|
Porquerías en el Trife
Ocultamientos ingenuos para esconder sus faltas éticas y políticas tienen a magistrados del Tribunal Electoral en una naciente crisis de credibilidad El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el máximo órgano electoral en la nación —conocido popularmente como el Trife— vive días de vergüenza por razones que no tienen que ver con su materia. La renuncia forzada de su ex presidente Flavio Galván, y el ascenso impuesto y dividido de María del Carmen Alanís, han sido maquillados con polvos de unidad y transparencia de sus magistrados, cuando la realidad, de acuerdo con informaciones internas, apunta violaciones a la ética política, encubrimiento de corrupción y un golpe de mano combinado de los dos poderes más fuertes hoy en día en la política mexicana —el presidente Felipe Calderón y el líder del Senado, Manlio Fabio Beltrones— para castigar a un tribunal que sentían cargado al PRD. Exhibido públicamente a que su renuncia a la presidencia del Trife obedecía al mal manejo en la compra frustrada de un nuevo edificio para el órgano judicial electoral, Galván respondió este miércoles que “cuando caiga será como los árboles, de pie, con la dignidad y honestidad inquebrantable”, subrayando que no fue por corruptelas su salida, sino por razones de salud, aunque dejó sin explicar, empero, cómo ese estado vulnerable que adujo, no le impedirá seguir como magistrado hasta el 2016. La nueva presidenta, Alanís, elogió a Galván y pidió hacer del Trife “un ejemplo de transparencia, de uso eficaz, eficiente de los recursos públicos”. Qué asco de retórica. Sus palabras no pueden ocultar los hechos. El Consejo de la Judicatura está investigando la frustrada compra de un nuevo inmueble para el Trife, cuya responsabilidad administrativa recaía en Galván, pero él aseguró rápidamente que estaba limpio. Los magistrados, que saben la verdad, se escondieron de la prensa y prefirieron callar. Deben pensar que la política de avestruz es el mejor control de daños, y que una óptima forma de administrar la crisis es mentir todos —porque callar la verdad es otra forma de mentir— para que al ser cómplices del mismo hecho se eleve el costo de romper la omertá tropical. Dentro del Trife viven una convulsión desde la noche del martes pasado, cuando un problema en ebullición desde abril, explotó. Los magistrados no podían seguir respetando a Galván, a quien veían en privado, cuando menos varios de ellos, como responsable, por omisión o comisión, de un flagrante acto de corrupción. Galván no soportó más presión y renunció a la presidencia. ¿Qué se pactó a cambio de ello? Aún no se sabe. Lo que se empieza a desvelar es el origen del problema. Cuando en abril se dio a la búsqueda de un nuevo edificio, se topó con uno que se ajustaba a las necesidades del Trife. Las conversaciones con la propietaria avanzaron y a punto de cerrar el trato, le pidieron una comisión. Quién se la pidió directamente, Galván o su coordinadora de asesores Norma Inés Aguilar León, no está claro. Lo que es cierto es que Galván o Aguilar León tuvieron la peor de las suertes para decidir abultar su peculio personal. La dueña del inmueble es tía del magistrado del Trife Salvador Nava Gomar. La propietaria se quejó con su sobrino y éste expuso el caso. Los magistrados ubicaron a Aguilar León como responsable del intento de corrupción y exigieron su destitución. Galván rechazó la presión hasta el martes, cuando la permanencia de su muy cercana se volvió insostenible. Pero los magistrados, en lugar de cortar el cáncer, lo están dejando crecer, soslayando responsabilidades. Si creen que —dado el caso que Aguilar León, la persona de mayor confianza de Galván, sea responsable del intento de corrupción— no van a quedar salpicados, se equivocan. La falta de ética de Galván al no asumir en este caso la probable corrupción de una persona de extremo allegada a él y separarse de su cargo lo introducen, junto con el Trife, en un túnel de desconfianza. Son ellos los siete jueces que califican la elección presidencial en México y sobre quienes se deposita el destino de millones de mexicanos. Cubrir a Galván, aunque sea inocente, en un caso de corrupción que conocen estrechamente, es dinamitar la confianza pública sobre ellos. Lo mínimo éticamente correcto que tendrían que haber hecho era inocularse mientras el Consejo de la Judicatura emite su fallo, salvo que sepan de cierto que van a exonerar a la coordinadora de asesores de Galván, que dirá que todo fue un mal entendido y que todo es culpa de la mente de los medios. Pero no lo hicieron. Salieron a abrazar a Galván tropezándose con sus mentiras: la primera noticia de su renuncia fue sólo por razones de salud; en la segunda, aunque lo exculpan, introducen el factor de corrupción. Si la señora Aguilar León es declarada inocente, ¿cómo va a reaccionar el magistrado Nava Gomar a cuya tía le pidieron una jugosa comisión? No hay forma de evadir. Directa o indirectamente, ella pidió una comisión y le dijo a la propietaria que una parte sería para Galván. Si resulta culpable y su caso se turna a las autoridades, ¿señalará a Galván como cómplice? El caso, cual fuere el derrotero, no deja bien parado a Galván, quien al recibir el apoyo de los magistrados empuja al pozo al Trife. Pero este Trife ha comenzado muy mal. Su comunicación política en esta primera crisis ha sido lo mejor que han hecho para dañarse a sí mismos. En el mismo paquete del relevo, incurrieron en otra mentira cuando oficialmente declaró el Trife que la designación de Alanís fue “unánime”. Falso. La decisión de Alanís fue dividida y generó, como cuando fue designada, un cúmulo de protestas y diferencias entre los magistrados. Alanís llegó al Trife hace nueve meses de la mano de la Presidencia de la República —tiene una estrecha amistad con Margarita Zavala, esposa del Presidente— y de Beltrones —forma parte del grupo político orgánico que ha tenido el poder en el PRI desde 2000—. Alanís se enfrentó al presidente consejero del IFE, Luis Carlos Ugalde, cuando era secretaria ejecutiva del instituto, presionándolo, chantajeándolo y tratando de mangonearlo. Se fue del IFE cuando presentó su renuncia como un acto de presión, e inesperadamente, para ella, se la aceptaron. La Presidencia, el PAN y el PRI tenían una creciente molestia con el Trife, por venir revirtiendo fallos asumidos por los anteriores magistrados y recargar sus decisiones más favorables hacia el PRD. También, en lo que parecía un ajuste de cuentas de Alanís, hubo decisiones extrañas contra el IFE, como obligarlo a asumir funciones de ministerio público contra los partidos. El amarillo de las decisiones incomodaba en muchos lados, por lo que la caída de Galván les abrió una solución. Adentro del Trife no tienen duda: Los Pinos y el PRI impusieron a Alanís, quien desde el martes se ha venido reuniendo con los magistrados para restaurar los agravios que existen entre ellos y por lo que se percibe como imposición. “Pero está muy difícil”, confió una fuente del Trife. El órgano está partido en estos momentos y colectivamente están construyendo el encubrimiento. Salvar el cuello de Galván, cuando menos en imagen, si no es parte de este acuerdo, sí lo es en la reconstrucción del tejido que, en todo caso, lo que menos tiene es transparencia, claridad y probidad, como los magistrados, convencidos u obligados, están queriendo transmitir. rriva@eluniversal.com.mx r_rivapalacio@yahoo.com
|