La guerra total entre la maestra Elba Esther Gordillo y la secretaria Josefina Vázquez Mota pasó a ser, para el gobierno, un asunto de seguridad nacional
La maestra Elba Esther Gordillo fue durante las semanas previas a la elección estatal en Baja California lo más conspicua posible. Asesoró a los panistas enfrascados en elecciones estatales, y en especial a José Guadalupe Osuna para evitar que perdiera la gubernatura. Forjó la coalición de Nueva Alianza con el PAN y, cual mariscal, giró instrucciones a su ejército: 800 generales aterrizaron en Tijuana hace una semana, y ella misma los dirigió para, por un lado, contribuir a la enorme movilización que realizó el PAN durante la jornada electoral, y por el otro, impedir que las fuerzas del priísta Jorge Hank Rhon reventaran la elección.
Osuna obtuvo una victoria tan cómoda como sorprendente, pese a que se esperaba una cerrada competencia que incluía la posibilidad de triunfo de Hank Rhon. Demasiados errores habían cometido los panistas en su estrategia de campaña, y la maestra se había metido a recomponerlos. O, al menos, eso es lo que afirman personas cercanas políticamente a ella. De no haber sido por la movilización de los maestros, repiten, la gloria se la habría llevado Hank Rhon y el costo el presidente Felipe Calderón. Elba, como el 2 de julio de 2006, volvió a entrar al rescate electoral. ¿Por qué lo dicen con tanta vehemencia? Quizá porque necesitan enfatizar en su utilidad política y evitar que los tensos lazos con el Presidente se rompan.
La cuerda la estiró la propia maestra cuando en una entrevista con EL UNIVERSAL hace dos semanas y media criticó la falta de pluralidad del gabinete y se lanzó a la yugular de la secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota, a la que acusó de neófita en materia educativa, dogmática y enemiga del proyecto educativo que propone el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. La entrevista produjo escalofríos entre sus cuadros dentro del gobierno federal, algunos de los cuales, como su yerno, subsecretario de Educación Básica, Fernando González, llegaron a ver en la agudización del conflicto su eventual salida de la SEP. Baja California, en este contexto, parece un mensaje a Los Pinos y una metáfora política: el SNTE de Gordillo está con Calderón, y los panistas necesitan oxígeno magisterial.
Esto es, cuando menos, lo que se muestra en público. En privado, hay otro tipo de comunicación del magisterio con altos funcionarios del gobierno federal que quieren saber qué está sucediendo entre Gordillo y Vázquez Mota para solucionar el choque. Después de todo, argumentan dentro del gobierno, el de los maestros es un sindicato con fuerza política que puede presionar y chantajear a cualquier gobernante. El pleito entre las damas es de tal preocupación que fue uno de los puntos que trató el gabinete de seguridad nacional el mismo día en que apareció la entrevista, y a lo largo de las dos últimas semanas y media, detalles sobre la génesis del conflicto entre Gordillo y Vázquez Mota fueron proporcionados a los funcionarios encargados de atender la confrontación.
De acuerdo con esta información, el conflicto comenzó el mismo 2 de julio de 2006, cuando al conocer los avances de las encuestas de salida que realizaba el magisterio, Gordillo le habló a Calderón para decirle que la contienda contra Andrés Manuel López Obrador iba sumamente cerrada y tendría que preparar, como su peor escenario, la viabilidad tras la derrota. Gordillo le propuso que hablara con los gobernadores, y Calderón le pidió que ella se hiciera cargo. En su segunda llamada, un gobernador le indicó que se le había adelantado Vázquez Mota, lo que enfureció a la maestra, quien en una nueva conversación con Calderón reclamó su injerencia. Calderón llamó a Vázquez Mota, la regañó y la aplacó.
Calderón tenía una vieja deuda con Gordillo, desde que en marzo de 2006, después de la debacle del primer equipo de campaña que encabezaba Vázquez Mota, se reunieron él y su asesor Juan Camilo Mouriño con la maestra en la casa de González, donde forjaron la alianza para el 2 de julio y una estrategia común. En los encuentros semanales para revisar y afinar la estrategia, presididos por Mouriño y González, nunca estuvo Vázquez Mota.
En noviembre, después de que Gordillo vetó como secretarios de Educación al director del Conacyt, Juan Carlos Romero Hicks, y al director del IMSS, Juan Molinar Horcasitas, y a ella le rechazaron sus dos propuestas, Jorge Castañeda y Esteban Moctezuma, Calderón le informó que había escogido a Vázquez Mota. Sin mucho espacio ya para moverse, la aceptó y el presidente electo le propuso que se pusiera en contacto con ella. Lo debe haber resentido la secretaria de Educación, pues cuando le informaron que González sería el subsecretario de Educación Básica, contrapropuso a la maestra que mejor asumiera la coordinación de Servicios Educativos en el Distrito Federal. Gordillo respondió que se lo dijera al Presidente, quien había hecho el nombramiento.
La información en el gobierno federal es que Vázquez Mota fue empujada a la confrontación por su coordinador de asesores, Daniel Hernández, quien estableció un grupo para elaborar la estrategia de ataque a Gordillo, en el cual figura el directivo de un diario de la ciudad de México cuya política editorial es antagónica a Calderón. A la par, integró un pequeño grupo de policías o ex policías para que realizaran un trabajo de espionaje sobre el equipo más cercano de Gordillo para encontrarles información incómoda, que fue apareciendo en la prensa, filtrada por Hernández o por Jorge Santibáñez, coordinador de la Unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas, de acuerdo con el reporte que tiene el gobierno.
Hernández había propuesto a Vázquez Mota confrontar a la maestra y al SNTE para modificar la correlación de fuerzas, lo que hizo la secretaria. Gordillo dio acuse de recibo y se quejó en Los Pinos, donde una molestia colateral con la secretaria por su protagonismo venía creciendo. Hernández le sugirió a Vázquez Mota elevar el costo de la decisión de Calderón para removerla de Educación y, con ello, facilitar su ingreso a otra área del gabinete, que se tradujo en una petición frustrada para ser nombrada secretaria de Seguridad Pública.
Vázquez Mota estaba degradada en el equipo de Los Pinos, aunque no tanto para salir en el primer cambio de secretarios que planea Calderón. La campaña contra el SNTE y Gordillo, en tanto, iba viento en popa. No paró tras el disparo frontal a la secretaria, aunque desde Los Pinos tuvieron que cuerpear a Vázquez Mota, fortaleciéndose internamente al percibirse los ataques de Gordillo como un exceso. En el gobierno vieron signos de debilidad en la maestra, pero al moverse intensamente en Baja California volvió a enseñar sus dientes. ¿Dónde se encuentra hoy el columpio del poder? Todavía no se sabe. Lo único cierto es que la guerra de Gordillo contra Vázquez Mota es total.
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