno capitalino contrataba el despacho de Pedro Aspe para usarlo como lobby y con ello abrirse una ventana de diálogo con Hacienda, acordando finalmente los términos para la renegociación de la susodicha deuda. ¿Por qué no recurrió al gobierno “legítimo” de López Obrador para renegociar la deuda? Pues porque Ebrard se echará de lengua un taco, pero no es suicida. Como tampoco son suicidas –aunque a veces parezcan— los legisladores serios del PRD, quienes afortunadamente no han hecho caso de la advertencia de “cero negociaciones”, proferida por el “legítimo” ante el proceso parlamentario normal de discusión de la propuesta de reforma fiscal. El jefe de Gobierno y los legisladores serios del PRD —aunque no faltan legisladores filibusteros— tienen compromisos políticos presentes y futuros que no podrían cumplir si continuaran con la fábula de la llamada “presidencia legítima”. Por en ese viraje de no ir al suicidio, las huestes de AMLO ya iniciaron un ataque contra Ebrard. Quieren filtrar a la prensa la imagen de un político frívolo e inmoral. Por ejemplo, “trascendió” que Marcelo vive con Mariagna Prats en un departamento que no podría pagar con su sueldo, que es de 80 mil pesos mensuales. La excusa de que “se lo presta un amigo”, significa un acto contrario a la ley, pues estaría recibiendo un beneficio muy superior al límite marcado por la ley a los servidores públicos (500 pesos). Las patadas debajo de la mesa están de a peso. Pero esto apenas comienza y el 2012 es lejano. En un programa que hice hace días, el gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, aseveraba a propósito de las recientes elecciones en el estado: “Se es o no se es demócrata”. En efecto, ser un político demócrata implica tener flexibilidad, aprender a conciliar con los opositores, saber dialogar con ellos, dominar el arte de la negociación, alcanzar acuerdos con las fuerzas vivas, saber observar y entender los tiempos políticos y sumar esfuerzos para así contribuir al bien común. Un verdadero demócrata no se puede sentir el dueño exclusivo de la verdad, sino alguien que tiene una perspectiva entre otras de los asuntos políticos. Ni cerrazón ni ausencia de escrúpulos. El antípoda del demócrata es el político autoritario, que se cree poseedor de una verdad esencial que los demás no conocen ni comprenden. El autoritario decide por los otros y gobierna o dirige sin dejar a otros participar en sus determinaciones. Busca imponer su voluntad a la gente sin ninguna consideración a ellos y gobierna con su sola autoridad y voluntad. A veces se creen iluminados por ideas extraordinarias que los llevan a tomar actitudes místicas. Cuando digo místico no me refiero a El Místico, el luchador y neo-actor de telenovelas, sino a alguna persona que considera a la política una especie de apostolado restringido al grupo de sus incondicionales. Hoy, en la jefatura de Gobierno del DF parece que ya no hay más cabida para esas actitudes… Pero una nunca sabe. Las mujeres a la alza Mientras que la senadora Hilary Clinton se perfila como la favorita para alcanzar la candidatura del partido demócrata, según las encuestas, en Yucatán tenemos una gobernadora, Ivonne Ortega, a quien tuve el gusto de acompañar en su toma de protesta. Ivonne es dinámica y emprendedora. Hizo el compromiso de gobernar con prudencia y por encima de grupos o facciones. Hará historia.
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