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Competencia, ¿asunto de libertad o supervivencia?
Desde Adán y Eva, la rivalidad entre las personas ha sido un detonador de cambios importantes en nuestra historia. Sólo los más capaces sobreviven en la batalla, otros mueren luchando por su libertad; los testigos gobiernan o son esclavos. No es el ADN únicamente lo que nos une como hermanos en este planeta. Constantemente nos cuestionamos sobre la existencia de Dios y el sentido de la vida, esa es la principal causa de nuestra fraternidad; a pesar de eso, nunca seremos iguales. El “bien común” es la utopía del comunismo pero esta ideología ha fracasado en sus múltiples intentos. La responsabilidad más grande que tenemos en el mundo es saber dirigir libremente nuestros actos y el peor castigo es poder juzgarlos. La libertad de pensamiento es un derecho divino, para ejercerlo propiamente debemos dedicarnos a descubrir cuáles son nuestras verdaderas necesidades; aquellas que llenarán de significado nuestra existencia. Antes de nacer, las condiciones de nuestro contexto ya estaban determinadas. Nadie nos preguntó nuestra opinión, la única opción que tuvimos cuando nos sacaron del vientre de nuestra madre fue resignarnos y llorar. Sufrimos por la necesidad de recuperar lo que de alguna manera ya nos pertenecía. Quienes pierden el tiempo en la superficialidad de su ego, son más propensos a tener actitudes inmaduras y pretender demostrar superioridad; se afanan por obtener el poder para no evidenciar la pequeñez de su espíritu. En cambio, los que reconocen sus virtudes, pueden dedicarse a desarrollarlas. Las oportunidades están en el aire que respiramos, necesitamos fijarnos metas más altas y fortalecer nuestra fe para no rendirnos hasta alcanzarlas. Creemos que el éxito es ‘tener’ lo que los otros tienen y olvidamos nuestra esencia. Retomemos los pensamientos filosóficos de grandes líderes, sigamos el ejemplo de los personajes que han trascendido a través de los siglos gracias a sus aportaciones. Admiremos a los que, sin importar cual sea su profesión, se entregan a ella con pasión. Las personas que destacan en cualquier ámbito nacieron con un don, pero se dedicaron a cultivarlo en tierra fértil. Las quejas pueden ser el principio de una gran batalla. Los guerreros se revelan ante sus desgracias, huyen de la conformidad, se unen por una causa y pelean hasta la muerte. El mediocre critica al perdedor y le echa la culpa al vencedor de su aburrida realidad pero jamás defiende sus convicciones, porque no las tiene. lahojaenblanco@gmail.com
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