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    Itinerario Político
Ricardo Alemán
31 de julio de 2007

BC, los fierros en la lumbre

La contienda para renovar la gubernatura está muy lejos de ser una elección típica

Ganará aquel cuya estrategia mediática logró impactar a los escasos votantes

No les falta razón a quienes aseguran que “no hay nada para nadie” en un proceso electoral como el que se llevará a cabo el domingo próximo —5 de agosto—, en Baja California, en donde estarán en juego el gobierno estatal, cinco alcaldías y 25 diputados al Congreso local, y que según las últimas encuestas muestran un empate técnico entre José Guadalupe Osuna Millán y Jorge Hank Rhon, aspirantes del PAN y el PRI, respectivamente, al gobierno estatal.

Sin embargo, el proceso electoral bajacaliforniano no puede ser interpretado sólo a partir de las encuestas, ya que son muchos los factores colaterales a esa elección que pudieran determinar al ganador de una contienda que, para empezar, está lejos de ser una elección típica, para aproximarse a una suerte de “referéndum”, en donde los electores decidirán por la permanencia del PAN en el poder estatal —luego de una larga noche de 18 años— o la llegada al poder del fenómeno mediático que representa Jorge Hank Rhon.

El proceso de renovación de los poderes bajacalifornianos está muy lejos de considerarse dentro de la llamada “normalidad electoral”, pues se lleva a cabo en medio de inéditos como la recomposición apresurada del órgano estatal electoral, cuyos consejeros han sido víctimas de presiones y amenazas de todo tipo —a dos de ellos les quemaron sus vehículos—, la inhabilitación del padrón electoral local —por lo que debieron usar el padrón federal—, una cuestionada inhabilitación temporal y/o definitiva de aspirantes —ente ellos Jorge Hank Rhon, quien al final recuperó su candidatura—, y una guerra sucia para la cual no existieron límites legales.

Pero además, la historia electoral de Baja California coloca a esa entidad como el segundo lugar nacional con menos participación ciudadana en los procesos electorales —entre 30% y 35% en promedio—, sin tomar en cuenta que se trata de la comunidad social en todo el país con la mayor movilidad. Es decir, que un porcentaje significativo de mexicanos registrados en los padrones electorales local y federal —que cuentan con credencial de elector—, y que tienen derecho y obligación de votar y ser votados, tienen una doble residencia: en México y en la frontera de Estados Unidos. ¿Quién se beneficiará de la escasa asistencia a las urnas?

Si no fuera suficiente todo ello, en los 18 años recientes —en los que el PAN borró prácticamente al PRI—, ni el partido en el poder ni las fuerzas opositoras han sido capaces de crear una clase política sólida y confiable para los electores, y la lucha por el poder se ha concentrado en políticos emergentes que más que una propuesta ideológica o partidista ofrecen una imagen de figuras personales, de cuestionada eficacia, lo que lleva al electorado al desinterés casi generalizado o a decidir su voto en una suerte de referéndum entre el continuismo de los mediocres gobiernos del PAN o el arribo de la controvertida y altamente cuestionada personalidad de Jorge Hank Rhon, que no por el regreso del Partido Revolucionario Institucional.

Resulta que en los 18 años consecutivos que ha gobernado Acción Nacional en Baja California —con mandatarios como Ernesto Ruffo Appel, Héctor Terán Terán, fallecido antes de terminar su gestión; Alejandro González Alcocer, y el saliente Eugenio Elourdy Walther—, las cosas han cambiado poco o nada para los electores, al grado que los pocos interesados en acudir a las urnas toman su decisión sin más elementos que la exaltación de las supuestas virtudes o la crítica a los presuntos vicios que de cada uno de los dos principales aspirantes se reflejan en las campañas mediáticas. La decisión se toma en ese estrecho espacio del clásico volado; “¿águila o sol?”.

¿Quién va a ganar el domingo próximo en Baja California, entre José Guadalupe Osuna Millán y Jorge Hank Rhon? No ganará la mejor propuesta, el candidato que ofrezca las mejores soluciones a los problemas que enfrentan los bajacalifornianos y tampoco la personalidad más reputada. Ganará aquel cuya estrategia mediática impactó más profundamente a los escasos electores que saldrán a votar —el que desprestigió más a su adversario—, y aquel partido político cuyo aparato clientelar, de dádivas y capacidad logística para llevar a los electores de su casa a la urna, resulte más eficaz.

En esa lógica de elecciones notoriamente alejadas de la normalidad, el PAN tiene una ventaja que debía ser motivo de severos cuestionamientos, pero que podría ser definitiva. Es decir, Acción Nacional es el partido en el gobierno y por eso dispone de todo el aparato estatal y del dinero para volcarlo en la producción de votos. A pesar de ese factor, y de que el candidato panista arrancó con una notoria ventaja, en Acción Nacional se cometieron errores que podrían ser fatales, como promover la anulación de la candidatura del priísta Jorge Hank Rhon, quien a causa de esa estrategia obtuvo un apoyo impensable y gratuito. Lo hicieron víctima y alcanzó a su adversario en las encuestas.

En el otro bando, en realidad no había partido sino hasta la anulación de la candidatura de Jorge Hank Rhon. Había, eso sí, un candidato carismático, producto de la mercadotecnia, de su personalidad controvertida y, sobre todo, con mucho dinero.

Pero frente a la posibilidad real de que el PRI recuperara Baja California, el CEN del Revolucionario Institucional volcó todos sus recursos logísticos —la vieja maquinaria para fabricar votos—, al grado que no debía extrañar a nadie que Jorge Hank Rhon resultara ganancioso. Lo sorprendente del asunto, en todo caso, es que una sociedad como la bajacaliforniana, cansada del PAN —al que encumbró desde hace 18 años—, hoy se decida por un candidato que significa lo más cuestionable del PRI. En los dos casos tendrá el gobierno que se merecen. Los fierros están en la lumbre. Al tiempo.

aleman2@prodigy.net.mx

 
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Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.
 
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